sábado, 28 de enero de 2017

Trump y el nuevo-viejo desorden mundial


Este viernes, desde las páginas del diario La Nación, Natalio Botana se preguntaba por la legitimidad histórica de Occidente, puesta en cuestión por Trump. Hace poco menos de una semana, en El País de España se leía el llanto de lo políticamente correcto, que descargaba su furia sobre Trump y la derecha que se desarrolla a escala europea. El llanto era por renegar de los “valores históricos” del último medio siglo.

En última instancia lo que abre la gestión Trump es un nuevo salto en la crisis del orden neoliberal golpeado por la crisis económica abierta a partir de 2007-2008 y que, en los últimos años, no cesaba de profundizarse.  

Ese orden mundial de la segunda posguerra ya venía siendo cuestionado. Las instituciones como la ONU habían sido ninguneadas por un furioso George Bush hijo, empujando la ofensiva sobre Irak más allá del consenso del Consejo de Seguridad. Esto pasó hace casi 14 años.

Si el “mundo multilateral” pudo volver por una serie de años –y en forma degradada- fue como resultado del fracaso del intento de imponer un “nuevo siglo americano” por parte de los halcones republicanos. Anotemos que algunos de ellos han recalado hoy en la flamante administración Trump. Obama fue la cara de esa multilateralidad degradada como resultado de la experiencia político-militar desastrosa en Medio Oriente. El llamado “soft power” fue una elección forzada. Y agreguemos que de “soft” también tuvo poco. Los drones no son precisamente elementos para generar paz.

La primera semana de Trump al frente del Gobierno sacudió el tablero político internacional. “America first” fue la consigna que permitió dar la orden efectiva de construir un muro con México; poner en una crisis profunda la relación político-comercial con ese país y tensar las relaciones con el resto del mundo “occidental”.

Vamos por el mundo amenazando es la consigna. La embajadora de EE.UU. en la ONU se encargó ayer de dejar bien claro que quienes no respalden a la nueva administración “sepan que vamos a apuntar sus nombres”. Ya China había recibido su dosis de matonismo trumpista.

Tanta prepotencia tiene límites. En el caso puntual de México, EEUU no puedo imponer una subordinación a piacere. La propia clase capitalista mexicana tiene sus mandamases, como Carlos Slim –uno de los 8 individuos más ricos del planeta- que ayer salió a respaldar el llamado a la “unidad nacional” para enfrentar a negociator Trump.

El discurso de “América first” tiene también sus límites en el interior de sus fronteras. Trump amanece a su presidencia después de haber sido derrotado por casi tres millones de votos en el conteo general. Solo el legalmente  fraudulento sistema electoral norteamericano permite que, a pesar de ello, sea hoy presidente. Su día uno de gobierno estuvo marcado por masivas movilizaciones en todo el país, que sumaron una cifra similar de personas.

El viejo nuevo desorden mundial se radicaliza de la mano de Trump.



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