lunes, 25 de febrero de 2013

Apuntes sobre estrategia, teoría y política revolucionaria en Trotsky. Debate con Agustín Santella


Por Paula Schaller



En su respuesta a nuestra crítica, Santella sintetiza desde el título el centro nuclear de su posición: en el Trotsky cuartointernacionalista se habría producido una discontinuidad del marxismo revolucionario. Por fundarse la IV como supuesto "agrupamiento aislado de militantes basados en el prestigio de la figura de Trotski ", plantea Santella que "(...) Se dice que Trotski fue un 'estratega del proletariado', pero en el sentido que realiza una 'reflexión' estratégica. Sin embargo, entiendo que el estratega se vincula con la estrategia como algo práctico. Se debe mostrar la relación entre la reflexión y una estrategia operante en el campo de batalla,  un campo en el que se enfrentan fuerzas reales en una guerra. El punto es precisamente que esta estrategia esta ausente. La producción 'estratégica' del Trotski cuartainternacionalista queda como reflexión. Queda entonces separado de la práctica."
Admitimos este eje como centro de la polémica, y comenzamos.

De campos de batalla, combates y estrategas, (o "el combate hace al estratega")

"El método es el combate" dice Clausewitz y, en esto, coincide con Lenin y Trotsky. A diferencia de la lógica general que aplica Santella, para nosotros es precisamente en los '30 que Trotsky consuma su plena estatura de estratega, desplegando combates políticos y teóricos que muestran su profunda inserción en la dinámica viva del proceso real de la lucha de clases y que contenían, de triunfar, la posibilidad de un curso alternativo al de profundas derrotas que minó al proletariado europeo y lo condujo hacia el fascismo y la guerra. La fundación de la IV en el '38 se inscribe no como aventura-desfasada sino como continuidad de este ciclo de combates previos, como resultado de sus lecciones estratégicas. La IV se fundó como apuesta preparatoria para empalmar cuando el nuevo ascenso de masas permitiera la reversión de las derrotas anteriores y el paso del proletariado a la ofensiva.
Santella quiere hacer de Trotsky un "pensador" situado "fuera de la práctica revolucionaria", pero el Trotsky de los '30 no sólo escribió nuevas páginas en el análisis marxista del Estado y del régimen burgués, sino que lo hizo internado en los combates centrales que definieron el destino del siglo. Por eso sus escritos sobre Alemania, Francia y España son verdaderos tratados de táctica y estrategia revolucionaria. A principios de los '30 en Alemania, ante el peligro inminente del fascismo, peleó por una política de frente único defensivo entre comunistas y socialdemócratas para dotar al proletariado de una orientación que le permitiera mantener posiciones, reagrupar fuerzas y estar en condiciones de pasar a la ofensiva cuando lo permitiera una nueva correlación de fuerzas. Su política combatió la criminal orientación del stalinismo que se negaba a la acción conjunta con la socialdemocracia (que dirigía millones de obreros) y desorientaba al proletariado al minimizar el peligro del fascismo igualándolo con la democracia; poniendo en primer lugar la necesidad de un frente único de masas defensivo, incluyendo la autodefensa militar contra las bandas fascistas y todo un programa de reivindicaciones transicionales (control obrero de la producción, abolición del secreto comercial, etc) para fortalecer al proletariado en la lucha por el poder (ver Trotsky, El frente único defensivo)
