lunes, 21 de mayo de 2012

La concepción de fascismo en Trotsky, una crítica a la lectura de Poulantzas


  
Por Paula Schaller
El próximo mes de agosto se cumplirán 72 años del asesinato de León Trotsky. Su legado es tan rico que contiene no sólo la herencia de su gran experiencia revolucionaria, su combate contra la burocratización del primer Estado obrero de la historia, su teoría-programa de la revolución permanente, sino asimismo toda una serie de desarrollos teóricos que enriquecieron y vivificaron la teoría marxista al calor de los novedosos acontecimientos históricos que vivió. Entre estos se encuentran sus elaboraciones sobre el fascismo y los diversos tipos de bonapartismos surgidos de la degradación de la democracia parlamentaria. De hecho, es posible ubicar a Trotsky como el marxista revolucionario que más agudamente captó la dinámica de los regímenes políticos de entre-guerras, con todos los fenómenos que estos presentaron y combinaron, dando como resultado diversas formas de dominación transicionales para las que había que desarrollar herramientas de explicación como base para la intervención política. Esto es reconocido por teóricos como Perry Anderson, quien matizando la extendida concepción que ubica a Gramsci como el pensador más lúcido sobre las formas de dominación occidentales, plantea: el conocimiento de Trotsky sobre Alemania, Inglaterra y Francia era en realidad mayor que el de Gramsci. Sus escritos sobre las tres formaciones sociales más importantes de Europa occidental en el período de entre guerras son inconmensurablemente superiores a los de los Cuadernos de la cárcel. Contienen ciertamente la única teoría desarrollada del estado capitalista moderno en el marxismo clásico en sus textos sobre la Alemania nazi.[1] Precisamente por su gran significación teórico-política, las definiciones de Trotsky sobre el fascismo y el bonapartismo han sido ampliamente discutidas desde diversas corrientes, tanto en el momento de su formulación como a posteriori. Una de estas críticas es la que proviene de Nicos Poulantzas, que en su conocida obra Fascismo y dictadura, donde emprende una crítica al abordaje teórico que la III Internacional de Stalin realizó en torno al fenómeno del fascismo, plantea que la concepción de Trotsky era igualmente mecanicista que la de aquella. Si bien la obra de Poulantzas no está centrada en la crítica a la noción de Trotsky, a la que incorpora como un aspecto subsidiario de su análisis de conjunto, aquí la abordaremos en la medida en que entendemos habilita a conclusiones generales erróneas al igualar dos perspectivas contrapuestas, cuestión que no sólo resulta infundada desde la óptica de los elementos históricos sino que conduce a una interpretación vulgarizada de la dialéctica del pensamiento de Trotsky en este terreno.

Una crítica mecanicista
Poulantzas plantea que Trotsky parece no hacer caso de la crisis política especifica que caracteriza al fascismo. Se fija esencialmente en dos características, que son significativas, ya que demuestran, pese a todas las diferencias, que Trotsky compartía la visión de la Komintern. El fascismo correspondería a: 1) una guerra civil abierta de la burguesía contra la clase obrera insurreccionada, por lo tanto, a una ofensiva revolucionaria de esta, caracterización errónea por la cual Trotsky se acerca al Komintern. 2) Una característica general, obtenida de manera mecanicista, del periodo y que subestima la lucha especifica de clases: el fascismo sería el modo propio de apoyo de la burguesía declinante sobre la pequeño-burguesía, como lo fue el jacobinismo para la burguesía ascendente y la socialdemocracia para la burguesía en la época de su estabilización.[2]
Desglosando, el fascismo consistiría para Trotsky en una guerra civil abierta de la burguesía contra la clase obrera insurreccionada; a la vez que en una forma de dominación burguesa inherente a la época. Por el primer elemento, Poulantzas plantea que la caracterización de Trotsky coincide con la de la Komintern , que maximizaba las perspectivas revolucionarias alemanas; y por el segundo elemento que su análisis es determinista y subestima el peso de la lucha de clases. Señalemos primero que aquí hay una contradicción de orden formal, ya que ambos aspectos son de contenido excluyente: al mismo tiempo, Trotsky habría sobrevaluado y subvaluado el peso de la lucha de clases. Pero pasemos a demostrar que, además, esta crítica se basa en una  incorrecta lectura de Trotsky.
Los ´20 y los ´30: los análisis divergentes de Trotsky y la dirección de la Internacional
Fue Trotsky quien más insistentemente alertó sobre el peligro del advenimiento del fascismo en Alemania de no darse el proletariado una política correcta para enfrentarlo, señalando ante cada coyuntura la necesidad de partir del análisis de las tendencias reales.
Luego de 1923, tras lo que definió como una capitulación del Partido Comunista Alemán (PCA) al no organizar la insurrección cuando había condiciones favorables para ello[3], puso el acento no en el peligro fascista inmediato, como lo hacían el PCA y la Internacional , sino en el desarrollo de las organizaciones democráticas de dominación de la burguesía: el bloque de izquierdas en Francia, el Labour Party en Inglaterra, la socialdemocracia en Alemania. Coincidentemente, caracterizó que internacionalmente se estaban desarrollando las condiciones favorables para una coyuntura de estabilización relativa del capitalismo, donde la vanguardia proletaria debía, más que lanzar una ofensiva revolucionaria inmediata, prepararse organizativa y programáticamente para intervenir en el próximo período. Ya desde el IV Congreso realizado en 1922 Trotsky polemizó con Zinoviev y Bujarin, entre otros, quienes lo acusaban de desviaciones pacifistas por plantear la posibilidad de asentamiento, bajo determinadas condiciones sociales, políticas y económicas, de una próxima coyuntura democrático-pacifista de dominación burguesa. 
En su análisis, el problema de las relaciones recíprocas entre Estados Unidos y Europa estaba estrechamente ligado al estudio de las perspectivas de la situación alemana, puesto que la derrota de la revolución de 1923 había permitido al capitalismo norteamericano abordar de lleno la política de reducir a Europa a una nueva relación de fuerzas por la vía pacifica, al menos coyunturalmente. Señalaba que este aspecto no había sido considerado por la dirección del V Congreso de la Internacional , cuyas resoluciones se basaron en el análisis de la situación al interior de Europa, sin observar que el aplazamiento prolongado de la revolución europea hacía de la ofensiva de Estados Unidos contra Europa el eje de la situación mundial.[4] Trotsky insistió sobre este aspecto, planteando que era errónea la perspectiva de que la situación revolucionaria continuaba desarrollándose y que estuviese a punto de emprender en breve batallas decisivas[5], caracterización emparentada con una visión catastrofista de la economía internacional: podemos señalar las perspectivas siguientes para los años 1924-1925: graves crisis en Estados Unidos, una agravación de la situación económica de Europa y la posibilidad objetiva de luchas proletarias que desemboquen en éxitos[6], planteó Vargas, uno de los principales economistas de la Internacional , en su informe en el V Congreso.
