jueves, 20 de junio de 2013

A 40 años de la Masacre de Ezeiza. Apuntes breves



 

Eduardo Castilla

Hoy se cumplen cuarenta años de la masacre de Ezeiza, uno de los hechos centrales de la vida política nacional en los años 70’. Un acontecimiento de características históricas por varios motivos. Enumeremos: el retorno esperado de Perón a la Argentina, luego de casi 18 años de exilio, la mayor movilización de la que se tenga registro en la historia nacional y, por último, la clara definición política del peronismo gobernante de destrozar a sangre y fuego a la vanguardia obrera y juvenil que se desarrollaba en Argentina desde el Cordobazo. Por este conjunto de considerandos es que, precisamente, resulta mezquino y limitado presentarlo solamente como un episodio de la pelea entre el ala izquierda y el ala derecha del peronismo.
Ezeiza simboliza el contradictorio carácter del momento histórico que vive Argentina. Por un lado es la expresión de un triunfo de la lucha de masas que, luego de 18 años de persecución, han logrado imponer el retorno del hombre al que identifican con las conquistas obtenidas en el período 1945-1955. Sólo esto permite entender la magnitud de la movilización que, según distintas fuentes, puede ubicarse alrededor de dos millones de personas. El retorno de Perón implicaba la derrota definitiva de los regímenes que durante casi dos décadas habían intentado doblegar la resistencia de la clase trabajadora e imponer mayores condiciones de explotación. Por otra parte, una franja creciente de la juventud avanzada verá en Perón el líder llamado a hacer avanzar al país en el camino de la “patria socialista”. Esa franja será la que exprese esencialmente la Tendencia Revolucionaria.
Desde el punto de vista de las necesidades de la burguesía, el retorno de Perón significaba la necesidad de apelar a la vieja dirección del movimiento nacionalista para intentar imponer orden en un país donde la clase trabajadora y las masas protagonizaban un enorme ascenso desde mayo del 69’ que la dictadura de la llamada Revolución Argentina no había podido contener ni derrotar.
En esa disyuntiva debía actuar Perón. Disyuntiva que se resolvió claramente a favor de las necesidades de la clase dominante.  Precisamente por ello, Ezeiza muestra, como la obertura de una ópera, los elementos que se desarrollarán bajo el tercer gobierno del General: acción de grupos paramilitares integrados por matones y el aparato de la burocracia sindical, el uso de la represión abierta al interior del movimiento peronista y la completa legitimación que otorga el líder del peronismo a este proceder. La burguesía, en la persona de Perón, se proponía apelar a métodos de guerra civil contra la vanguardia obrera y juvenil, como lo mostrará en los meses posteriores la actividad de la Triple A y el Comando Libertadores de América aquí en Córdoba, luego del Navarrazo

De la “primavera camporista” al invierno restaurador de Perón  

Juan Carlos Portantiero escribió en la revista uruguaya Marcha que “el viernes 13 de julio, la conspiración a través de un golpe de comando minuciosamente preparado consiguió  su objetivo: desalojar de la cúpula del estado a quienes mejor habían representado el contenido movilizador, jacobino, del proyecto democrático votado por el pueblo el 11 de marzo (…) la experiencia Cámpora, el punto más alto de inserción de sectores revolucionarios en el aparato del estado, había durado en total, menos de dos meses” (Baschetti). La renuncia de Cámpora, ocurrida poco más de veinte días después de Ezeiza, significó que el poder político pasó a manos de la derecha peronista. Lastiri, yerno de López Rega, fue el encargado de preparar la transición hacia la vuelta de Perón. Cámpora, el “leal” delegado del líder durante casi dos años, se había convertido de la noche a la mañana, en el promotor de cuanto “infiltrado marxista” rondara en el movimiento peronista.    
Aunque es discutible la definición de los “rasgos jacobinos” del gobierno de Cámpora que hace Portantiero, queda en evidencia el giro político que se está procesando, claramente hacia la derecha, en las altas esferas del poder político nacional. Perón es la cara visible de la restauración del orden y así lo hace saber. En abril del ‘73, había destituido a Galimberti como delegado nacional de la Juventud Peronista en el Consejo Superior del Movimiento Nacional Peronista. El “error” de Galimberti había sido proponer la creación de milicias populares. A la “teoría del cerco” Perón respondería (al día siguiente de la masacre de Ezeiza) “Conozco perfectamente los que está ocurriendo en el país. Los que crean lo contrario se equivocan”. Lo escoltaban Isabelita y López Rega, quién ya era acusado públicamente de utilizar el Ministerio de Bienestar Social para armar grupos de choque contra los sectores de la izquierda peronista. Agregará en ese discurso “No hay nuevo rótulos que califiquen a nuestra doctrina ni a nuestra ideología. Somos lo que las veinte verdades peronistas dicen”.   
De conjunto, Ezeiza era el anuncio de una política destinada a atacar abiertamente a los dos sectores que hemos señalado antes. La enorme franja de vanguardia entre la juventud que luchaba para terminar con la sociedad burguesa y abrir el camino a la construcción de un sistema social superador y la clase trabajadora que, partiendo de los ataques capitalistas para aumentar los ritmos de trabajo, enfrentaba crecientemente a la burguesía y la burocracia sindical.
Frente a ese escenario, las corrientes de la izquierda peronista mostraron importantes límites en su preparación estratégica. La masacre de Ezeiza ponía de manifiesto que Perón jugaría un rol abiertamente contrarevolucionario. En función de ese escenario, lejos de combatir cualquier tipo de ilusión en Perón para ayudar a acelerar la experiencia de las masas con el viejo líder, hicieron todo lo posible por dejarlo de lado en sus críticas. Lo consideraban el “puente indispensable” a la relación con las masas. Pero como ya señalamos en este post, la ausencia de toda crítica a Perón permitió que este jugara un rol reaccionario dando legitimidad a todas las acciones contra la vanguardia y la izquierda. 
En segundo lugar, en el marco del creciente accionar de las bandas paramllitares, dejaron de lado cualquier política de educar a las masas en los mecanismos de su propia autodefensa, sustituyendo esa necesidad por su propio armamento y una lógica de guerra de aparatos contra las fuerzas armadas que las llevó a la impotencia. 