El propio Santella, que al final de su post hace una reivindicación de Gramsci (aunque, vale decir, sin precisar exactamente cual), debería reconocer que no hubo revolucionario que diera más peso que Trotsky a la defensa de las "trincheras" conquistadas por el proletariado en la sociedad civil como cuestión central en el combate contra el fascismo, una defensa "posicional" como pre-condición para preparar la futura "guerra de maniobra", como planteó en el año 32: “durante muchas décadas, dentro de la democracia burguesa, sirviéndose de ella y luchando contra ella, los obreros edificaron sus fortalezas, sus bases, sus reductos de democracia proletaria: sindicatos, partidos, clubes culturales, organizaciones deportivas, cooperativas, etc. El proletariado no puede llegar al poder en los marcos formales de la democracia burguesa. Sólo es posible por la vía revolucionaria, hecho demostrado por la teoría y por la experiencia. Pero, para saltar a la etapa revolucionaria, el proletariado necesita apoyarse imprescindiblemente en la democracia obrera dentro del Estado burgués. (…) El fascismo tiene por función esencial y única extirpar de raíz todas las instituciones de la democracia proletaria. ¿Tiene o no este hecho una ‘importancia de clase’ para el proletariado? (...) El punto de partida de la lucha contra el fascismo no es la abstracción del Estado democrático, sino las organizaciones vivientes del proletariado en las que está concentrada toda su experiencia (…)" (Trotsky, ¿Y ahora?)
Precisamente porque Trotsky no analiza "sociológicamente" sino como estratega revolucionario, en Alemania planteó la forma defensiva de lucha no como un fin en sí mismo sino como una premisa para preparar las condiciones de la lucha ofensiva por el poder proletario, "La lucha defensiva consistía en el mantenimiento de las posiciones ventajosas en el teatro de operaciones como forma de preparación para las batallas decisivas, donde necesariamente el proletariado debería pasar al ataque. De la habilidad estratégica para lograr este objetivo dependía la fortaleza táctica a la hora de los grandes combates."  (Ver Emilio Albamonte , Matías Maiello: "Trotsky y Gramsci: debates de estrategia sobre la revolución en 'occidente'") Como todos sabemos, esta perspectiva fue obturada por la nefasta política del stalinismo que abrió camino al ascenso del fascismo, pero ¿qué opina Santella sobre estos combates políticos de Trotsky? ¿Estaba o no a la orden del día la pelea por el frente único en Alemania? ¿Acaso podría sostenerse la imagen de un Trotsky teórico, aislado de la realidad, cuando encabezó la lucha por una política alternativa a la del stalinismo y peleó a brazo partido por la construcción de las corrientes que, aunque en minoría, dieron carnadura a esta lucha como la Oposición de Izquierda alemana? Si esta política triunfaba, era otro el destino de Europa y el mundo en su conjunto, porque la extensión de la revolución proletaria era la única perspectiva de evitar la guerra imperialista, lo que muestra que la estrategia de Trotsky tenía un profundo clivaje en las tendencias reales.
Más adelante, con el frente popular en Francia y España, al que vio como "la cuestión principal de la estrategia de clase proletaria de nuestra época" (Trotsky, A donde va Francia),  Trotsky volvería a manifestar su altura de estratega, planteando una política para combatir la colaboración de clases que impulsaba la burguesía como intento de contener la revolución proletaria. En el caso de Francia, donde en el '35-'36 había concentrado su atención por considerar que allí podía producirse un cambio de la correlación de fuerzas en Europa, Trotsky desenmascaró que el Frente Popular era, desde el punto de vista de la estrategia marxista, lo contrario a la táctica de frente único entendida en sentido revolucionario: “La regla del bolchevismo en lo que hace a los bloques era la siguiente: ¡Marchar separados, golpear juntos! La regla de los jefes actuales de la Internacional Comunista es: Marchar juntos para ser golpeados por separado”. (Trotsky, A donde va Francia), ya que conducía a “frenar el movimiento de masas orientándolo hacia la colaboración de clases… hoy que las masas están impacien­tes y listas a explotar, se ha hecho necesario un freno más sólido, con la participación de los ‘comunistas’… [es] una válvula de seguridad del régimen contra el movimiento de masas”. (Trotsky, A donde va Francia)



