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martes, 8 de julio de 2014

La lucha de Lear y la indeclinable debacle del kirchnerismo (notas breves sobre una gran jornada de lucha)




Eduardo Castilla
La gran jornada de lucha nacional que impulsaron los trabajadores de Lear, junto al Encuentro Sindical Combativo y la izquierda trotskista tuvo hoy una gran victoria política al poner en el centro de la escena nacional esta enorme lucha que vienen llevando adelante los trabajadores y trabajadoras de esa empresa.
Para cientos de miles (o quizás millones) de personas, la lucha de Lear se convirtió en la noticia del día. Primero gracias a los piquetes que, a las 7 de la mañana, ya mostraban una gran acción en diversas partes del país. Segundo, como resultado de la represión brutal que desató la Gendarmería en la Panamericana y la resistencia de los trabajadores, las trabajadoras y sus familias.
Este triunfo político no es menor en esta pelea. Del otro lado del cuadrilátero está esa “Santa Alianza” que los trabajadores han tenido que enfrentar durante décadas en la historia de sus luchas. Esa alianza del poder político, la burocracia sindical y las patronales en defensa de los intereses económicos de éstas últimas. Es decir, en defensa de su rentabilidad que tiene, como variable de ajuste, el salario y la vida de la familia obrera.
Esa alianza tropezó hoy con una piedra de tamaño no menor. Los trabajadores y trabajadores de Lear, junto a sus familias, a sectores de otras organizaciones de trabajadores -como las Comisiones Internas de Kraft Donnelley entre otras- y la izquierda clasista dieron un gran ejemplo de unidad en las calles resistiendo, además, la represión. Frente a la inacción que evidencian las conducciones sindicales ante las suspensiones y despidos, que la lucha de Lear adquiera conocimiento nacional, es un elemento que aporta al proceso de recomposición de la subjetividad de la clase trabajadora.
En la etapa final del kirchnerismo, la retórica a favor de los trabajadores va siendo carcomida por todas partes. Por un lado, el impuesto al salario avanza sobre amplios sectores de mayores ingresos. Por el otro, la funcionalidad a las multinacionales imperialistas como Lear o Gestamp significa garantizar los despidos. Así, el ProCreAUTO y las diversas medidas que lo acompañan, se vuelven parte de un armado cosmético casi sin efecto. El “modelo” hace agua por los cuatro costados. 

El estado kirchnerista: una variante del estado menemista

Marx acuño aquella famosa definición del gobierno del estado moderno como “comité de asuntos comunes de la burguesía”. Engels, algunos años más tarde, la complementó al afirmar que se trataba de una “banda de hombres armados al servicio del capital”. Ayer y hoy los conceptos salieron de los libros, bajaron a la vida y cruzaron por Panamericana y la General Paz.
Allí, la banda de “hombres armados” reprimió brutalmente a los trabajadores de EMFER y TATSA. Allí, hoy martes, esa misma fuerza se desató contra los trabajadores y trabajadoras de Lear que, sin embargo, resistieron junto a los compañeros de otras empresas y los estudiantes. Lejos de un paseo, las fuerzas represivas tuvieron que remarla.
Pero esta represión está lejos de haber pasado sin ningún costo político para el gobierno. Si la designación de Milani y el primer intento de ley Antipiquetes habían significado una crisis con franjas de los sectores progresistas dentro de la coalición gobernante, una represión desatada sobre familias obreras, en un contexto de defensa de los puestos de trabajo, parece abrir una crisis en sectores que responden políticamente al gobierno nacional dentro del movimiento obrero.
Así, en cuestión de pocas horas se conocieron los rechazos a la represión de la conducción del sindicato del Subte, de UTE (docentes) y de ATE, ambos de Capital. Todos ellos sectores identificados con el kirchnerismo. Estas condenas no son un dato menor, sino que expresan las contradicciones profundas de un sector sindical que, frente a la derechización de la vieja centroizquierda, optó por apostar al único “progresismo posible”. En esa apuesta no desestimó aceptar cuestiones que -como se conoce en la jerga política- equivalen a la ingesta de sapos. La sapofagia tuvo sus hitos en el Proyecto X o en la designación de Milani, entre otras cuestiones.
Pero reprimir a trabajadores que piden por sus puestos de trabajo tiene un costo adicional.  Implica dejar de lado la última bandera política de este gobierno y pasarse, sin escalas, a la defensa de los intereses empresariales. Durante estos días, el Ministerio de Trabajo de la Nación actuó avalando todas y cada una de las medidas ilegales de la empresa, como el hecho brutal de impedir la entrada de la Comisión Interna a la empresa. Pero el pasaje a la represión abierta entraña un salto cualitativo. En ese salto emergen estas brechas.
Que ésta es la melodía del futuro en el tratamiento del llamado “conflicto social” –un eufemismo para no hablar de lucha de clases- lo confirma la continuidad represiva durante dos jornadas hacia conflictos obreros.
La negociación con los fondos buitres, que está en el centro de la agenda gubernamental, requiere un mayor disciplinamiento social. Las garantías de “seguridad jurídica” y “sustentabilidad” para invertir no las confiere sólo la voluntad de pago sino la certeza del control político de las clases oprimidas y explotadas. A mayor sumisión a los dictados del capital extranjero -aunque se adorne con un discurso anti-neoliberal-corresponde necesariamente mayor represión interna. Allí está la experiencia menemista, de la que CFK fue parte activa, para tomar como referencia.

