domingo, 8 de febrero de 2026

Che. O cómo Omar Shariff no sabía tomar mate

 


La revolución como utopismo desgarrado. Como laceración o llaga en el rostro. Como un dolor persistente debajo de capas y capas de mugre, greda e impotencia. Una película que es invitación a mirar la revolución como causa perdida. Tan perdida que desconecta a sus ejecutores de aquellos que dicen representar. De aquellos a quien han venido a liderar.

Shariff encarnando el rostro pétreo de esa impotencia. La dureza que solo quiebra la crueldad de la carencia de leche en las ubres de las cabras. El deber ser desgañitado y deshilachado al mismo tiempo; carente de profundidad. La humanidad del Che destrozada en los pliegues de una estrategia de revolución mundial incapaz de trazar límites.

Un hombre intachable. Un argentino pedante. Tan poco argentino que revuelve la bombilla después de cada mate. Un idealista incapaz de entender el mundo. Una caricatura del Che, disfrazada de reconocimiento.