Para definir que a mediados de los años 20 existían más tendencias hacia el asentamiento de regímenes democráticos que fascistas, Trotsky partió de analizar la situación de la relación entre las clases, los Estados y la economía, planteando que la ofensiva de EEUU sobre Europa:
“(…) tomaba el carácter de ‘consolidación económica, de normalización, de pacificación () y de saneamiento de los principios democráticos. () Habría sido necesario comprender que la infame ficción del pacifismo norteamericano, en combinación con los dólares (después de la derrota de la revolución alemana) debía convertirse y se convertía en el factor político más importante de la vida europea. La socialdemocracia alemana creció gracias a ese germen, y también a causa de él, en gran parte, progresaron los radicales franceses y el Labour Party ingles. Para contrarrestar ese frente enemigo hubiera sido necesario demostrar que la Europa burguesa no podía subsistir más que como vasallo financiero de los Estados Unidos: que el pacifismo de este país equivalía a la aspiración de imponer a Europa un racionamiento de hambre. Pero en lugar de tener en cuenta esta perspectiva para luchar contra la socialdemocracia con su nuevo culto del norteamericanismo, la dirección de la Internacional Comunista se orientó en un sentido contrario: se nos atribuyó una mezquina teoría sobre el imperialismo normalizado, sin guerras ni revoluciones, basado en el racionamiento norteamericano.[7]  
Mientras Trotsky sacaba estas conclusiones, Bujarin[8] sostenía, tres meses antes del triunfo del Labour Party en Inglaterra y el Bloque de las Izquierdas en Francia, que en casi toda Europa la situación es tal que no hay que esperar ni siquiera un breve intervalo de pacifismo, una apariencia de pacificación Europa entra en una fase de acontecimientos decisivos Alemania va, al parecer, a una guerra civil.[9]
Con la modificación de esta situación internacional hacia fines de la década del 20, momento en que la crisis económica desatada en Estados Unidos quebró la estabilización relativa lograda por el capitalismo en los años anteriores y comenzaron a acelerarse las tendencias hacia la guerra vía un aumento de las confrontaciones interestatales, Trotsky analizó un cambio en la situación europea y alemana particularmente. De caracterizar en el año 1923 que el fascismo no era la amenaza inmediata, planteaba ya desde el año 1930 que el proceso de polarización política entre las clases en Alemania lo convertía en un peligro inminente, mientras que la caracterización de la Internacional y el PCA recorrió el proceso inverso, minimizando ahora el peligro fascista.
Trotsky comenzó a definir la situación alemana como prerrevolucionaria, pero no de manera mistificada y lineal como un camino progresivo hacia la revolución inexorable, sino partiendo de las condiciones objetivas planteadas y el desarrollo de los elementos subjetivos, es decir, de la mecánica de clases, con una gran burguesía vacilante y dividida en torno a los métodos a aplicar para sanear la crisis social abierta:
la terapia socialdemócrata repele a un sector de la gran burguesía por la incertidumbre en los resultados y los excesivos gravámenes (impuestos, legislación social, salarios). El otro sector considera que la intervención quirúrgica fascista no corresponde a la situación y es demasiado riesgosa. ()  la burguesía financiera de conjunto vacila ante la evaluación de la situación, no ve suficiente base como para proclamar su propia ofensiva[10]
y una pequeño-burguesía que se inclinaba hacia el nacional-socialismo:
cuando la esperanza revolucionaria embarga a la masa proletaria, inevitablemente arrastra consigo por el camino de la revolución a sectores considerables y crecientes de la pequeño-burguesía. Es precisamente en esta esfera que la elección reveló el cuadro opuesto: la desesperación contrarrevolucionaria embargó a la pequeño-burguesía con fuerza tal que arrastró consigo a muchos sectores del proletariado. [11]
Trotsky ensaya una explicación de éste fenómeno a través de una comparación con el caso italiano. Allí, planteó, el fascismo había llegado al poder al final de una crisis revolucionaria en la cual la vanguardia proletaria reveló su incapacidad de ponerse a la cabeza de la nación y cambiar el destino de todas las clases, incluida la pequeño burguesía, como resultado del desaprovechamiento de una situación revolucionaria. Pero el problema en Alemania no surgía en las postrimerías de una crisis revolucionaria, sino cuando ésta se estaba acercando, lo cual constituía para él no el “lado débil” del fascismo sino del comunismo. De ese elemento, mientras Trotsky alertaba sobre el peligro del advenimiento del fascismo y la necesidad de preparar una política para enfrentarlo, la Internacional sacaba la conclusión de que éste, habiendo llegado demasiado tarde, estaba destinado a una derrota inevitable y rápida.
El mismo Dimitrov, secretario de la Internacional , reconoció en su informe al VII Congreso en 1935:
no podemos omitir una serie de errores cometidos por los partidos comunistas, errores que frenaron nuestra lucha contra el fascismo. En nuestras filas existía un imperdonable menosprecio del peligro fascista que todavía no se ha liquidado en todas partes. Semejantes concepciones como las que antes podíamos encontrar en nuestros partidos, como aquella de que Alemania no es Italia, en el sentido de que el fascismo pudo triunfar en Italia, pero su victoria estaba excluida en Alemania, por ser un país industrialmente muy desarrollado, un país con una cultura muy elevada, con tradiciones de cuarenta años de movimiento obrero, país donde el fascismo era imposible; o la concepción que se mantiene hoy de que en los países de la democracia burguesa clásica no hay base para el fascismo.[12]
Ahora bien, Poulantzas ubica en el centro de su crítica la consideración de Trotsky sobre el fascismo en tanto guerra civil abierta de la burguesía contra la clase obrera insurreccionada. Lo que nos lleva a preguntarnos ¿hubo revolución proletaria en Alemania, en lucha contra la cual se alzara victorioso el fascismo? Y seguidamente: ¿Planteó esto Trotsky en sus análisis?. Veamos.