domingo, 16 de junio de 2013

El crimen social en Castelar: decadencia y crisis del sistema ferroviario bajo el kirchnerismo


Eduardo Castilla

Ante la pregunta de la periodista, el jubilado se larga a llorar y dice que ayer salvó su vida  porque se durmió y llegó cuando el tren se había ido. La mujer que le sigue en la cola afirma que, desde la masacre de Once, no viaja más en tren. Lo único que tiene asegurada es la muerte, sentencia crudamente. Para los ciudadanos “de a pie”, el sistema ferroviario volvió a ser una trampa mortal. Para la cúpula del poder se trata de un “siniestro”, un “posible sabotaje”, una “asignatura pendiente”. Otra vez, dos países quedan frente a frente. El de las masas pobres y trabajadoras que sufren en carne propia los límites del “modelo” y el de la casta de políticos patronales, que administran el estado burgués argentino.
“No se puede corregir en un año lo que no se hizo en 50” dijo Randazzo, insinuando que los millones que  lo escuchaban son imbéciles o nacieron el día anterior. La “década ganada” mide distinto según el tema. Si se trata del transporte, las gestiones de Jaime y Schiavi se esfuman en el aire, nunca existieron. Esos dos funcionarios ya no son parte del “relato” (ni de la historia parece), la “vuelta del estado y la política” se convierte en una frase cuasi sin sentido y provoca grietas en lo que va quedando de la coalición oficialista.

Otro hueco en el “relato”

“El momento en que uno abandona eso para pasar a ser un "justificador" de lo existente es el exacto momento en que uno deja de ser un militante político para ser un burócrata del poder” dice este bloguero K, enojado con el arco kirchnerista que salió a “justificar” sin ton ni son el choque. No es el único en sentirse frustrado. Los críticos a la política ferroviaria y a los argumentos de Randazzo asoman hoy hasta en las páginas del diario más oficialista. Luego de diez años de gestión kirchnerista, contando a su favor con los altos precios de los comoditties a nivel internacional y cifras record de recaudación fiscal, el estado capitalista es incapaz de garantizar un sistema de transporte ferroviario que impida nuevos crímenes sociales como el de Once o Castelar. Como dice un columnista de Página 12 este domingo “La secuencia de estragos en pocos años, con abrumadoras cantidades de víctimas para el medio de transporte presumiblemente más seguro, fuerza a un análisis más abarcador. Las tragedias (que no fueron las únicas en la década), la persistencia del pésimo servicio “hacen sistema”.
Se podrán buscar “errores humanos” (como lo intenta desesperadamente el gobierno en estas horas), se podrán inventar “complots” (como hizo el bufón delirante de D’ Elía) pero esto no alcanza para tapar el bosque de los problemas estructurales no resueltos, que existen hace años y que, bajo el kirchnerismo, no han sido modificados. 

Una odisea diaria y trágica

El sistema ferroviario del área metropolitana fue casi el único que se sostuvo luego de las privatizaciones. Las concesiones interprovinciales fueron entregadas a las provincias que, en términos generales, las cerraron o mantuvieron operativas en un nivel elemental. En el área del conurbano, el tren siguió siendo parte central del sistema de transporte para sectores amplios de las masas trabajadoras. Como consigna este estudio, de mediados del 2012, “Los resultados referidos al nivel socioeconómico de los hogares muestran que la mayoría de los pasajeros del Sarmiento corresponden al grupo denominado “Medio Inferior” (35,8%), seguidos por los pertenecientes al “Medio Típico” (26,5%) y al “Bajo Superior” (17,9%).Esta relación es la misma que se da si se tienen en cuenta todas las líneas que circulan en el área metropolitana”. El mismo estudio consignaba que el 77,5% de quienes viajaban en esta línea no poseían ningún vehículo propio. Es decir, eran rehenes del sistema de transporte existente. 
En los últimos años, los datos estadísticos que surgen de la CNRT muestran una tendencia decreciente en cantidad de pasajeros que reflejan parcialmente la dinámica real. Según se consigna acá “Durante 2012, 236 millones de personas se transportaron en el sistema ferroviario, un 31 por ciento menos que en 2011, cuando hubo 310 millones de pasajeros. La línea Sarmiento, por su parte, pasó de transportar 88 millones de pasajeros a 39 millones”. El Sarmiento transporta alrededor de 300mil personas por día y cerca de 8 millones por mes en el más completo de los hacinamientos, llegando al colmo de viajar seis personas por metro cuadrado.
La caída de la cantidad de pasajeros obedece a dos cuestiones. Por un lado, a la profunda inseguridad que significa viajar sabiendo que uno puede morir. Pero además evidencia el fenómeno de miles de personas que viajan sin pagar el pasaje. En cuanto al primero de estos elementos, las estadísticas son brutales. Once y Castelar quedan a la vista como parte de un problema mucho más profundo. Esta cronología de los últimos 3 años pone en evidencia la debacle del conjunto del sistema y que la posibilidad de perder la vida es un factor permanente. En este suplemento especial de La Verdad Obrera se consigna la cifra de 700 víctimas. Los datos son escalofriantes. Para los millones de trabajadores y pobres del conurbano, el tren se transforma diariamente en una potencial trampa mortal.