Pero no sólo se ubicó desde las coordenadas de la estrategia revolucionaria condenando al Frente Popular como una política de colaboración de clases, que desarmaba al proletariado en el marco del ascenso de las tendencias fascistas,  sino que lo hizo buscando permanentemente el dialogo con las masas y las vías para la emergencia de su actividad revolucionaria, planteando como programa el impulso a los comités de acción que se desarrollaban producto del ascenso huelguístico. Los comités de acción podrían para Trotsky operar el pasaje de la lucha defensiva de las masas a su lucha ofensiva por el poder, superando la política de sus direcciones embarcadas en el Frente Popular: "Tareas tales como la creación de la milicia obrera, el armamento de los obreros, la preparación de la huelga general, quedarán en el papel, Si la propia masa no se empeña en la lucha, por medio de sus órganos responsables. Solo esos comités de acción surgidos de la lucha pueden asegurar la verdadera milicia, contando no ya con miles, sino con decenas de miles de combatientes. Nadie sino los comités de acción, abarcando los centros principales del país, podrá elegir el momento de pasar a métodos más decididos de lucha, cuya dirección les pertenecerá de pleno derecho". (Trotsky, Frente popular y comitésde acción)
Tanto en Francia como en España, donde la política del stalinismo bloqueó la última oportunidad de conquistar un triunfo revolucionario capaz de revertir el camino hacia la guerra, Trotsky combinó una política de denuncia del carácter conciliador del Frente Popular con la búsqueda de las vías para la acción independiente de las masas, jugando las reivindicaciones democráticas un rol central en la movilización de éstas. Así, buscó fortalecer la lucha políticamente independiente de las masas contra el fascismo, única forma de combatirlo, intentando aprovechar audazmente cada coyuntura que posibilitara su fortalecimiento y planteara la perspectiva del paso a la ofensiva estratégica del proletariado en la lucha por el poder.
En España, por ejemplo, detectó esa “coyuntura estratégica” en mayo del ‘37: “Si el proletariado de Cataluña se hubiera apoderado del poder en mayo de 1937, hubiera encontrado el apoyo de toda España. La reacción burguesa estalinista no hubiera encontrado ni siquiera dos regimientos para aplastar a los obreros catalanes. En el territorio ocupado por Franco, no sólo los obreros, sino incluso, los campesinos, se hubieran colocado del lado de los obreros de la Cataluña proletaria, hubieran aislado al ejército fascista, introduciendo en él una irresistible disgregación. En tales condiciones, es dudoso que algún gobierno extranjero se hubiera arriesgado a lanzar sus regimientos sobre el ardiente suelo de España. La intervención hubiera sido materialmente imposible, o por lo menos peligrosa. (…) en toda insurrección existe un elemento imprevisto y arriesgado, pero todo el curso ulterior de los acontecimientos ha demostrado que, incluso en caso de derrota, la situación del proletariado español hubiera sido incomparablemente más favorable que la actual, sin tener en cuenta que el partido revolucionario habría asegurado su porvenir para siempre” (Trotsky, León, la verificaciónde las ideas y de los individuos a través de la experiencia de la revoluciónespañola)
Acá se ha analizado, alrededor de la revolución alemana de 1923 que, a diferencia de la difundida vulgarización de Trotsky como teórico de la “ofensiva permanente”, lo que distingue su pensamiento estratégico es situarse desde el combate, la lucha de clases, para combinar de manera dinámica las formas ofensivas y defensivas de lucha, incluso poniendo tácticamente a la defensiva a las fuerzas revolucionarias en momentos del paso a la ofensiva estratégica como la insurrección. Desde esta lógica propuso al POUM impulsar, junto con la izquierda de la CNT, la constitución de un gobierno obrero en Cataluña “como 'bastión revolucionario' para a partir de su defensa desarrollar la revolución a escala nacional, para alzar desde allí el programa de nacionalización de la tierra y su entrega a los campesinos en todo el territorio español, de la liberación de Marruecos, cuya opresión permitía que Franco lo utilizase como base operaciones, etc. En síntesis, levantar las demandas que el programa del Frente Popular había negado explícitamente para desatar las fuerzas revolucionarias que éste se proponía contener. Sin embargo, el POUM reafirmó su política de 'traición al proletariado en provecho de la alianza con la burguesía' que venía criticando Trotsky desde el año anterior" (Ver Emilio Albamonte , Matías Maiello: "Trotsky yGramsci: debates de estrategia sobre la revolución en 'occidente'")
¿Qué opina Santella de estas grandes lecciones de táctica y estrategia revolucionaria? ¿Había que entrar al Frente Popular en España y Francia? ¿Estaba a la orden del día la insurrección en Cataluña en el '37 como bastión desde el cual extender la revolución a escala nacional?
No podemos discutir con el "Trotsky de los 30" recuperando sólo sus brillantes análisis de los distintos regímenes del Estado capitalista, precisamente porque éstos estuvieron puestos al servicio de precisar en cada coyuntura la táctica a desarrollar en función de la estrategia de la conquista del poder por el proletariado.  Ni el triunfo del fascismo en Alemania, ni el freno del ascenso revolucionario francés ni el triunfo de la contrarrevolución fascista en España eran inevitables de antemano. Trotsky alzó en cada caso un programa para el desarrollo de la revolución proletaria, partiendo de las condiciones específicas de lucha en cada coyuntura.