En el artículo El viraje de la Internacional Comunista y la situación en Alemania, Trotsky analizó la situación alemana partiendo del siguiente esquema: “Una situación revolucionaria, que enfrenta al proletariado con el problema inmediato de la toma del poder, se compone de elementos objetivos y subjetivos, ligados los unos a los otros y hasta cierto punto condicionándose mutuamente. Pero ésta dependencia mutua es relativa. La ley del desarrollo desigual también se aplica a los factores de una situación revolucionaria.”[13] Y planteaba:
“¿Cuál es la situación alemana en éste sentido? Indudablemente estamos ante una profunda crisis nacional (economía, situación internacional). Parece no haber salida por el camino normal del régimen parlamentario burgués. Es absolutamente cierta la crisis política  de la clase dominante y su sistema de gobierno. Esto no es una crisis parlamentaria, sino una crisis de dominación de clase. Sin embargo, la clase revolucionaria todavía se encuentra profundamente dividida por las crisis internas. El fortalecimiento del partido revolucionario a expensas de los reformistas recién está en sus comienzos, y hasta ahora ha avanzado a un ritmo que dista de corresponder con la realidad.
La pequeño burguesía, al principio de la crisis, ya ha tomado una posición hostil al actual sistema de dominio capitalista, pero a la vez mortalmente hostil a la revolución proletaria.
En otras palabras, existen las condiciones objetivas básicas para la revolución proletaria. Está dada una de la serie de condiciones políticas (el estado de la clase dominante); la otra condición política (el estado del proletariado) recién empieza a volcarse hacia la revolución, pero debido a la herencia del pasado no lo puede hacer con mucha rapidez; finalmente, la tercera condición política (el estado de la pequeño burguesía) no se dirige hacia la revolución proletaria sino hacia la contrarrevolución burguesa. Así, nos encontramos ante una situación profundamente contradictoria. Algunos de los factores ponen la revolución proletaria a la orden del día; sin embargo, otros excluyen la posibilidad de su victoria en el próximo período, es decir, si previamente no se produce un cambio en la relación de fuerzas políticas.[14]
Hacia el año 1931, con el comienzo de la revolución española, la crisis económica norteamericana e inglesa y el aumento de las tensiones interestatales planteó, en el artículo La clave de la situación internacional está en Alemania, que los antagonismos políticos y económicos se habían desarrollado allí a un nivel tan profundo que la situación prerrevolucionaria debía transformarse en revolucionaria o en contrarrevolucionaria, ligando a éste desenlace las perspectivas próximas de Europa.                                                                   En función del análisis de las particularidades presentadas por la situación alemana, Trotsky afirmaba que el fascismo provenía de dos condiciones:
“por una parte, de una grave crisis social y, por otra, de la debilidad revolucionaria del proletariado alemán. La debilidad del proletariado, por su parte, tiene dos causas: en primer lugar, el papel histórico particular de la socialdemocracia, que es una agencia poderosa del capitalismo en las filas del proletariado; en segundo lugar, la incapacidad de la dirección centrista del Partido Comunista para unificar a los obreros bajo la bandera de la revolución. El factor subjetivo es para nosotros el Partido Comunista, porque la socialdemocracia es el obstáculo objetivo que hay que suprimir.[15]
Pese a la grave crisis social, -recordemos que en 1932 la crisis económica empeoró, alcanzándose la cifra de cinco millones de desocupados y cayendo gravemente los salarios y los subsidios de desocupación en términos reales-, este elemento subjetivo, que Trotsky consideraba  la clave de la situación, permaneció como un obstáculo, ya que pese a sus insistencias sobre la necesidad de impulsar el frente único obrero entre comunistas y socialdemócratas para enfrentar al fascismo, la Internacional y el PCA siguieron considerando a la socialdemocracia como fascista, negándose a una política de acción conjunta para enfrentar al verdadero fascismo. Por lo tanto, la situación revolucionaria caracterizada por Trotsky  no se convirtió en una revolución, cuestión para la cual era necesario una estrategia y una política correcta de la dirección del movimiento obrero: el PCA. Por eso en su artículo La tragedia del proletariado alemán: los obreros alemanes volverán a levantarse, el stalinismo jamás, de 1933, planteó que la gran tragedia de este proletariado, el más poderoso de Europa por su peso social, su tradición política y la fuerza de sus organizaciones, era que no había opuesto una resistencia organizada ante la llegada de Hitler al poder y sus primeras medidas represivas.                                   Análisis análogo hizo en torno del caso italiano, donde planteó que el fascismo había surgido como consecuencia directa de la traición reformista de la socialdemocracia al proletariado en el marco del ascenso revolucionario que en septiembre de 1920 culminó con la ocupación obrera de fábricas e industrias: La ruptura del movimiento revolucionario se transformó en el factor más importante del crecimiento del fascismo. En setiembre el avance revolucionario se detuvo y en noviembre ya se asistía a la primera demostración importante de los fascistas: la toma de Bolonia.[16]
Y es que en su concepción, el fascismo como forma de dominio excepcional ante una agudización de la lucha entre las clases no deviene de manera formal, mediante la ecuación: sólo hay fascismo si hay revolución proletaria abierta, ya que precisamente señaló el problema de la dirección política del movimiento obrero como un elemento de fortalecimiento del fascismo, en el marco de una situación objetiva de características revolucionarias partiendo del análisis de la situación económica, el estado de las clases fundamentales de la sociedad alemana y el desarrollo de las tensiones interestatales en el terreno internacional. 
Considerando haber demostrado hasta aquí que la caracterización realizada por Trotsky y los dirigentes de la Internacional  stalinizada sobre la situación alemana distaban mucho de ser coincidentes, pasemos ahora al segundo aspecto de la crítica de Poulantzas, vale decir, que el análisis de Trotsky sería determinista por inferir mecánicamente al fascismo de las características del período histórico del capitalismo declinante.