Una política al servicio de la acumulación capitalista

La política de subsidiar el transporte para evitar el aumento de tarifas, reivindicada por todo el arco progresista, no puede ser entendida por fuera de las condiciones sociales y políticas abiertas con las Jornadas revolucionarias de Diciembre del 2001. El estado garantizó que las masas pobres pudieran seguir viajando a costa de no tocar la estructura heredada. El objetivo político fue impedir que la dinámica abierta a partir de las jornadas revolucionarias se profundizara. Bajo el gobierno de Duhalde, la Ley 25561 (Emergencia Pública y Reforma del Régimen Cambiario) congeló las tarifas y dispuso la renegociación de los contratos de todos los servicios privatizados, incluidos los trenes. El kirchnerismo, al igual que con la devaluación, sostuvo ese esquema aumentando exponencialmente el monto de los subsidios. Esto implicó que millones de personas siguieran viajando en condiciones infrahumanas, completamente hacinados y sufriendo todo tipo de accidentes.
Tomando en cuenta varios estudios, en este sitio se afirma que  “Entre el 2003 y el 2010, el gobierno invirtió solamente el 10% de lo necesario para reponer los componentes del sistema ferroviario que se desgastan. Es que la cifra alcanzó unos 50 millones de dólares por año, cuando los especialistas recomiendan gastar como mínimo U$S450 millones tan sólo para renovar los elementos depreciados”.
La inversión estatal en materia de transporte ferroviario contrasta alevosamente con lo “invertido” en subsidios a los capitalistas. Los datos brindados por los organismos oficiales dicen que en el año 2012, los subsidios al transporte ferroviario se calcularon en alrededor de $13,3 millones diarios. Según se afirma acá, la cifra de estos subsidios aumentó exponencialmente para este sector, pasando de 145 millones en el 2002 a más de 2500 millones de pesos en el 2012, sin contar los pagos al Personal de UGOFE, lo que hace esa cifra más abultada.
El contrato firmado por el menemismo con las privatizaciones implicaba que el estado nacional se hacía cargo de las inversiones a largo plazo, mientras las empresas costeaban los gastos cotidianos.  Este mecanismo no fue modificado bajo el kirchnerismo y permitió que las empresas concesionarias siguieran ganando millones sin tener que reinvertir. Esta política de gestión por parte del estado bajo el kirchnerismo está mostrando todas sus limitaciones. El ejemplo puntual de la ausencia del sistema de frenos ATP en la línea Sarmiento es una muestra cabal de estos límites.
Para los empresarios que se quedaron con las concesiones, el sistema de subsidios se convirtió en un fabuloso mecanismo de acumulación de capital, como lo pone de manifiesto una de las principales plumas del oficialismo K: “Según las constataciones de la Comisión Nacional Reguladora del Transporte, citadas en el lapidario informe aprobado en marzo de 2012 por unanimidad de los directores de la Auditoría General de la Nación, la cuenta personal de los Cirigliano creció al 70 por ciento de lo recibido y la de materiales disminuyó al 4 por ciento, sin contar lo que desviaron para convertirse en magnates del transporte en la Argentina, Perú y Estados Unidos”.

Una salida desde los intereses del pueblo trabajador

Los críticos del sistema actual, desde una óptica burguesa señalan que “De acuerdo con la experiencia histórica y con las condiciones actuales, parece más eficaz incorporar correcciones al modelo de participación privada que intentar una reestatización generalizada de los servicios”. Partiendo de un estudio que señala que las tarifas actuales se hallan desactualizadas en un 26% en relación a los costos, afirman que una salida que incluyera esta modificación tarifaria y el funcionamiento de mecanismos de control por parte del estado permitiría un sistema sostenible. Pero lo evidente es que el mismo lucro capitalista el que está detrás de estos crímenes sociales. La ausencia de inversión por parte de las concesionarias no es el resultado fortuito de malas concesiones sino una consecuencia de la misma lógica capitalista. El asesinato de Mariano Ferreyra por ser parte de la lucha contra la tercerización en el Roca, se inscribe dentro del brutal armado que combina subsidios, ausencia de inversión y trabajadores tercerizados en función de aumentar la tasa de ganancia.
Por otro lado, no puede haber solución real de parte del mismo estado capitalista que todos estos años garantizó la continuidad de estos mecanismos. Han sido figuras del kirchnerismo las que han estado cubriendo el terrible negociado de las concesiones de trenes y su correlato, la tercerización laboral. Los llamados amistosos entre Carlos Tomada y Pedraza así lo evidencian. Las gestiones de Jaime y Schiavi son parte de lo mismo.
Precisamente por esto, una solución profunda y estructural a esta crisis del transporte ferroviario sólo puede venir, como se señala acá, de “la estatización de todos los ramales bajo control de un comité de ferroviarios y usuarios populares”. Sólo los trabajadores y los usuarios pueden hacer efectivamente una planificación democrática que impida el despilfarro de los recursos, la corrupción generalizada, la destrucción de las unidades y que garantice un servicio acorde a las necesidades de millones de personas.



domingo, 9 de junio de 2013

Del Cordobazo al Navarrazo. Guerra civil y autodefensa obrera. Apuntes (Segunda parte)