Una vez más sobre la fundación de la IV, el optimismo estratégico de Trotsky y el fatalismo político de Santella

Dice Santella "Mi proposición acerca de un marxismo aislado en Trotski específicamente se sitúa en la tesis sobre el error de la fundación de la Cuarta internacional". Ahora bien, como en política no existe "el vacío", obligadamente tenemos que preguntarnos ¿opina entonces Santella que Trotsky, en lugar de impulsar la fundación de la IV internacional en base a estas grandes lecciones estratégicas de la álgida lucha de clases, debía permanecer en la III Internacional de los "mariscales de la derrota"? ¿Debía Trotsky permanecer en la III Internacional responsable del ascenso del fascismo, de la derrota de la revolución española, embarcada en la política de los Frentes Populares que preparó el camino a la guerra prefigurando la "unión sagrada" con la burguesía? Si la apuesta por la IV es históricamente invalida por que no se hizo de masas, entonces para Santella no existía otra posibilidad más que permanecer adentro de la IC que siguió siendo dirección de las masas pese a su política contrarrevolucionaria.
Es que en su análisis, Santella directamente liquida la posibilidad de "pelear a la defensiva", haciendo del resultado una fatalidad histórica que lo confirma como situación sin salida. El correlato político de esta lógica, que lleva a hacer fetiche de las direcciones de las masas en tanto tales, es la adaptación política y estratégica a estas. Contrario al método de los fatalistas políticos, Trotsky con la IV hizo una apuesta estratégica para desarrollar una de las posibilidades/potencialidades inscriptas en la situación. Si se impuso la estrategia del stalinismo que obturó estas posibilidades, bloqueando el triunfo de la revolución en Italia, Grecia y Francia a la salida de la guerra y negociando con el imperialismo el orden de posguerra, esto de ninguna manera daba por liquidadas las posibilidades de luchar por una estrategia y un curso alternativo de antemano.
La IV fue de alguna manera una "defensa activa" para prepararse para pasar a la ofensiva cuando la situación general lo permitiese, y efectivamente el pronóstico demostró su anclaje en las tendencias reales una vez que, tal como planteó Trotsky, la guerra motorizó el ascenso revolucionario. Si no se pudo derrotar el verdugo stalinista que bloqueó la extensión de la IV, esto no nirgs ni las posibilidades contenidas por la situación ni la necesidad estratégica de la IV, ya que "la estrategia no puede suspender su trabajo", ni aún en los momentos más adversos como la medianoche del siglo del fascismo y el stalinismo.
Para terminar, nos preguntamos ¿puede reformularse una izquierda del Siglo XXI sin un balance del fenómeno más aberrante del Siglo XX en el movimiento obrero como fue el stalinismo y de las vías para combatirlo? Esperamos que continúe el debate.

domingo, 10 de febrero de 2013

El Gran Sueño

Febrero de 1917, estalla la revolución más violenta de todos los tiempos. En una semana la sociedad se deshace de todos sus dirigentes: el monarca y sus hombres de leyes, la policía y los sacerdotes; los propietarios y los funcionarios, los oficiales y los amos.

No hay ciudadano que no se sienta libre de decir en cada momento su conducta y su porvenir.
Surge entonces, de lo más profundo de Rusia, un inmenso grito de esperanza, en esa voz se mezcla la voz de todos los desesperados, los humillados, los desdichados. En Moscú, los obreros obligan a sus dueños a aprender las bases del nuevo derecho obrero.

En Odesa, los estudiantes dictan a su profesor un nuevo programa de historia de las
civilizaciones; en el ejército los soldados dejan de obedecer a sus superiores.

Nadie había soñado jamás con una revolución así. Ahora ese sueño circula por las venas de todas las almas desesperadas y desdichadas de este planeta.

La gran debilidad de muchos “revolucionarios” consiste en sus absoluta incapacidad de entusiasmarse, de elevarse sobre el nivel rutinario de las trivialidades, de hacer surgir un vínculo vital entre él mismo y los que lo rodean. El que no puede enardecerse, no puede enardecer su vida ni las de los demás. La fría malevolencia no es bastante para adueñarse del amo de las masas.

Muchos revolucionarios contemplaron la revolución con envidiosa alarma. Es que la vida personal de los revolucionarios siempre traba su percepción de los grandes acontecimientos en los que participa.
Pero la tragedia de las pasiones individuales exclusivas es demasiado insípida para nuestro tiempo. Porque vivimos en una época de pasiones sociales. La gran tragedia de nuestra época consiste en el choque de la personalidad individual con la comunidad.

Para alcanzar el nivel de heroísmo y abonar el terreno de los grandes sentimientos que dan vida, es menester que la conciencia se sienta ganada por grandes objetivos. Toda catástrofe individual o colectiva es siempre una piedra de toque, pues pone al desnudo las verdaderas relaciones personales y sociales. Hoy día es necesario probar este mundo.

El poeta, por ejemplo, se sintió independiente del burgués y hasta se peleó con él. Pero cuando el asunto se trató de la revolución, resultó un parásito hasta la médula de los huesos. La psicología del individuo así mantenido y dedicado a ser sanguijuela humana, no tiene rastros de bondad de carácter, respeto o devoción.