Linealidad histórica y subestimación del fascismo
Ya planteamos que la Internacional , escaso tiempo antes del triunfo del fascismo en Alemania, negaba de plano esta posibilidad. Así lo reconoció Dimitrov, recordando que esto no se concebía por el alto nivel de desarrollo económico alemán, en contraposición al atraso italiano que había posibilitado la reacción de los terratenientes encarnada en el fascismo. La concepción del fascismo como "reacción agraria" implicó un gran debate en el IV Congreso de la Internacional , en el año 1922, en el que Zinoviev, en oposición a la tesis de Trotsky, Bordiga y de Radek, explicaba el fascismo como reacción política de la aristocracia terrateniente.[17] Tal como explica González Calleja en su análisis sobre los modelos de interpretación del fascismo: El IV Congreso de la Comintern (1922-23) explicó el fascismo como un fenómeno () propio de países () que presentaban aún una importante estructura agraria tradicional () Zinoviev logró hacer prosperar la tesis de que el fascismo era un fenómeno esencialmente reaccionario que representaba los intereses agrarios en los países atrasados.[18]
Con posterioridad al acenso del fascismo en Alemania esta tesis de la dirección de la Internacional se invirtió por el vértice, aunque manteniendo su error metodológico de matriz. En su informe al XIII Plenario del Komintern, W. Pieck sintetizó: el nacionalsocialismo había llegado al poder al país industrialmente más adelantado a causa precisamente de ese adelanto económico.[19] En esta verdadera operación de inversión, se argumentaba que el adelanto económico de Alemania habría hecho de este país, el más fuerte industrialmente, el lugar en que el capitalismo estaba más podrido y descompuesto. En ambos casos, el análisis partía de una concepción fuertemente economicista y determinista, donde la posibilidad de emergencia de los fenómenos políticos era deducida mecánicamente de la base estructural avanzada o atrasada de cada formación social, subestimando el desarrollo de los factores subjetivos y la mecánica específica de clases.
Esta perspectiva llevó a la Internacional , desde su VI Congreso en el año 1928, a una permanente subestimación política y teórica del peligro fascista, planteando que el mismo no podía asentarse ni subsistir, sino que sólo sería un episodio pasajero en el camino hacia el triunfo revolucionario. En esta concepción evolucionista de la crisis económica y de la inminencia abstracta de la revolución, el fascismo no podía representar un viraje o una etapa de la lucha de clases, una derrota que actuara como contratendencia de la tendencialidad catastrófica que articulaba el pensamiento político de la Internacional. Así lo sintetiza Jean Jeacques Marie en opinión del hombre de Stalin que estaba a la cabeza de la Internacional , Manuilski, en muchos países capitalistas altamente desarrollados el fascismo será la última fase del capitalismo antes de la revolución social, cuyo desencadenamiento será precipitado por la victoria de aquél.[20] De hecho, el Presidium del Comité Ejecutivo de la Internacional , inmediatamente después de la subida de Hitler al poder, planteó la Alemania de Hitler corre a una catástrofe económica que cada vez se dibuja de manera más inevitable La calma momentánea después de la victoria del fascismo no es más que un fenómeno pasajero. La marea revolucionaria subirá ineluctablemente en Alemania a pesar del terror fascista.[21] En éste momento, Trotsky  escribía:
“Entre la gran cantidad de literatura dedicada al problema del fascismo, basta con referirse al discurso de Thaelmann, dirigente oficial del Partido Comunista Alemán, quién, en el Plenario del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista celebrado en 1931, denunció a los pesimistas, es decir, a los que sabían prever, en los siguientes términos: No nos hemos dejado llevar por el pánico () hemos () constatado que el 14 de septiembre (1930) fue en cierto sentido el día del apogeo de Hitler, y que luego no conocerá días mejores sino peores. Los acontecimientos confirman nuestra caracterización de ese partido () Hoy los fascistas no tienen razón alguna para reír. () Hoy Tahelmann se encuentra en la cárcel () pero la política de Tahelmann es la política de Stalin, es decir, la política oficial de la Komintern. Es justamente esta política la causante de la desmoralización total del partido en el momento de peligro () Una teoría política falsa lleva su propio castigo: la fuerza y la obstinación del aparato sólo aumentan las dimensiones de la catástrofe.[22]
Vemos entonces que en los análisis de la Internacional , a la subestimación del fascismo como posibilidad, se sumó, una vez llegado este al poder, la hipótesis complementaria de que, en tanto simple episodio pasajero en el proceso mecánico que llevaría ineluctablemente de la crisis económica a la revolución, se hundiría por sí mismo en función de sus contradicciones internas. De esta manera, el fascismo era considerado como una fase transitoria dentro del proceso económico-social de la revolución necesaria e inminente, considerado por lo tanto como un momento positivo en la medida en que actuaba como acelerador del ritmo del proceso revolucionario: Por su política aventurera, el fascismo lleva las contradicciones internas del capitalismo alemán a la exasperación, y conduce Alemania a la catástrofe. Así va tomando cuerpo el inmenso movimiento de avance revolucionario en Alemania. El establecimiento de la dictadura fascista abierta precipita el ritmo de desarrollo hacia la revolución proletaria, planteaba el órgano de la Internacional. Esta consideraba positivo al fascismo en tanto que expresión directa de la crisis económica catastrófica del capitalismo. Así, se afirmaba: la dictadura fascista es el gobierno político más débil de la burguesía en Alemania.[23] Incluso ya llegado Hitler al poder, en el año 1934, la Internacional seguía sosteniendo los fascistas son califas de una hora. Su victoria no es duradera y después de ella se impondrá rápidamente la revolución proletaria. La lucha por la dictadura del proletariado está a la orden del día en Alemania.[24]
Trotsky discutió con ésta caracterización optimista, a la que veía como un medio de autoconservación política de la dirección de la Internacional y el PCA para evitar sacar lecciones de su propia responsabilidad en la derrota.  Planteó que, en primer lugar, la victoria del fascismo determinaría una guerra inevitable contra la Unión Soviética , y, en segundo lugar, ocasionaría el exterminio de la elite del proletariado alemán y la destrucción de sus organizaciones.[25] Polemizó contra el argumento de que los obreros alemanes organizarían la insurrección contra Hitler porque éste no cumpliría sus promesas, visión que tildó de mecanicista. En el artículo ¿Cuánto tiempo permanecerá Hitler?, del año 1934, planteó:
  una revolución no es el castigo automático para estafadores, sino un complejo fenómeno social que surge cuando están presentes una serie de condiciones históricas. () La desorientación y división de las clases dominantes; la indignación de la pequeño-burguesía; su pérdida de fe en el orden existente; la creciente actividad militante de la clase obrera; una política correcta del partido revolucionario[26].