Macartismo “nac&pop”

La coalición política que vino ejerciendo el poder del estado en la década pasada prosigue su disolución. Nada lo muestra mejor que la polaridad entre las posiciones de las conducciones sindicales señaladas antes y las declaraciones extasiadas de Berni contra los trabajadores y los diputados del FIT.
Una vez más, el ex carapintada salió a pedir mando dura y Ley Antipiquetes. Como una suerte de campana que redobla sin parar, volvió a defender a los “pobres ciudadanos” que “van a trabajar”. Como si los trabajadores y trabajadoras de Lear no estuvieran peleando precisamente por esa demanda, la de volver a trabajar. Un cinismo propio de un represor.
El ataque a los diputados de izquierda –casi un tic en el Secretario de Seguridad- expresa los límites políticos del kirchnerismo para lidiar con el desarrollo político de la izquierda y su relación creciente con franjas de la clase trabajadora. Crecimiento que es proporcional a la debacle de cualquier aspecto progresista en el gobierno. Los llamados a una especie de remake de “hacer tronar el escarmiento” contra los diputados de la izquierda evidencian la imposibilidad objetiva de oponer una salida distinta a la crisis política y social en curso que no sea el hostigamiento represivo.  
Pero la acción de hoy volvió a mostrar –como en el paro nacional del 10A- una fuerza que supera a la izquierda trotskista, la única con alguna relación con franjas combativas del movimiento obrero. Esa fuerza es la de una amplia vanguardia de la clase trabajadora que se concentra en diversos lugares y que ha venido haciendo una gimnasia en la lucha de clases en los últimos años contra la burocracia sindical, contra las patronales  y, también, como se vio en el corte de Panamericana del 10A, contra las fuerzas represivas. Esa amplia vanguardia es la que está en la base del “desafío” al unicato sindical, no en la simple ampliación del espacio político por la derechización del kirchnerismo.
La jornada de lucha en apoyo a los trabajadores de Lear ha sido un pequeño gran test. En la Panamericana hoy se probó el temple de mujeres y hombres en el enfrentamiento a la represión policial y en las movilizaciones posteriores por su liberación. Ese temple pasó la prueba y es parte de, si se nos permite el concepto, el capital acumulado para futuras y mayores batallas. Batallas que son parte de esa guerra mucho mayor que es la lucha de clases. Esa lucha de clases que, como dijeron Marx y Engels ha sido y es, el motor de la historia.

domingo, 9 de junio de 2013

Del Cordobazo al Navarrazo. Guerra civil y autodefensa obrera. Apuntes (Segunda parte)