Hoy día los señoritos estudian todavía en libros a costa del sacrificio de los explotados, se ejercitan en periódicos y crean “nuevas tendencias”. Pero cuando una revuelta se produce en serio, enseguida descubren que el arte se encuentra en las cabañas, en los más recónditos agujeros, donde anidan los chinches. Es necesario derribar a la burguesía porque es ella quien le cierra el camino a la cultura.
El nuevo arte no solo desnudará la vida, sino que le arrancará la piel.

Amar la vida con el afecto superficial del deleitante, no es mucho merito. Amar la vida con los ojos abiertos, con un sentido crítico cabal, sin ilusiones, sin adornos, tal como se nos aparece con lo que ofrece, esa es la proeza.

La proeza también es realizar un apasionado esfuerzo por sacudir a aquellos que están embotados por la rutina, obligarles a abrir los ojos y hacerles ver lo que se aproxima.

León Trotsky

viernes, 1 de febrero de 2013

Trotsky y "el marxismo occidental". Un debate con Agustín Santella



                                           

  " Kote Tsintsadze, antiguo bolchevique, preso en los campos de concentración de José Stalin, envía, a León Davidovich Trotsky, en el papel que utilizaban los detenidos para armar cigarrillos, la siguiente misiva: 'Muchos, muchísimos de nuestros amigos y de la gente cercana a nosotros, tendrán que terminar sus vidas en la cárcel o la deportación. Con todo, en última instancia, esto será un enriquecimiento de la historia revolucionaria: una nueva generación aprenderá la lección" (en Andrés Rivera, "La revolución es un sueño eterno")

Paula Schaller



En un post reciente, Agustín Santella, haciendo una particular relectura de "Consideraciones sobre el marxismo occidental" de Perry Anderson, plantea que "el" Trotsky  "fundador de la IV internacional" debe ser considerado como parte de los marxistas occidentales. Nos dice "Los rasgos del marxismo clásico evolucionaron hasta el último Trotski en cierta consonancia, o por lo menos en cierto campo de la práctica política de la clase obrera. En cambio la cristalización en la IV internacional viene a romper el criterio central de la unidad entre teoría y práctica. Es un hecho sobresaliente que, a diferencia de la historia de las internacionales anteriores, la IV se funde en 1938 en el aislamiento completo respecto de la práctica organizada de la clase obrera. Este contexto social objetivo informa las tesis de sus documentos fundacionales. La relación entre la teoría (programa) y la práctica (organización, acción) de la clase obrera se rompe en la IV internacional. En su autorepresentación, la IV se erige en la síntesis de la tradición histórica del movimiento obrero desde 1850. Esto da a lugar a la afirmación de que el partido revolucionario se funda sobre la base de una experiencia sintetizada en el programa transicional (...) Arribamos a la conclusión de que el último Trotski se asemeja a los marxistas occidentales en cuanto trabaja en el aislamiento político. Pero también con esto contradecimos a Anderson, quien ve en los trotskistas a los últimos marxistas clásicos, quienes intentaron 'mantener la unidad marxista entre la teoría y la práctica'". 

Recordemos que Anderson define las coordenadas del marxismo occidental como un marxismo surgido de la derrota y de la posterior ausencia de revolución, que quiebra la relación orgánica estructural entre teoría y práctica política para refugiarse en el ámbito académico o de los distintos aparatos culturales animados por los partidos stalinistas que se hicieron de masas en la segunda posguerra. Es un marxismo centrado en la reflexión sobre las superestructuras culturales, la estética, etc., pero abandonando la unidad orgánica con la lucha de clases y la reflexión sobre los problemas relativos a la toma del poder por el proletariado. No es el "aislamiento político" (en el caso de Trotsky, impuesto por la represión de la burocracia stalinista, vale decir) lo que caracteriza al "marxismo occidental" para Anderson sino el abandono de la reflexión estratégica, de los grandes problemas relativos a las condiciones de la lucha por el poder. La operación de identificar el marxismo de Trotsky con este "marxismo de la derrota", por el hecho de que la IV permaneció en el estadio de grupos de propaganda y no se hizo una internacional de masas, resulta insostenible. Así como en nuestro país se terminó imponiendo entre la intelectualidad una apropiación socialdemocratizada del pensamiento gramsciano, haciendo una lectura reformista de éste donde la guerra de posición se presenta en términos de una estrategia gradualista de conquista del poder, Santella intenta negar la validez del pensamiento de Trotsky y el programa de la IV internacional como herramientas para la acción política presente. Para esto, recurre a una caricaturización de Trotsky donde éste, estando confinado, habría perdido su talla de estratega y se habría dedicado a empresas políticas marginales que no hicieron más que divorciar su pensamiento de la acción política. 