Analizó entonces la dinámica de estos factores, planteando que el ascenso al poder del fascismo había reducido los antagonismos entre las clases dominantes existentes a principios de los años 30, agrupándose ahora todas estas bajo el ala del gobierno: el antagonismo entre los agraristas y los industrialistas, así como entre grupos disidentes industrialistas, no ha desaparecido, pero se ha  templado.[27] Respecto de la pequeño-burguesía, analizó que ésta había sido disciplinada por el gobierno a través de una maquinaria militar que surgía de su propio seno: las clases medias se han convertido en el mayor sostén del orden[28], mientras que la clase obrera estaba atomizada producto del ascenso al poder del fascismo: si hasta hace pocos meses se encontraba por culpa de sus dirigentes- incapacitada para defender sus poderosas posiciones legales del asalto de la contrarrevolución, ahora después de la derrota está inconmensurablemente menos preparada para llevar un ataque a las poderosas posiciones legales del fascismo.[29]
Respecto del estado del partido revolucionario, el PCA, planteó que éste se encontraba en una situación crítica: el Partido Comunista no existe, su aparato, privado del aire purificador de la crítica, se está asfixiando en una profunda lucha interna.[30] De lo cual deducía que, lejos de una situación revolucionaria como proclamaba abstractamente la Internacional , Alemania estaba experimentando una consolidación de la contrarrevolución: las tácticas realistas no pueden desarrollarse sin una perspectiva correcta. No puede haber una perspectiva correcta sin comprender que no es una maduración de la revolución lo que tiene lugar en Alemania, sino una profundización de la contrarrevolución fascista; ¡Y no son la misma cosa!.[31] De lo cual no extraía conclusiones fatalistas, sino que planteaba una orientación acorde a la situación política real: Antes de que sea pasible el combate decisivo, la vanguardia proletaria deberá reorientarse, () comprender claramente qué ha ocurrido, repartir las responsabilidades de la gran derrota histórica, trazar el camino nuevo y recuperar la confianza en sí misma.[32]
Fascismo y  lucha de clases
Si bien Trotsky analizaba al fascismo como un tipo de régimen específico de la época de decadencia capitalista, esto no implicaba que lo infiriera como forma política de dominación burguesa inevitable, orgánica, a dicha época.
Lejos de cualquier inferencia mecánica de la declinación capitalista, la explicación de Trotsky ponía el acento, precisamente, en la agudización del conflicto entre las clases  que la misma motorizaba.  Como analizó el historiador Alberto Pla, el fascismo para Ttrotsky se presenta como resultado de un ciclo político que involucra toda una serie de fases de cambios, giros, saltos, retrocesos, modificaciones dialécticas en las relaciones entre las clases, hasta llegar al establecimiento de las condiciones que posibilitaban su asentamiento. En su Último artículo, borrador encontrado en su mesa de trabajo al momento de ser asesinado, Trotsky se encontraba desarrollando un análisis sobre las características del fascismo. Allí establecía:
“Tanto el análisis teórico como la rica experiencia histórica del último cuarto de siglo han demostrado con igual fuerza que el fascismo es cada vez que se presenta el vínculo final de un específico ciclo político compuesto de los siguientes elementos: la más breve crisis de la sociedad capitalista; el aumento de la simpatía hacia la clase obrera y un deseo de cambios por parte de la pequeño-burguesía rural y urbana; la confusión extrema de la gran burguesía; sus maniobras dirigidas a impedir el ascenso revolucionario; el cansancio del proletariado, su confusión e incluso indiferencia; la agravación de la crisis social; la desesperanza de la pequeño-burguesía, su deseo de cambio y la psicosis colectiva que la induce a creer en milagros; su disposición para aceptar medidas violentas, su hostilidad creciente hacia el proletariado que ha defraudado sus expectativas. Estas son las premisas para una rápida formación del partido fascista y su victoria.”[33]
 
Para Trotsky, pues, el fascismo se correspondía con una coyuntura específica de la lucha de clases, en que la burguesía, para imponer su propia salida ante una situación de lucha social aguda, debía sofocar las libertades democráticas y recurrir a la destrucción de las organizaciones del movimiento obrero. Consideraba al fenómeno en su dinámica viva, y no como un mero subproducto, manifestado en la esfera superestructural,  de la crisis económica. Es decir que si bien en su análisis existe una relación entre el sentido de la curva de desarrollo capitalista y  las bases para el desarrollo o tendencias al agotamiento de determinado tipo de regímenes políticos, o lo que en otros términos equivale a decir que existe una relación entre las bases económicas y la superestructura política, esta relación no es de ninguna manera mecánica, sino que está influenciada y, en última instancia, determinada, por la acción en la esfera política, en la cual se motorizan los intereses de clase. Para Trotsky, el advenimiento del fascismo no estaba inscripto en la mecánica de la evolución económica, sino que era el producto de las relaciones económicas, ideológicas y centralmente políticas entre las clases sociales del capitalismo en su época de declinación; y podía ser evitado en función de los resultados a los que llevara la lucha de clases.
“Gradualismo” vs. “dialéctica de la ruptura”
Contra toda interpretación determinista, Trotsky polemizó con la concepción gradualista de la Internacional , que se negaba a establecer diferencias cualitativas entre la democracia burguesa y el fascismo, planteando que éste devenía orgánicamente de aquella. En el informe de Maniulski al XI Plenario de la Internacional Comunista , se planteaba: El fascismo crece de manera orgánica de la democracia burguesa. El proceso de paso de la dictadura burguesa a formas abiertas de represión constituye la esencia de la democracia burguesa. O: Alemania demuestra que el paso de la democracia al fascismo es un proceso orgánico que se desarrolla sin acontecimientos particularmente sorprendentes y explosivos, sin un punto culminante notable, pero que puede realizarse de una manera gradual y sobre la vía fría. [34]
Contra estos argumentos, en su artículo Democracia y fascismo, Trotsky planteaba:
El IX Plenario del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista juzgó indispensable acabar con las falsas concepciones que se apoyaban en la interpretación liberal de las contradicciones entre fascismo y democracia burguesa, así como entre las formas parlamentarias de la dictadura burguesa y las formas abiertamente fascistas. El sentido de esta filosofía  estalinista es muy simple: del rechazo marxista de la contradicción absoluta, se deduce la negación de toda contradicción, aún de la relativa.[35]
Así, vemos que además de contrapuntos teóricos y políticos, en el análisis de Trotsky encontramos  grandes diferencias metodológico-filosóficas con el de los teóricos de la Internacional.