Lo político y lo militar en el Navarrazo

Desde el punto de vista de la derecha, el Navarrazo, presenta un alto nivel de preparación en el terreno militar y en el político. Leemos “A las cero horas del 28 de febrero de 1974 comienza la asonada golpista cuando la policía asalta la Casa de Gobierno, tomando como rehenes a varios funcionarios. El jefe de la sedición, Navarro, permanecía mientras tanto en la Central de Policía ubicada en la Plaza San Martín, cuyos accesos habían sido cortados por efectivos policiales colocando coches de pasajeros aportados por sus propietarios (…) la policía ocupa dos radios de la ciudad y sabotea otras dos, dejándolas fuera de servicio. Emite además un comunicado informando que Obregón Cano había sido detenido en el mismo momento en que estaba proveyendo de armas a civiles de “conocida militancia marxista”, y que era “un infiltrado, un hombre de Cámpora, un criptomarxista” (…) se colocan bombas contra el local de SMATA, en la vivienda del ministro de Gobierno y de un juez que investigaba la participación policial en el asesinato de cinco dirigentes agrarios en Laguna Larga. El golpe continúa con el asalto policial al local del diario La Voz del Interior y con la puesta bajo custodia policial y de civiles armados de la sede del Sindicato de Luz y Fuerza. Avanzada la mañana, las 62 Organizaciones deciden un paro en apoyo al movimiento golpista e informan que, no obstante la situación que se vivía, realizarían un plenario normalizador de la CGT”.
En esta breve crónica pueden verse los elementos de preparación político-militar: la toma de la sede de gobierno, el copamiento de los medios de comunicación y su utilización para intentar legitimar el golpe, la utilización de la ideología peronista en sus aspectos más reaccionarios y macartistas. Al mismo tiempo, su reivindicación del “peronismo auténtico”, permitía encontrar un cierto punto de apoyo en las ilusiones de sectores de masas que todavía confiaban políticamente en Perón.
La relación de fuerzas a la que aludía Tosco se había preparado políticamente. No había caído del cielo, sino que era el fruto de meses de ataques políticos y físicos por parte de la derecha peronista que no tuvieron respuesta por parte del movimiento obrero combativo y la izquierda. En octubre del 73, un comunicado de Luz y Fuerza describía “los atentados a las organizaciones sindicales combativas, a otros locales e instituciones, la “toma” de la legislatura provincial, el Banco Social, el explosivo colocado en el domicilio del diputado Fausto Rodríguez y el criminal ametrallamiento de una asamblea de trabajadores de la construcción en el local de la CGT regional son la dramática y trágica evidencia del claro objetivo de crear un clima de intimidación y terror”.
A los golpes de la derecha, desde el movimiento obrero combativo se respondía con declaraciones y la defensa del gobierno provincial. El 8 de febrero del ‘74, un comunicado del MSC declaraba la “Defensa institucional del gobierno de Córdoba”. En octubre del '73, Luz y Fuerza había afirmado que se perseguía “la intervención al gobierno de Córdoba”. Esto no iba de la mano con una preparación para dicho escenario. Así, la derecha avanzó casi sin obstáculos en la provincia, lo que fue inclinando la relación de fuerzas a favor del golpe.