Pero si la aquella es una operación que requiere forzar la lectura de la obra de Gramsci, ésta última se plantea como prácticamente imposible si tenemos en cuenta que, aun considerando exclusivamente el período de fines de los años '30 en el que Trotsky para Santella habría trasmutado de "marxista clásico" a "occidental", éste representaba para la burguesía imperialista el espectro de la revolución. Es conocida aquella conversación del año ‘39 entre Hitler y el embajador francés Coulondre, donde éste le plantea el temor a que, como consecuencia de la guerra, "Trotsky sea el ganador", refiriéndose con esto a una perspectiva revolucionaria por parte de las masas. Lo mismo veía en el pensamiento y la acción política de Trotsky la burocracia stalinista, que lo mandó a asesinar en el ‘40 no precisamente por hacer el inofensivo marxismo "escindido de la práctica" que se figura Santella. 


El "marxismo estratégico" de Trotsky


Trotsky intervino en uno de los momentos más convulsivos del s XX, que si de conjunto fue para Hobsbawm el "siglo de los extremos", concentró en las décadas del 30-40 la dialéctica de crisis, guerras y revoluciones connatural a la época imperialista, donde estaba en el centro de la reflexión teórico-política la perspectiva de grandes batallas de clases. Trotsky fue, en pleno choque entre las tendencias a la revolución y la contrarrevolución, un estratega del proletariado, y su marxismo fue un marxismo estratégico, en el sentido de que el centro de su reflexión teórico-política estaba enfocado en las vías para la toma del poder por el proletariado. A diferencia de la primera generación de marxistas clásicos como Marx y Engels, o la segunda generación de Kautsky, Mehring, Plejanov, Labriola, etc., el marxismo de Trotsky, Lenin y Luxemburgo se caracterizó precisamente por asimilar la dialéctica de una nueva época que generalizaba las premisas para la revolución proletaria. Es decir que no sólo su marxismo está "unido a la práctica", como también lo estaba el de Marx y Engels y el de los teóricos de la II Internacional, sino que elevó a un nuevo nivel esa fusión, expresada en la unión entre la ciencia del marxismo con el "arte" de la estrategia: “Todavía hay una cuestión más importante. Aprender el arte de luchar. No puede aprenderse el arte de la táctica y la estrategia, el arte de la lucha revolucionaria, más que por la experiencia, por la crítica y la autocrítica” (“Una escuela de estrategia revolucionaria”). Así lo plantea Brossat: “El horizonte político de Lenin y Trotsky se encuentra pues, inmediatamente determinado por la perspectiva de la actualidad de la revolución proletaria (...) Mientras ellos tenían que responder a todos los problemas estratégicos y tácticos, teóricos y prácticos, políticos y organizativos que plantea la perspectiva inmediata de la revolución, Marx y Engels sólo se enfrentaban a sus premisas, jalonadas por la sucesión de ofensivas y derrotas del proletariado europeo”. ("En los orígenes de la revolución permanente").   

Esto explica que Trotsky haya podido formular la más lúcida teoría de la revolución para la época imperialista, aplicando a las relaciones económicas y políticas la ley del desarrollo desigual y combinado para establecer la posibilidad de que la revolución proletaria se dé en un país de desarrollo capitalista atrasado antes de triunfar en el centro capitalista. Pero como la Teoría de la Revolución Permanente no es una mera sociología sino, como bien dice Brossat, "una teoría del sujeto", y por ende inescindible del factor consciente organizado en partido revolucionario, el marxismo de Trotsky es inescindible de su actividad práctica por la construcción de una dirección revolucionaria del proletariado. Si algo distinguió su marxismo fue que supo "hablar en el lenguaje de la época", distinción que el mismo explica al analizar el tránsito de la II a la III internacional: "Entendemos por táctica en política, por analogía con la ciencia bélica, el arte de conducir las operaciones aisladas, y por estrategia el arte de vencer, es decir, de apoderarse del mando. Antes de la guerra, en la época de la segunda internacional, no hacíamos estas distinciones, nos limitábamos al concepto de la táctica socialdemócrata; y no obedece al azar nuestra actitud, la socialdemocracia tenía una táctica parlamentaria, una táctica sindical, una municipal, una cooperativa, etc. En la época de la segunda internacional no se planteaba la cuestión de la combinación con todas las fuerzas y recursos de todas las armas para obtener la victoria sobre el enemigo, porque aquella no se asignaba prácticamente la misión de luchar por el poder”. Trotsky fue uno de los más brillantes exponentes de esa Tercera Internacional que, en sus palabras, "restableció los plenos derechos a la estrategia revolucionaria del comunismo". ("Stalin. El gran organizador de derrotas"


La dialéctica de la relación objetivo-subjetivo.  