Lejos del empirismo objetivista de estos, el pensamiento de Trotsky se fundaba en el análisis dialéctico. En el método de Trotsky encontramos que uno de los más importantes principios consiste en la transformación de cantidad en calidad, que permite destrabar cualquier antinomia formal entre forma/ contenido. En este sentido, la concepción de Trotsky era la siguiente: la antinomia lógica de contenido y forma (no posee) un carácter absoluto. Contenido y forma cambian de lugar. El contenido crea nuevas formas de sí mismo. En otras palabras, la correlación de contenido y forma conduce, en último análisis, a la conversión de cantidad en calidad.[36] Permanentemente Trotsky esbozó una visión que se oponía tanto al subjetivismo como al objetivismo, ubicando la actividad del sujeto como parte de la realidad objetiva, con múltiples determinaciones en ambos sentidos. En este sentido, partir del mecanismo de conversión de cantidad en calidad tiene un importante peso en su análisis político y el lugar que ocupa el concepto de transición en el mismo.[37]
Desde esta base lógica partía para analizar las transformaciones en las relaciones entre las clases, planteando que para que se diera este movimiento como conversión dialéctica, era necesario el fortalecimiento de algunos factores que implicaba a su vez el debilitamiento de otros. Así, las transformaciones de cantidad en calidad eran, para Trotsky, lo crítico en la dialéctica, ocasionando, por acumulación de cambios, saltos que conducían a transformaciones de calidad. Tal como plantea Ariane Diaz, lejos del gradualismo determinista, la concepción de Trotsky puede ser ubicada como una dialéctica de la ruptura.[38] Ligado a esto, vale plantear que otra de las leyes de la dialéctica importante en el sistema de pensamiento de Trotsky, y estrechamente relacionada con la anterior, es la de conversión de una posibilidad abstracta en una necesidad concreta. Respecto a ésta, decía ¿se define cada vez por una combinación de condiciones materiales definidas? Así, de la posibilidad de una victoria burguesa sobre las clases feudales hasta la victoria misma hubo varios lapsos de tiempo, y la victoria frecuentemente pareció una semi-victoria. Para que una posibilidad se convierta en una necesidad tiene que haber un correspondiente fortalecimiento de algunos factores y el debilitamiento de otros, una interrelación definida entre esos fortalecimientos y debilitamientos. En otras palabras: fue necesario para varias series interconectadas de cambios cuantitativos preparar el camino para una nueva constelación de fuerzas[39]
De lo que se deriva, entonces, que Trotsky no consideraba a la revolución, ni a su negación, la contrarrevolución, como producto de la evolución lineal de los factores históricos en su sucesión mecánica, sino como producto de una determinada interrelación de factores objetivos y subjetivos que se interdeterminan, fortaleciéndose unos y debilitándose otros, posibilitando las condiciones de emergencia de una determinada relación entre las clases.
Así explica, al fin y al cabo, al fortalecimiento del fascismo alemán, directamente proporcional a la debilidad del partido revolucionario proletario.
 Es este método el que está en la base de la polémica de Trotsky con lo que consideraba como una esquemática y formal equiparación entre el fascismo y la democracia realizada por la Internacional :
Igualar democracia y fascismo es el error típico del radicalismo vulgar. Pero si entre democracia y fascismo no existe ninguna diferencia, aún en el terreno de las formas de dominación burguesa, estos dos regímenes deben coincidir. De allí la conclusión: socialdemocracia = fascismo. ¿Qué significa en este silogismo la palabra social? Hasta ahora nadie lo ha explicado. Para los metafísicos (personas que piensan antidialécticamente) una misma abstracción tiene dos o tres funciones y, aún más, a menudo funciones directamente opuestas. Se nos dice que la ‘democracia en general y el fascismo en general no se diferencian en nada uno del otro. Sin embargo, existe una dictadura democrática de obreros y campesinos propuesta por la Internacional Comunista para China, India, España. ¿Qué dictadura se propone? ¿Una dictadura proletaria? No, nos contestan. ¿Una dictadura capitalista? No, nos contestan. ¿Qué entonces? ¡Una dictadura democrática! Parece que existe en el mundo una democracia pura por encima de las clases. Pero el IX Plenario ha explicado que la democracia no difiere del fascismo. ¿En ese caso la dictadura democrática difiere de la dictadura fascista? Hay que ser muy ingenuos para esperar una respuesta seria y honesta de los stalinistas a esta cuestión de principios. Y sin embargo, la suerte de la revolución de Oriente está ligada a esta pregunta. [40] 
 
Y proseguía:
 A pesar de las decisiones de los plenarios del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista , la realidad no cambia. Existe una contradicción entre la democracia y el fascismo. Esta contradicción de ninguna manera es absoluta, o, para decirlo en términos marxistas, de ninguna manera significa oposición entre dos clases irreductibles, sino que son distintos sistemas de dominación ejercidos por una misma clase. Estos dos sistemas, el parlamentario democrático y el fascista, se basan en formas distintas de explotación de las clases oprimidas, por lo que inevitablemente estos dos sistemas chocan entre sí.[41]
En éste sentido, planteaba que mientras la socialdemocracia se basaba en un régimen de dominación parlamentario-burgués y necesitaba apoyarse sobre la clase obrera como base social para mantenerse en el poder, fomentando en ésta la confianza hacia la pequeño-burguesía; el fascismo se basaba en un régimen de represión, que movilizaba a la pequeño-burguesía contra el proletariado a los efectos de destruir sus organizaciones independientes. Ligado a esta concepción del fascismo como ruptura, Trotsky debatía contra la concepción de la Internacional de que el pasaje de la democracia al fascismo se podía dar en frío, asumiendo el carácter de un proceso orgánico que podía desarrollarse de manera gradual y sin choques sociales agudos:
“durante muchas décadas, dentro de la democracia burguesa, sirviéndose de ella y luchando contra ella, los obreros edificaron sus fortalezas, sus bases, sus reductos de democracia proletaria: sindicatos, partidos, clubes culturales, organizaciones deportivas, cooperativas, etc. El proletariado no puede llegar al poder en los marcos formales de la democracia burguesa. Sólo es posible por la vía revolucionaria, hecho demostrado por la teoría y por la experiencia. Pero, para saltar a la etapa revolucionaria, el proletariado necesita apoyarse imprescindiblemente en la democracia obrera dentro del Estado burgués. (…) El fascismo tiene por función esencial y única extirpar de raíz todas las instituciones de la democracia proletaria. ¿Tiene o no este hecho una ‘importancia de clase para el proletariado? Sobre esto deben reflexionar () Dando al régimen el nombre de burgués lo que es incuestionable- Hirsch y sus amos han olvidado un detalle: el lugar del proletariado en el régimen. Pero la lucha de clases se desenvuelve sobre el terreno de la historia y no en la estratósfera de la sociología. El punto de partida de la lucha contra el fascismo no es la abstracción del Estado democrático, sino las organizaciones vivientes del proletariado en las que está concentrada toda su experiencia () La tesis de que el pasaje de la democracia al fascismo puede tener un carácter orgánico y gradual evidentemente no significa otra cosa que esto: se puede quitar al proletariado, sin fricciones y sin combates, no sólo sus conquistas materiales cierto nivel de vida, la legislación social, los derechos civiles y políticos- sino también el instrumento social de sus conquistas, es decir, sus organizaciones.[42]
De esta forma, la concepción del paso gradual y sin grandes fricciones de la democracia al fascismo se emparenta con la definición de una mera diferencia de grados entre ambos regímenes. Lejos del análisis de Trotsky, basado en la dialéctica entre las clases y su dinámica, que por acumulación de contradicciones rompe con la evolución lineal, dando como resultado nuevos fenómenos sociales cuyo futuro se resuelve por la acción de la lucha de clases, la Internacional realizaba un análisis determinista, en el que el fascismo, en tanto fase orgánica del desarrollo burgués, sólo representaba un episodio en el proceso hacia la revolución, considerada ésta como una abstracción automática en vías de una maduración progresiva continua. 