Lo político y lo militar en el Navarrazo

Desde el punto de vista de la derecha, el Navarrazo, presenta un alto nivel de preparación en el terreno militar y en el político. Leemos “A las cero horas del 28 de febrero de 1974 comienza la asonada golpista cuando la policía asalta la Casa de Gobierno, tomando como rehenes a varios funcionarios. El jefe de la sedición, Navarro, permanecía mientras tanto en la Central de Policía ubicada en la Plaza San Martín, cuyos accesos habían sido cortados por efectivos policiales colocando coches de pasajeros aportados por sus propietarios (…) la policía ocupa dos radios de la ciudad y sabotea otras dos, dejándolas fuera de servicio. Emite además un comunicado informando que Obregón Cano había sido detenido en el mismo momento en que estaba proveyendo de armas a civiles de “conocida militancia marxista”, y que era “un infiltrado, un hombre de Cámpora, un criptomarxista” (…) se colocan bombas contra el local de SMATA, en la vivienda del ministro de Gobierno y de un juez que investigaba la participación policial en el asesinato de cinco dirigentes agrarios en Laguna Larga. El golpe continúa con el asalto policial al local del diario La Voz del Interior y con la puesta bajo custodia policial y de civiles armados de la sede del Sindicato de Luz y Fuerza. Avanzada la mañana, las 62 Organizaciones deciden un paro en apoyo al movimiento golpista e informan que, no obstante la situación que se vivía, realizarían un plenario normalizador de la CGT”.
En esta breve crónica pueden verse los elementos de preparación político-militar: la toma de la sede de gobierno, el copamiento de los medios de comunicación y su utilización para intentar legitimar el golpe, la utilización de la ideología peronista en sus aspectos más reaccionarios y macartistas. Al mismo tiempo, su reivindicación del “peronismo auténtico”, permitía encontrar un cierto punto de apoyo en las ilusiones de sectores de masas que todavía confiaban políticamente en Perón.
La relación de fuerzas a la que aludía Tosco se había preparado políticamente. No había caído del cielo, sino que era el fruto de meses de ataques políticos y físicos por parte de la derecha peronista que no tuvieron respuesta por parte del movimiento obrero combativo y la izquierda. En octubre del 73, un comunicado de Luz y Fuerza describía “los atentados a las organizaciones sindicales combativas, a otros locales e instituciones, la “toma” de la legislatura provincial, el Banco Social, el explosivo colocado en el domicilio del diputado Fausto Rodríguez y el criminal ametrallamiento de una asamblea de trabajadores de la construcción en el local de la CGT regional son la dramática y trágica evidencia del claro objetivo de crear un clima de intimidación y terror”.
A los golpes de la derecha, desde el movimiento obrero combativo se respondía con declaraciones y la defensa del gobierno provincial. El 8 de febrero del ‘74, un comunicado del MSC declaraba la “Defensa institucional del gobierno de Córdoba”. En octubre del '73, Luz y Fuerza había afirmado que se perseguía “la intervención al gobierno de Córdoba”. Esto no iba de la mano con una preparación para dicho escenario. Así, la derecha avanzó casi sin obstáculos en la provincia, lo que fue inclinando la relación de fuerzas a favor del golpe.

De las barricadas a la autodefensa

Lo que ponía en escena esta situación era la ausencia de una política para desarrollar las tendencias autónomas que se habían expresado en el Cordobazo y que habían creado una relación de fuerzas a favor de las masas. Esto no era el resultado “natural” de la conciencia de las masas mismas sino la ausencia de una perspectiva estratégica de las corrientes que dirigían. La clase obrera es potencialmente revolucionaria, pero es la acción de determinadas corrientes (con sus estrategias) la que impulsa qué elementos pueden potenciarse en su actividad y cuáles no.
En el debate sobre la huelga general en Alemania, a inicios del siglo XX, Parvus señalaba que “El significado de la barricada debe visualizarse en dos direcciones. En primer lugar era un punto de reunión y un medio organizativo (…) en segundo lugar, era una construcción de defensa: protección del lado del pueblo y obstáculo del lado de los militares. El poder de esta obstrucción sobre los militares no estaba solamente determinado por su aspecto material sin principalmente por su efecto moral”. Engels había señalado algo similar, escribiendo que “hasta en la época clásica de las luchas de calles, la barricada tenía más eficacia moral que material. Era un medio para quebrantar la firmeza de las tropas”.
Las barricadas durante el Cordobazo y el Viborazo habían aportado a esa cohesión de las masas, golpeando moralmente a las fuerzas represivas. Esas batallas les habían permitido un reconocimiento de la potencialidad de sus fuerzas a la vez que “educarse” en el arte del combate callejero. Pero esto sólo podía ser el germen de una política de autodefensa consciente que superara el estadio de la espontaneidad. Esta política fue la que estuvo ausente en las direcciones combativas del movimiento obrero. En el caso del peronismo legalista era el resultado “lógico” de su raigambre peronista. En el caso de Tosco, su política de presión sobre la izquierda peronista lo llevó a confiar en la existencia de “soluciones por arriba” dejando limitada la perspectiva de la organización “por abajo” del movimiento obrero.
Aquí podríamos tomar la definición de Gramsci que señalaba “La crisis crea peligrosas situaciones inmediatas porque los diversos estratos de la población no poseen la misma capacidad de orientarse rápidamente y de reorganizarse con el mismo ritmo. La clase dirigente tradicional (…) cambia hombres y programas y reasume el control que se le estaba escapando con una celeridad mayor de cuanto ocurre en las clases subalternas”. Desde el Cordobazo, la clase dirigente había cambiado a su personal político (retorno de Perón) pero además había iniciado los preparativos para enfrentar las tendencias a la guerra civil con el accionar de las Tres A.
Las “clases subalternas” o, para ser precisos, sus direcciones, estaban lejos de ver este cambio de escenario. La existencia de organizaciones contrarrevolucionarias como las Tres A no era nueva. A la experiencia internacional del fascismo se le podían sumar las conformaciones locales, de las cuáles la Liga Patriótica pasó a ser una de las más emblemáticas. Es decir, la apertura de un ascenso revolucionario, preanunciaba la necesidad de pasar de los “triunfos morales en las barricadas” a nuevos triunfos político-militares contra la derecha y esto no estaba en la perspectiva de las direcciones combativas del movimiento obrero.