El análisis de Santella abreva en la tesis sostenida entre otros por IsaacDeutscher o el menos conocido I. Craipeau de que la fundación de la IV Internacional en el '38 habría sido una empresa voluntarista por estar los oposicionistas aislados del movimiento de masas y darse en un marco en el que primaban las derrotas que allanaron el camino a la Segunda Guerra Mundial. Más específicamente, Santella parece moverse en las coordenadas de la crítica teórica formulada por Deutscher, que señalaba que el marxismo de Trotsky sufrió un quiebre con el exilio que lo llevó a la ruptura de relaciones intelectuales con sus pares, aislando su pensamiento. 

Otros, como Jean Baechler, realizaron análisis más sofisticados, haciendo eje en la "tensión intrínseca" del marxismo entre el "determinismo fatalista" y el "subjetivismo voluntarista", señalando que en el pensamiento de Trotsky este equilibrio se mantuvo durante los períodos de ascenso de la revolución, pero fue mucho más inestable en los últimos años veinte, rompiéndose de forma definitiva en los treinta. Así, "aunque Trotsky habría conservado su extraordinaria capacidad como analista crítico de la realidad objetiva, perdió definitivamente su talla como político y fue víctima de un voluntarismo utópico: de la esperanza absurda de que un par de cientos de personas, inspiradas en sus ideas, conseguirían llegar a cambiar el curso de la historia". (Ver  "El pensamiento de León Trotsky"

Pero, como bien destaca Mandel, "lo que inicialmente aparecía como dos polos opuestos que desgarran al marxismo (“el determinismo fatalista”, “el subjetivismo voluntarista”) se integra crecientemente en una unidad superior (unidad-y-lucha, unidad-y-contradicción, si se quiere) entre el análisis teórico objetivo y la praxis revolucionaria. Sin teoría científica, la praxis revolucionaria está condenada a la inefectividad de la utopía: la realidad no puede ser transformada de forma consciente a menos que sea comprendida en toda su profundidad. Pero sin praxis revolucionaria, la teoría científica se hace más y más estéril en un doble sentido: tiende a la observación pasiva, y al hacerlo así escapa al criterio último de la verdad, la verificación práctica". (Mandel, "El pensamiento de León Trotsky") 

Ahora bien, precisamente la época imperialista, donde el capitalismo ha pasado a ser un sistema "reaccionario en toda la línea", permite una nueva relación entre lo objetivo y lo subjetivo, donde objetivamente están maduras las premisas para la revolución proletaria y el factor subjetivo pasa a ser la clave del proceso histórico, lo cual, desde ya, no quiere decir que haya una inminencia absoluta de la revolución:  “El carácter de la época no consiste en que permite realizar la revolución, es decir, apoderarse del poder a cada momento, sino en sus profundas y bruscas oscilaciones en sus transiciones frecuentes y brutales (...)  “si no se comprende de una manera amplia, generalizada, dialéctica, que la actual es una época de cambios bruscos, no es posible educar verdaderamente a los jóvenes partidos, dirigir juiciosamente desde el punto de vista estratégico la lucha de clases, combinar exactamente sus procedimientos tácticos ni, sobre todo, cambiar de armas brusca, resuelta, audazmente ante cada nueva situación.” (Trotsky, “Stalin, el gran organizador de derrotas”). 


Ni subjetivismo voluntarista ni fatalismo político.


Y esto nos conduce al problema de fondo: ¿Fue un acto de mero voluntarismo político-organizativo, carente de fundamentos objetivos, la fundación de la IV Internacional?