Como explica George Novack, en la concepción de Trotsky, que sintetizó y formuló como tal la ley del desarrollo desigual y combinado [43] la historia tiene sus reversiones, así como sus movimientos hacia adelante; sus periodos de reacción; donde formas infantiles y características caducas propias de etapas primitivas de desarrollo pueden unirse con estructuras avanzadas para generar formaciones extremadamente regresivas e impedir el avance social. Desde éste punto de vista, en los análisis de Trotsky podría considerarse al fascismo, en tanto que reacción burguesa en una época particular de su declinación, como un salto hacia atrás, donde para poder rescatar al capitalismo de su crisis la gran burguesía necesitaba negar los propios métodos parlamentarios históricamente consagrados por su dominación política para reducir al movimiento obrero y hacerlo retroceder de las posiciones conquistadas. En este sentido, coincidimos con Mandel cuando plantea que la teoría del fascismo de Trotsky implica:
() la tentativa de englobar todos los aspectos de la actividad social según se relacionan y coordinan estructuralmente unos con otros, [y] el esfuerzo de identificar, en el interior de ese complejo integrado por relaciones en constante modificación, los elementos que lo determinan, es decir, separar los cambios que pueden ser integrados dentro de la estructura social existente de aquéllos que sólo pueden llevarse a efecto por medio de una explosión violenta de la misma.[44]
A modo de conclusión
Se ha visto que, contra la visión que Poulantzas le adjudica a Trotsky, lejos estuvo éste de inferir mecánicamente al fascismo como forma de dominación política propia de la burguesía en la época del capitalismo declinante, puesto que lo concibió como producto de la acción de los factores sociales vivos, como posibilidad abstracta que, bajo una determinada coyuntura de la relación entre las clases en pugna, deriva en necesidad concreta. El fascismo aparecía para Trotsky como la forma más organizada de contrarrevolución burguesa para subordinar al proletariado, en un contexto particular de crisis capitalista, pero no por esto resultaba como el correlato mecánico, en la esfera superestructural, de las condiciones estructurales de la economía en la etapa imperialista.  En este sentido, el análisis de Trotsky sobre el fascismo, como vimos en el caso de Alemania, partía del método de poner en relación las diversas esferas de la realidad, tanto a nivel del contexto de crisis capitalista, como de la forma en que esto repercutía en cada estado y su rol internacional, así como en la coyuntura específica de lucha de clases configurada en cada país producto de la imbricación de éstos elementos. Si bien es cierto que el fascismo resulta indisociable para Trotsky del contexto de crisis capitalista, en que la burguesía recurría al aplastamiento de las libertades democráticas como forma de contener las presiones de una clase obrera que, buscando elevar su nivel de vida, se radicalizaba crecientemente, esto no implicaba que, inversamente, a la crisis capitalista le correspondiera el fascismo como forma orgánica de dominación. Considero, en este sentido, que la concepción de Trotsky en torno al fascismo, lejos de ser mecanicista, resulta del análisis de la totalidad social como la interdeterminación dinámica entre diversos niveles, jugando el factor político un rol central.
Trotsky encontraba, pues, la raíz de la convulsiva situación social alemana en el entrecruzamiento entre la crisis económica, derivada de la situación más general del capitalismo declinante y agudizada con la crisis del 30; el rol específico de Alemania en el sistema internacional, con su llegada tardía al avance capitalista y al reparto del mundo operado entre las potencias imperialistas, la contradicción entre su base industrial y su escaso peso como potencia imperialista, siendo despojada de sus antiguas posesiones coloniales con posterioridad al Tratado de Versalles y con una economía constreñida sobre sus propias fronteras; y la situación entre las clases, con una pequeño-burguesía cada vez más arruinada, un proletariado con tradición política y conquistas sociales que mantener, y una gran burguesía que necesitaba encontrar desesperadamente una salida a la crisis del capitalismo alemán. Así, fue formulando su noción del fascismo y el bonapartismo en función de las propias transformaciones concretas de la situación internacional, partiendo del análisis de la relación entre las clases en Alemania desde la derrota de la revolución de 1918 en adelante, complejizando su perspectiva hasta sistematizar una concepción que involucró la dialéctica entre los factores económicos, sociales y políticos. Incluso, en tanto que fenómeno novedoso de la realidad histórica, Trotsky avanzó sobre la caracterización y conceptualización del fascismo sin partir de desarrollos teóricos que al respecto haya elaborado el marxismo clásico, valiéndole el mérito no sólo de haber formulado una orientación política para posicionar al movimiento obrero ante los desafíos de cada coyuntura, sino de haber legado un riquísimo arsenal teórico al que sigue siendo valioso recurrir, toda vez que el capitalismo sigue engendrando crisis, degradación social y, en consecuencia, choques agudos entre las clases. 