Autodefensa y vanguardia obrera

Haciendo un paralelismo con una situación que contenía elementos similares, citemos a León Trotsky quién señalaba que “la lucha física no es sino uno de los “otros medios” de la lucha política (…) es imposible detener la lucha política cuando se transforma, por la fuerza de su desarrollo interno, en lucha física” (Adónde va Francia). Precisamente, frente a esta transformación de la lucha política en lucha física, la preparación política asume un rol central. El resultado de los enfrentamientos físicos depende (en sus nueve décimas partes, según Trotsky) de la preparación política. “¿En qué consiste la preparación política? En la cohesión revolucionaria de las masas, en su liberación de las esperanzas serviles en la clemencia, la generosidad, la lealtad de los esclavistas “democráticos””.
Como ya lo señalamos, en los meses anteriores al Navarrazo, las organizaciones que influenciaban a la vanguardia obrera no habían preparado a la clase trabajadora para el enfrentamiento político el gobierno nacional y al mismo Perón. Frente a cada acción de la derecha se había respondido con comunicados pero no se habían dado pasos en la organización concreta de la autodefensa de las organizaciones obreras. De conjunto, frente a la “guerra civil de baja intensidad” que estaba en curso desde el Cordobazo en adelante, las distintas corrientes políticas que influían a la vanguardia no se habían preparado para una respuesta a la altura de los ataques. Aquí reside centralmente la explicación de la “parálisis” de las masas y la vanguardia frente al golpe de Navarro.

Los límites de las corrientes guerrilleras ante el Navarrazo

Frente al Navarrazo, las organizaciones armadas de la izquierda revolucionaria (peronista y marxista) también fueron impotentes. Citamos una vez más a Bonavena: “Por la noche se produce un recio intercambio de disparos (…) miembros de Montoneros atacan con pistolas y fusiles automáticos a militantes peronistas ortodoxos y comandos civiles nacionalistas” (Pág. 226). Montoneros, a pesar de contar con peso en sectores de masas, fue incapaz de preparar destacamentos de combate para enfrentar una acción como la de Febrero del 74’.
Por su parte, el PRT señaló, después del golpe, “Reiteradamente habíamos advertido que se aproximaba la intervención a nuestra Provincia. Lo señalamos públicamente y lo planteamos expresamente ante los más importantes funcionarios provinciales (…) Después de la masacre de Ezeiza, después del autogolpe del 13 de julio, o sea, o sea, a partir de los principales acontecimientos que marcaban la contraofensiva de la derecha y del continuismo, nadie podía engañarse-salvo que pecara de ingenuidad política-de que Córdoba (…) podía escapar a una intentona” (La Historia del PRT-ERP por sus protagonistas. Daniel De Santis). Precisamente esto demuestra la falta de orientación estratégica o, como mínimo, la discordancia entre las definiciones generales y la práctica político-militar de esta organización que tampoco se preparó para esta perspectiva.
Como señaló Juan Carlos Marín “En el "Navarrazo" sucedido en Córdoba, la misma ciudad donde meses antes el presidente cubano Dorticós fuera llevado en andas al palco que recordaba los acontecimientos de mayo de 1969, se repite en forma ampliada pero con mayor dramatismo político el mismo "desarme político" y la misma "prescindencia" de las organizaciones revolucionarias ante hechos que se inscribían en el desarrollo específico y concreto que tomaba la lucha de clases, y en la que el peronismo oficial volvía a tener la iniciativa”. Precisamente este conjunto de elementos demuestra la limitación estratégica de las organizaciones guerrilleras para aportar a la organización de la autodefensa de masas.
Marín también señala que “En forma quizás desordenada, errática y a veces errónea pero permanente, las organizaciones revolucionarias buscaron generar y mantener las condiciones de desarrollo del armamento del pueblo”. Creemos que la respuesta ante el Navarrazo evidencia que esto no fue así. Las organizaciones revolucionarias en lugar de batallar por el desarrollo de formas de autodefensa (milicias, grupos especiales, etc.) al interior de las organizaciones obreras de vanguardia, (que se sostuviera sobre los triunfos morales conquistados en las barricadas del ‘69) desarrollaron una política alternativista de “guerra de aparatos” contra las fuerzas represivas, dejando de lado el necesario armamento y preparación de los sectores combativos del movimiento obrero.
De conjunto, la situación abierta por el Cordobazo, planteaba la necesidad de la organización de la autodefensa obrera y popular. En este sentido iba lo que citamos antes de Trotsky. Éste, en el Programa de Transición establece una dinámica de las tendencias al armamento del proletariado para los momentos de ascenso revolucionario. Señala que La burguesía no se limita en ninguna parte a utilizar solamente la policía y el ejército oficiales (…) Las bandas fascistas sólo pueden ser contrarrestadas victoriosamente por los destacamentos de obreros armados que sienten tras de sí el apoyo de millones de trabajadores. La lucha contra el fascismo no se inicia en la redacción de una hoja liberal, sino en la fábrica y termina en la calle. Los elementos amarillos y los gendarmes privados en las fábricas son las células fundamentales del ejército del fascismo. Los piquetes de huelgas son las células fundamentales del ejército del proletariado. Por allí es necesario empezar” (resaltado propio).

Como queda en evidencia en las descripciones que hemos realizado, ni la perspectiva de las direcciones combativas del movimiento obrero (Tosco, Salamanca, etc.) ni la estrategia de las organizaciones guerrilleras pudo desarrollar las tendencias que se habían expresado en el Cordobazo para convertirlas en organización para la autodefensa consciente. Éste fue uno de los límites centrales a la hora de enfrentar la asonada golpista de Febrero del 74’. 