De las barricadas a la autodefensa

Lo que ponía en escena esta situación era la ausencia de una política para desarrollar las tendencias autónomas que se habían expresado en el Cordobazo y que habían creado una relación de fuerzas a favor de las masas. Esto no era el resultado “natural” de la conciencia de las masas mismas sino la ausencia de una perspectiva estratégica de las corrientes que dirigían. La clase obrera es potencialmente revolucionaria, pero es la acción de determinadas corrientes (con sus estrategias) la que impulsa qué elementos pueden potenciarse en su actividad y cuáles no.
En el debate sobre la huelga general en Alemania, a inicios del siglo XX, Parvus señalaba que “El significado de la barricada debe visualizarse en dos direcciones. En primer lugar era un punto de reunión y un medio organizativo (…) en segundo lugar, era una construcción de defensa: protección del lado del pueblo y obstáculo del lado de los militares. El poder de esta obstrucción sobre los militares no estaba solamente determinado por su aspecto material sin principalmente por su efecto moral”. Engels había señalado algo similar, escribiendo que “hasta en la época clásica de las luchas de calles, la barricada tenía más eficacia moral que material. Era un medio para quebrantar la firmeza de las tropas”.
Las barricadas durante el Cordobazo y el Viborazo habían aportado a esa cohesión de las masas, golpeando moralmente a las fuerzas represivas. Esas batallas les habían permitido un reconocimiento de la potencialidad de sus fuerzas a la vez que “educarse” en el arte del combate callejero. Pero esto sólo podía ser el germen de una política de autodefensa consciente que superara el estadio de la espontaneidad. Esta política fue la que estuvo ausente en las direcciones combativas del movimiento obrero. En el caso del peronismo legalista era el resultado “lógico” de su raigambre peronista. En el caso de Tosco, su política de presión sobre la izquierda peronista lo llevó a confiar en la existencia de “soluciones por arriba” dejando limitada la perspectiva de la organización “por abajo” del movimiento obrero.
Aquí podríamos tomar la definición de Gramsci que señalaba “La crisis crea peligrosas situaciones inmediatas porque los diversos estratos de la población no poseen la misma capacidad de orientarse rápidamente y de reorganizarse con el mismo ritmo. La clase dirigente tradicional (…) cambia hombres y programas y reasume el control que se le estaba escapando con una celeridad mayor de cuanto ocurre en las clases subalternas”. Desde el Cordobazo, la clase dirigente había cambiado a su personal político (retorno de Perón) pero además había iniciado los preparativos para enfrentar las tendencias a la guerra civil con el accionar de las Tres A.
Las “clases subalternas” o, para ser precisos, sus direcciones, estaban lejos de ver este cambio de escenario. La existencia de organizaciones contrarrevolucionarias como las Tres A no era nueva. A la experiencia internacional del fascismo se le podían sumar las conformaciones locales, de las cuáles la Liga Patriótica pasó a ser una de las más emblemáticas. Es decir, la apertura de un ascenso revolucionario, preanunciaba la necesidad de pasar de los “triunfos morales en las barricadas” a nuevos triunfos político-militares contra la derecha y esto no estaba en la perspectiva de las direcciones combativas del movimiento obrero.

Autodefensa y vanguardia obrera

Haciendo un paralelismo con una situación que contenía elementos similares, citemos a León Trotsky quién señalaba que “la lucha física no es sino uno de los “otros medios” de la lucha política (…) es imposible detener la lucha política cuando se transforma, por la fuerza de su desarrollo interno, en lucha física” (Adónde va Francia). Precisamente, frente a esta transformación de la lucha política en lucha física, la preparación política asume un rol central. El resultado de los enfrentamientos físicos depende (en sus nueve décimas partes, según Trotsky) de la preparación política. “¿En qué consiste la preparación política? En la cohesión revolucionaria de las masas, en su liberación de las esperanzas serviles en la clemencia, la generosidad, la lealtad de los esclavistas “democráticos””.
Como ya lo señalamos, en los meses anteriores al Navarrazo, las organizaciones que influenciaban a la vanguardia obrera no habían preparado a la clase trabajadora para el enfrentamiento político el gobierno nacional y al mismo Perón. Frente a cada acción de la derecha se había respondido con comunicados pero no se habían dado pasos en la organización concreta de la autodefensa de las organizaciones obreras. De conjunto, frente a la “guerra civil de baja intensidad” que estaba en curso desde el Cordobazo en adelante, las distintas corrientes políticas que influían a la vanguardia no se habían preparado para una respuesta a la altura de los ataques. Aquí reside centralmente la explicación de la “parálisis” de las masas y la vanguardia frente al golpe de Navarro.