Bibliografía
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TROTSKY, León, Revolución y fascismo en Alemania. Escritos 1930-1933, Editorial Antídoto, Buenos Aires, 2005



[1]     ANDERSON, Perry, Las antinomias de Antonio Gramsci. Estado y revolución en Occidente, Fontamara, México, 2006, pg. 37.
[2]        POULANTZAS, Nicos, Fascismo y dictadura , Siglo Veintiuno editores, Buenos Aires, 1998, pp.62-63.
[3]         Ver TROTSKY, León, “ A 5 años de la Internacional Comunista , Introducción, en  http://www.marxists.org/espanol/trotsky/1920s/1924_0524_0.htm
[4]       TROTSKY, León, El fascismo, Editorial Cepe, Buenos Aires, 1973, pg. 48.
[5]       CARR, Edward, V Congreso de la Internacional Comunista. 17 de junio-8 de julio de 1924, Cuadernos de Pasado y Presente, Córdoba, 1975, pg. 21.
[6]        Ibídem.
[7]       TROTSKY, León, El fascismo, Op. Cit., pg. 48.
[8]       Nikolai Bujarin (1888-1938) Economista, miembro del Comité Central del PCUS desde 1917. Sucesor de Zinoviev como cabeza de la Internacional entre 1926 y 1929.
[9]       Pravda, 2 de febrero de 1924, en TROTSKY, León, El fascismo, Op. Cit. Pg. 51.
[10]             TROTSKY, León, “¿Y ahora?”, en TROTSKY, León, Escritos 1929-1940, [CD ROOM].
[11]             TROTSKY, León, Revolución y fascismo en Alemania. Escritos 1930-1933, Editorial Antídoto, Buenos Aires, 2005, pg 17.
[12]        DIMITROV, Giogi, La ofensiva del fascismo y las tareas de la Internacional Comunista en la lucha por la unidad de la clase obrera contra el fascismo. Informe ante el VII Congreso de la Internacional Comunista , Emiliano Escolar Editor, Madrid, 1977, pg. 19
[13]       TROTSKY, León, “El viraje de la Internacional Comunista y la situación en Alemania”, en TROTSKY, León, Revolución y fascismo en Alemania. Escritos 1930-1933 Op. Cit, pg. 22.
[14]        Ibídem
[15]       TROTSKY, León, “La clave de la situación mundial está en Alemania”, en TROTSKY, León, Revolución y fascismo en Alemania. Escritos 1930-1933, Op. Cit., pg. 64.
[16]        TROTSKY, León, El fascismo, Op. Cit., pg. 44.
[17]       “Exceptuando los casos de Trotski, Gramsci, Nin, Guerin y muy pocos más, la mayor parte de los análisis marxistas del fascismo estuvieron condicionados por los dictámenes oficiales de la Comintern , a partir del IV Congreso (noviembre-diciembre, 1922), con la característica deformación economicista. Zinoviev, Martinov e, incluso, Togliatti, explicarán el fascismo como fenómeno de las sociedades agrarias y producto del atraso económico. Como ya había previsto Trotski, la subida de Hitler al poder en Alemania echó por tierra todas las interpretaciones ‘ortodoxas.’” PASTOR, Manuel, Modelos históricos de fascismo, Universidad complutense de Madrid, en http://e-spacio.uned.es/fez/eserv.php?pid=bibliuned:DerechoPolitico-1978-1979-2-13160&dsID=PDF
[18]       GONZALEZ CALLEJA, Eduardo, Los apoyos sociales de los movimientos y regimenes fascistas en la Europa de entreguerras: 75 años de debate científico, Instituto de Historia, CSIC, 2001, en http://hispania.revistas.csic.es/index.php/hispania
[19]        Ver Nicos Poulantzas, Fascismo y dictadura, Op. Cit.
[20]     MARIE, Jean Jacques, Trotsky. Revolucionario sin fronteras. Fondo de Cultura económica, Buenos Aires, 2009, pg. 391.
[21]       TROTSKY, León, Revolución y fascismo..., Op. Cit., pg 105.
[22]         Ibídem.
[23]        POULANTZAS, Nicos, Fascismo y dictadura…,  Op. Cit., pg. 46.                 
[24]        TROTSKY, León, El fascismo, Op. Cit., pg 118.
[25]     MARIE, Jean Jacques, Trotsky. Revolucionario sin fronteras. Op. Cit., pg. 401.
[26]       Ibídem, pg. 116.
[27]        Ibídem.
[28]       Ibíd., pg. 119.
[29]        Ibídem, pp 119-120.
[30]        Ibídem.
[31]        Ibídem.
[32]       TROTSKY, León, “La tragedia del proletariado alemán: los obreros alemanes volverán a levantarse, el estalinismo jamás”, en TROTSKY, León, Revolución y fascismo en Alemania. Escritos 1930-1933, Op. Cit., pg. 291.
[33]         TROTSKY, León, El fascismo, Op. Cit. pg. 12.
[34]        POULANTZAS, Nicos, Op. Cit., pg. 58.
[35]       TROTSKY, León, “Democracia y fascismo”, en TROTSKY, León, Escritos..., Op. Cit..
[36]        TROTSKY, León, Escritos filosóficos, CEIP León trotsky, Buenos Aires, 2004, pg 54.
[37]       A este respecto, planteaba: “Algunos objetos (fenómenos) son fácilmente confinados dentro de fronteras de acuerdo a la clasificación lógica, otros [se nos] presentan [con] dificultades: pueden ser ubicadas aquí o allá, pero en una relación estricta, en ningún lugar. Mientras provocan la indignación de los sistematizadores, tales formas transicionales son excepcionalmente interesantes para los dialécticos, ya que rompen las limitadas fronteras de la clasificación, revelando las conexiones reales y la consecución del proceso vivo.”, en  TROTSKY, León, Escritos filosóficos, Op. Cit. pg 20.
[38]       Ibídem, pg.17. 
[39]        Ibíd.., pg 35. 
[40]        TROTSKY, León, Revolución y fascismo..., Op. Cit., pg.90. 
[41]        Ibídem.
[42]       TROTSKY, León, Revolución y Fascismo en Alemania. Escritos 1930-1933, Op. Cit. pp 93-94. 
[43]        Ver TROTSKY, León Historia de la Revolución Rusa , Sarpe, Madrid, 1985, pág. 33.
[44]        MANDEL, Ernest, El fascismo, Akal, Madrid, 1987, pg 23.

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