Del Cordobazo al Navarrazo. Guerra civil y autodefensa obrera. Apuntes (Primera parte)


Eduardo Castilla

Hace poco más de un año escribimos este post señalando que las tendencias abiertas en las jornadas del Cordobazo superaban los marcos de la lucha anti dictatorial y ponían de manifiesto la apertura de una etapa revolucionaria donde las masas, con un protagonismo central de la clase obrera, tomaban la ofensiva. Decíamos se expresa la tendencia a la emergencia autónoma de la clase trabajadora (…) Tabular al Cordobazo como “rebelión contra la dictadura” tiene el objetivo de segmentar el proceso social que se abre. Allí la clase obrera profundiza su insubordinación”.
Lógicamente, el desarrollo de esta etapa revolucionaria abría la perspectiva de enfrentamientos abiertos con la burguesía y sus fuerzas represivas (tanto estatales como para-estatales). En Córdoba, la fortaleza de un movimiento obrero combativo, implicaba que el accionar represivo debía tomar un mayor nivel. El Cordobazo había permitido la emergencia de una mayor insubordinación obrera expresada, por ejemplo, en el desarrollo de una fuerte tendencia clasista, centralmente alrededor de SiTraC-SiTraM. Este proceso permitía que, hacia 1973, los independientes y la izquierda dirigieran algunos de los gremios más fuertes de la ciudad.
Precisamente por eso, Córdoba era una preocupación central para el gobierno de Perón. La necesidad de imponer orden a escala nacional tenía que basarse en haberlo logrado en la provincia. En esa contradicción tiene su origen el Navarrazo. Golpe policial, que también pasó a la historia como el Contra-Cordobazo. En esta nota escribimos una reseña de ese golpe. Aquí pretendemos dejar sentados algunas conclusiones de los límites que tuvieron las corrientes que influenciaban a la vanguardia obrera y juvenil para preparar una respuesta ante el ataque sobre la provincia y la clase trabajadora.

El Contra Cordobazo

Pablo Bonavena afirma que “El caso cordobés es el más impactante de todos. Es evidente que en conjunto de las jurisdicciones políticas Córdoba tenía una significación especial. La política encarada por Perón encontraba en la provincia la principal resistencia en sectores de la clase obrera, que lograron incluso alinear en más de una oportunidad al vacilante gobierno de Obregón Cano y Atilio López contra el Pacto Social (…) La forma que asumió, evidentemente, se correspondió con el peso y grado de desarrollo de la clase obrera local. Es evidente, asimismo, que Perón buscó un efecto ejemplificante (…) con el golpe dado en Córdoba trató de demostrar que la subordinación era la única alternativa que tenían los diferentes mandatarios provinciales” (Bonavena, pág. 234. Resaltado propio).
El 28 de febrero del ‘74 se lleva adelante el golpe policial instigado por Perón y encabezado por el Teniente Coronel (RE) Antonio Domingo Navarro. El golpe se apoya en la burocracia sindical peronista y el aparato del PJ local. Su “legitimidad” la aporta la campaña que venía desarrollando el peronismo de derecha contra el gobierno provincial. A eso se sumaban las declaraciones de Perón que había definido a Córdoba como un “foco de infección”. Señalemos además que, mientras Obregón Cano y Atilio López eran derrocados, se reunía el Congreso “normalizador” de la CGT provincial, con la presencia del Ministro de trabajo de la Nación, Ricardo Otero. Pocos días después, un decreto con las firmas del mismo Perón y de Benito Llambí, ministro del Interior, legalizaba la intervención federal. Así, el poder político pasaba al sector más reaccionario del peronismo. Éste, tomando el control del aparato de gobierno provincial, lo convertirá en una herramienta para intentar derrotar a la vanguardia obrera.

La “parálisis” de las masas

En un artículo publicado en el libro Lucha de clases, guerra civil y genocidio en Argentina, Pablo Bonavena señala que, frente al Navarrazo “no se registraron acciones de masas importantes en defensa del gobierno” (Pág. 226). Podemos agregar que tampoco se registraron acciones de la vanguardia combativa del movimiento obrero, influenciada por sectores de izquierda. La ciudad donde dos veces las masas habían golpeado sobre el régimen, derrotando a la policía en las calles; donde las barricadas se habían mostrado como la hoguera que iluminaba a todo el país, se veía ahora completamente impotente para dar una respuesta al Golpe de Navarro.
Los independientes, con Luz y Fuerza a su cabeza, dirigida por Agustín Tosco, tenían peso en 11 gremios. Desde el año 1972, el SMATA, uno de los tres gremios más poderosos de la provincia (junto a UTA y Luz y fuerza) se hallaba dirigido por la lista Marrón, lista clasista de René Salamanca (PCR). A su vez, los sectores alineados dentro del peronismo legalista (Atilio López), tenían peso de conducción en más de 20 gremios. Esto, de conjunto, expresaba una fuerte combatividad en sectores del movimiento obrero, incluso a pesar de la derrota de SiTraC-SiTraM en Octubre de 1971.
Es evidente la contradicción entre el peso del movimiento obrero combativo y su incapacidad de reaccionar ante el golpe. ¿Cómo se llegó a esta situación? Las fuerzas de la izquierda entre la clase trabajadora no tuvieron la perspectiva de desarrollar una política independiente frente al peronismo que permitiera enfrentar el accionar contrarrevolucionario que éste desplegaba desde el 20 de junio de 1973, con la masacre de Ezeiza. Allí se mostró parte del “programa” de Perón para frenar el ascenso revolucionario en Argentina. Ante este escenario, las corrientes combativas y de izquierda (que incluso se definían como revolucionarias como el caso del PCR) evidenciaron notables limitaciones políticas.