En un sentido general, todas las internacionales surgieron al calor de procesos de recomposición subjetivos del movimiento obrero y expresaron sus distintos niveles de desarrollo a lo largo de su experiencia histórica; cuestión que a su manera toma Novack cuando, recogiendo las definiciones de Trotsky y Lenin, define a la Iª Internacional como la "Internacional de la anticipación", a la IIª como la "Internacional de la organización" y a la IIIª como la "Internacional de la acción". ("La Primera y Segunda Internacionales") La Iª surgió al calor de la crisis capitalista de 1857, en el marco de un despertar político de la clase obrera francesa e inglesa en la lucha por la conquista de sus derechos políticos y sindicales, y de hecho "murió", aunque formalmente lo haría más tarde, tras la derrota de la Comuna de París; la IIª surgió, en un marco general de ascenso capitalista, al calor del vigoroso desarrollo del movimiento sindical y la socialdemocracia en Alemania en particular y en Europa en general; la IIIª surgió al calor del ascenso revolucionario de la primera posguerra, apoyada sobre la fortaleza del naciente estado proletario ruso, y aunque sería liquidada por Stalin en el ‘43, políticamente se había convertido en un factor de retraso y derrota de la revolución mundial ya desde la década anterior. En síntesis, cada internacional nació ligada a fenómenos de masas en el movimiento obrero.

La IVª se fundó en el marco de un retroceso subjetivo de la vanguardia revolucionaria (brutalmente golpeada por la persecución stalinista que ya había ejecutado los Juicios de Moscú) y de duras derrotas del proletariado mundial (ascenso del fascismo en Alemania, derrota de la revolución española, etc.) que habían revelado por la negativa la importancia crítica de la dirección en momentos de aguda lucha de clases. Trotsky era perfectamente consciente del peso político de estas derrotas, y basta ver sus elaboraciones sobre Alemania, Francia o España a lo largo de los '30 para comprobar que él más que nadie insistió en que allanaban el camino a la burguesía imperialista para arrastrar a las masas a la carnicería de la Segunda Guerra Mundial. El fundamento para la creación de la IV en una coyuntura tan desfavorable estaba en las perspectivas revolucionarias que Trotsky preveía (y que la historia posterior confirmó) que desataría la guerra, lo cual hacía necesario forjar un armazón teórico-político-programático, expresado en partidos y en cuadros sólidos que pudiesen empalmar con lo más avanzado que dieran estos ascensos para conducirlos al triunfo de la revolución proletaria. El punto es que, a diferencia de los fatalistas, Trotsky no vio en estas derrotas una regresión definitiva, sino que, basado en el análisis de las condiciones objetivas que empujarían nuevamente a las masas a la acción, planteó la posibilidad de su reversión. 

Dice Trotsky "los escépticos se preguntan: ¿Pero ha llegado el momento de crear una nueva Internacional? Es imposible, dicen, crear 'artificialmente' una internacional. Sólo pueden hacerla surgir los grandes acontecimientos, etc... La IV Internacional ya ha surgido de grandes acontecimientos; de las grandes derrotas que el proletariado registra en la historia. La causa de estas derrotas es la degeneración y traición de la vieja dirección. La lucha de clases no tolera interrupciones. La III Internacional, después de la II, ha muerto para la revolución. Viva la IV Internacional!" ("El Programa de Transición") 

Y es que, tal como dice Mandel, "para facilitar el surgimiento de esta nueva vanguardia y de esta nueva dirección, era necesario defender la continuidad programática del comunismo, que el estalinismo amenazaba con destruir completamente. Una continuidad que no podía asegurarse solamente con libros, panfletos o artículos, que tenía que encarnarse en una nueva generación de cuadros y militantes". ("El pensamiento de León Trotsky") 

Y éste es un aspecto central que la lógica de Santella directamente niega como problema, que es la cuestión de cómo sostener la continuidad histórica de un programa y una tradición en momentos de reacción. Desde su óptica, esta posibilidad está excluida porque en momentos de retroceso político e ideológico, donde la actividad de los revolucionarios no empalma con el movimiento de masas, el "aislamiento" es sinónimo de alejamiento de los principales problemas políticos de la hora.  

Pero entonces, nos preguntamos si acaso estuvieron alejados de las necesidades políticas los "aislados" participantes de las Conferencias de Zimmerwald y Kienthal que, ante la traición de la Segunda Internacional apoyando la guerra imperialista, formaron un reducido grupo de revolucionarios internacionalistas que, al decir de Lenin, "cabían en un sillón". Estas conferencias forjaron contra la corriente la continuidad del programa del marxismo revolucionario, sobre cuyos hombros se alzó la Tercera Internacional.  

Pese a que el pronóstico de Trotsky para la posguerra se demostró acertado sólo parcialmente, en lo relativo al ascenso revolucionario que desató la guerra, pero equivocado en cuanto a que la IVª se haría de masas ante la debacle de la burocracia soviética, estratégicamente, la tarea de la IV Internacional fue de una enorme envergadura histórica que se correspondió con las tareas de la hora y que aún hoy condensa la continuidad del programa del marxismo revolucionario.