La confianza en Perón desemboca en el pacifismo

Aquí hemos apuntado nuestras críticas sobre Tosco, incluyendo los límites con los que el Sindicalismo de liberación se enfrentó ante el Navarrazo. Señalamos allí lo que consideramos una visión etapista de la lucha revolucionaria, en la cual la clase obrera peleaba junto a los sectores de la burguesía nacional contra el imperialismo y la oligarquía aliada a ella. Esta perspectiva alejaba a la vanguardia obrera de la dinámica real de la lucha de clases en curso, impidiéndole ver el rol que jugaba Perón como actor determinante de la ofensiva contra la clase trabajadora.  
La concepción de Tosco lo llevaba a presionar sobre el peronismo, buscando aliarse a su ala izquierda para combatir a la derecha y ganar la dirección del movimiento.  Pero sólo podía llevar adelante esa política si se abstenía de denunciar a Perón, con el que Montoneros no quería romper. Esto se expresará de manera trágica alrededor del Navarrazo y el rol jugado por Perón. Si antes del golpe, el MSC (Movimiento Sindical Combativo) se negaba a denunciar abiertamente a Perón y sólo atacaba a la derecha del gobierno, días después del Golpe Policial seguirá repitiendo lo mismo. Tosco llegará a afirmar que lo que el gobierno central no entiende es que apoyando a Navarro está dando carta blanca a muchos “navarros” que en el día de mañana no van a alzarse ya contra un gobernador sino, precisamente, contra el mismo presidente” (resaltado propio). El 15 de marzo de ese año, en una entrevista en la Voz del Interior dirá "Perón es un especulador (…) sensible en grado máximo ante las presiones de la derecha. Y la derecha peronista tiene su convalidación en Perón”. La realidad es que Perón no tenía un problema de “comprensión” sobre la situación o un exceso de “sensibilidad” ante la derecha peronista. Era quién dirigía la política tendiente a derrotar, apelando a la fuerza, a las corrientes que izquierda que influenciaban en el movimiento obrero. Por eso había que denunciar activamente su papel y aportar a que las masas obreras avanzaran en su experiencia con el peronismo en el poder, algo que no llevaban adelante ni Tosco ni Salamanca como parte del MSC.
Esta ausencia de preparación política influye, en el terreno militar, en el momento del Navarrazo. En este post reflejamos una entrevista a Tosco, en el cual, éste señalaba “Se están haciendo actos relámpagos, algunas asambleas de fábrica, etc. (…), pero hay una relación de fuerzas básica que está dada por el teniente coronel Navarro y su policía con las armas en la mano. Centenares de fascistas armados y entrenados bajo la conducción de organismos policiales y parapoliciales”. Esta relación de fuerzas no era el resultado de grandes derrotas del movimiento obrero y de masas, sino de la ausencia de una preparación de las mismas para este tipo de ataques. La lucha de clases superaba las fronteras de la legalidad burguesa y las corrientes de izquierda seguían actuando dentro de las mismas.Estos lo desarrollaremos más extensamente en la segunda parte de este post. 


viernes, 7 de junio de 2013

El PO ¿perdido en el SMATA Córdoba?


Por Eduardo Castilla y Guillermo Torrent

En una reciente nota publicada en Prensa Obrera y firmada por Jorge Navarro, el autor parece poner de manifiesto una completa incomprensión de lo que pasa dentro del SMATA Córdoba, además de una enorme falta de lectura de los diarios o de seguimiento de los medios de comunicación. Incluso, la nota entra en contradicción con lo señalado pocos días antes en un comunicado firmado por Eduardo Salas. Confiamos en que la redacción de Prensa Obrera sabrá explicar estas contradicciones. Pero no podemos dejar de formular algunos puntos de respuestas.

Un “catastrofismo” a prueba de balas (o a prueba de la realidad)

El autor de la nota tiene que inventar una presunta crisis de la rama automotriz, justo en el mes en que la industria de esta rama se encuentra con números record. Como se dice acá, una de los sectores “protegidos” de los golpes de la crisis internacional, por ahora,  es la industria automotriz que en Mayo, logró ventas altísimas. Con solo hablar con cualquier trabajador de la industria automotriz se conocerá el aumento de los ritmos de producción en las líneas de montaje. De esa supuesta crisis, que sólo el autor de la nota ve, desprende la crisis política y la renuncia de Dragún.
Pero este recurso a su propia imaginación, en realidad busca ningunear la gran pelea que vienen llevando adelante los trabajadores de VW. Pelea tanto contra los despidos discriminatorios de 19 obreros como contra el Fraude que cometió la burocracia del SMATA en las pasadas elecciones de delegados de noviembre del 2012. La pelea contra el fraude y los despidos (que son consecuencia de éste) viene siendo ampliamente difundida en todos los medios de comunicación, locales e incluso nacionales. La solicitada aparecida en Página 12 el Domingo 26 de mayo, con la firma de diputados, legisladores, dirigentes sindicales y personalidades de los DDHH es una muestra de cómo se ha hecho conocida esta pelea.
Los trabajadores de VW en lucha, integrantes de la Lista 2 (a la que el autor de la nota ni siquiera nombra, vaya a saber si por desconocimiento o por pedantería) vienen peleando claramente contra el fraude de noviembre del año pasado. La nota llega a hacer la increíble afirmación de que “Un activismo viene ganando protagonismo en Smata, incluso recuperando cuerpos de delegados como en VW”. No sabemos si el autor estuvo ausente de la provincia por dos años, si no lee los periódicos (ni siquiera el propio, ver Prensa Obrera 1249) si considera “activismo” a los delegados truchos de la burocracia o sí, directamente, con el objetivo de ningunear la pelea contra el fraude, tiene que hacer estas artimañas. Suponemos que alguna explicación hay. Pero la nota de conjunto apunta a menospreciar esta importante pelea contra una de las burocracias más duras que tiene la provincia. Una burocracia tan pro-patronal que por ello Dragún fue elevado al cargo de Ministro para intentar controlar al conjunto del movimiento obrero.
Lo que el autor de la nota “no quiere ver” a pesar de que todos los medios lo afirman (y los mismos trabajadores dentro de las plantas así lo ven) es que la renuncia de Dragún está estrechamente ligada a esa dura pelea de los trabajadores de VW. El autor de la nota señala que “El mismo día que renunciaba Dragún, una patota del Smata agredía a los compañeros despedidos de VW que se encontraba volanteando en las puertas de Iveco” no ligando de ninguna forma los dos hechos. Pero precisamente Dragún renuncia al Ministerio porque en el SMATA empieza a crecer una importante oposición, de la cual, los trabajadores de VW son un referente central. Esto no niega que la gestión de Dragún estaba relativamente en crisis, por ejemplo actuando como agente directamente patronal imponiendo las conciliaciones obligatorias en cada conflicto y con el rol directamente criminal que tuvo ante las muertes de los trabajadores de la construcción, pero no ver el peso de la acción de los obreros de VW es una miopía política.
Para el autor todo se trata de una crisis “por arriba” menospreciando esta pelea ¿Será por esto que el PO prácticamente no viene participando de ninguna de las actividades de los trabajadores en lucha? No  participó del volanteo que se hizo en la puerta de Iveco (donde enfrentamos a la patota) ni de los que se hicieron en Fiat este martes o ayer en Renault, que además de difundir su lucha sirvió para denunciar los despidos hormiga que hay en la industria automotriz, que se confirman hoy con tres despidos más en esa fábrica. Tampoco participó de la reunión que se hizo en la Legislatura el miércoles pasado con los trabajadores. Tanto el PTS como los compañeros y compañeras de Izquierda Socialista vienen participando activamente de estas instancias. El PO, que escribe permanentemente contra el “inmovilismo” del PTS, podría tomar nota del suyo propio.

Mirando desde afuera

Precisamente porque está por fuera de esta pelea, el autor de la nota menciona que el fallo del Ministerio de Trabajo de la Nación sobre los despidos como discriminatorios sólo tiene valor  "testimonial". Esta valoración sólo la puede hacer alguien ajeno completamente al conflicto, que no ve la importancia enorme que tiene para la moral de los trabajadores en lucha.
Son pequeños pero importantes triunfos políticos en su lucha, en el marco de una provincia dominada por los grandes monopolios, habiendo sido dejados a la deriva por su conducción sindical (que incluso es la misma de la CGT) y que tienen que dar esta pelea en el marco del miedo en las grandes automotrices, donde la burocracia de Dragún disciplina por medio de las patotas y las amenazas de despidos, como empieza a hacer en Renault. No hace falta aclarar que ningún dictamen de un ministerio suplanta la lucha real de los trabajadores, pero negar la utilización de las contradicciones políticas de la clase capitalista y los mecanismos de la democracia burguesa a favor de las luchas obreras, es un sectarismo abierto o propio de un comentarista completamente pasivo de las peleas de la clase trabajadora.
El PO que, a diferencia del PTS, no ha estado presente en la industria automotriz en todos estos años, sigue mirando las luchas de esta rama, desde afuera. Por el contrario, nuestro partido, peleando en condiciones difíciles, en momentos de crecimiento económico y alto conformismo social, participó activamente de las luchas de Cargo (2005 y 2006) y la gran pelea de Iveco contra los despidos de contratados (2008-2009) donde nuestro compañero Hernán Puddu fue expulsado del SMATA y despedido por la patronal por oponerse a los despidos. Ahora, desde el PTS, venimos colaborando activamente desde el primer día con esta importante lucha de los trabajadores de VW.
Por su parte, el PO en estos meses se dedicó a señalar que un lugar clave de su intervención política era la UTA que viene protagonizando distintas medidas de lucha. Aquí señalaron que “Nuestra intervención, y la de la agrupación clasista Ortuta en los últimos 6 meses ha sido un factor decisivo para esta lucha. La presentación del proyecto de ordenanza en el Concejo Deliberante contra la privatización de Tamse obligó a la misma conducción a apoyarlo en asambleas”. Pero la política de la conducción de la UTA viene siendo corporativa, no tomando en cuenta a los usuarios, lo que está provocando un creciente aislamiento de este sector de trabajadores. Sector que ha demostrado un enorme potencial social al paralizar la ciudad y una gran predisposición a la lucha, pero una importante limitación (por responsabilidad de su dirección) a la hora de forjar una  alianza con el pueblo trabajador para avanzar en esta pelea.
Por más que lo buscamos, no logramos encontrar la posición independiente de la agrupación que influencia el PO o del mismo PO ante esta situación. Nos preguntamos, ¿se trata de una adaptación a la política de la conducción de UTA? No lo sabemos. Suponemos que el PO no nos acusará no estar en contra del paro de la UTA. Pero a esta altura, a lo mejor pecamos de ingenuos, entonces les dejamos los links de Giro a la Izquierda donde apoyamos abiertamente los paros de la UTA (ver acá y acá)

La construcción de una izquierda de los trabajadores

El planteo de “fusionar la clase obrera con la izquierda revolucionaria”, votado por el Congreso del PO, sólo se puede lograr mediante una acción consciente de la izquierda revolucionaria intentando actuar sobre el movimiento obrero y buscando que la clase o fracciones de la misma avancen en su organización y confianza en sus propias fuerzas.
La crítica del PO al “inmovilismo” del PTS se reduce a criticar la ausencia de charlas en diversos lugares, como viene haciendo el PO desde hace meses, en un adelantamiento de la campaña electoral. Pero esto sólo es insuficiente para efectivamente forjar una izquierda que esté directamente fusionada con la clase trabajadora. Para ello se hace imprescindible, junto a la necesaria agitación de las ideas revolucionarias por todos los medios y utilizando ampliamente la conquista del FIT, la participación activa en las luchas obreras, con una política independiente, que enfrente a la burocracia sindical y se proponga organizar fracciones clasistas en el movimiento obrero. Estas fueron las peleas que dimos en Cargo y en IVECO en momentos mucho más difíciles que los actuales, mostrando una continuidad como corriente al interior de una fracción central del movimiento obrero de Córdoba.
Esas peleas ayudaron a que emergiera una joven figura política de la clase obrera como es nuestro compañero Hernán Puddu, referenciado abiertamente en la pelea contra los despidos en las automotrices y contra el burócrata Dragún, lo que se expresó en las elecciones de Octubre de 2011, donde su candidatura a diputado nacional obtuvo 80 mil votos, logrando el resultado más importante del FIT en todo ese año. Esto evidencia que la construcción de una corriente política de izquierda revolucionaria, con influencia en el movimiento obrero, no puede hacerse por fuera de la participación activa en sus luchas, aportando a que den pasos concretos en su triunfo.