Los límites de las corrientes guerrilleras ante el Navarrazo

Frente al Navarrazo, las organizaciones armadas de la izquierda revolucionaria (peronista y marxista) también fueron impotentes. Citamos una vez más a Bonavena: “Por la noche se produce un recio intercambio de disparos (…) miembros de Montoneros atacan con pistolas y fusiles automáticos a militantes peronistas ortodoxos y comandos civiles nacionalistas” (Pág. 226). Montoneros, a pesar de contar con peso en sectores de masas, fue incapaz de preparar destacamentos de combate para enfrentar una acción como la de Febrero del 74’.
Por su parte, el PRT señaló, después del golpe, “Reiteradamente habíamos advertido que se aproximaba la intervención a nuestra Provincia. Lo señalamos públicamente y lo planteamos expresamente ante los más importantes funcionarios provinciales (…) Después de la masacre de Ezeiza, después del autogolpe del 13 de julio, o sea, o sea, a partir de los principales acontecimientos que marcaban la contraofensiva de la derecha y del continuismo, nadie podía engañarse-salvo que pecara de ingenuidad política-de que Córdoba (…) podía escapar a una intentona” (La Historia del PRT-ERP por sus protagonistas. Daniel De Santis). Precisamente esto demuestra la falta de orientación estratégica o, como mínimo, la discordancia entre las definiciones generales y la práctica político-militar de esta organización que tampoco se preparó para esta perspectiva.
Como señaló Juan Carlos Marín “En el "Navarrazo" sucedido en Córdoba, la misma ciudad donde meses antes el presidente cubano Dorticós fuera llevado en andas al palco que recordaba los acontecimientos de mayo de 1969, se repite en forma ampliada pero con mayor dramatismo político el mismo "desarme político" y la misma "prescindencia" de las organizaciones revolucionarias ante hechos que se inscribían en el desarrollo específico y concreto que tomaba la lucha de clases, y en la que el peronismo oficial volvía a tener la iniciativa”. Precisamente este conjunto de elementos demuestra la limitación estratégica de las organizaciones guerrilleras para aportar a la organización de la autodefensa de masas.
Marín también señala que “En forma quizás desordenada, errática y a veces errónea pero permanente, las organizaciones revolucionarias buscaron generar y mantener las condiciones de desarrollo del armamento del pueblo”. Creemos que la respuesta ante el Navarrazo evidencia que esto no fue así. Las organizaciones revolucionarias en lugar de batallar por el desarrollo de formas de autodefensa (milicias, grupos especiales, etc.) al interior de las organizaciones obreras de vanguardia, (que se sostuviera sobre los triunfos morales conquistados en las barricadas del ‘69) desarrollaron una política alternativista de “guerra de aparatos” contra las fuerzas represivas, dejando de lado el necesario armamento y preparación de los sectores combativos del movimiento obrero.
De conjunto, la situación abierta por el Cordobazo, planteaba la necesidad de la organización de la autodefensa obrera y popular. En este sentido iba lo que citamos antes de Trotsky. Éste, en el Programa de Transición establece una dinámica de las tendencias al armamento del proletariado para los momentos de ascenso revolucionario. Señala que La burguesía no se limita en ninguna parte a utilizar solamente la policía y el ejército oficiales (…) Las bandas fascistas sólo pueden ser contrarrestadas victoriosamente por los destacamentos de obreros armados que sienten tras de sí el apoyo de millones de trabajadores. La lucha contra el fascismo no se inicia en la redacción de una hoja liberal, sino en la fábrica y termina en la calle. Los elementos amarillos y los gendarmes privados en las fábricas son las células fundamentales del ejército del fascismo. Los piquetes de huelgas son las células fundamentales del ejército del proletariado. Por allí es necesario empezar” (resaltado propio).

Como queda en evidencia en las descripciones que hemos realizado, ni la perspectiva de las direcciones combativas del movimiento obrero (Tosco, Salamanca, etc.) ni la estrategia de las organizaciones guerrilleras pudo desarrollar las tendencias que se habían expresado en el Cordobazo para convertirlas en organización para la autodefensa consciente. Éste fue uno de los límites centrales a la hora de enfrentar la asonada golpista de Febrero del 74’. 


Del Cordobazo al Navarrazo. Guerra civil y autodefensa obrera. Apuntes (Primera parte)


Eduardo Castilla

Hace poco más de un año escribimos este post señalando que las tendencias abiertas en las jornadas del Cordobazo superaban los marcos de la lucha anti dictatorial y ponían de manifiesto la apertura de una etapa revolucionaria donde las masas, con un protagonismo central de la clase obrera, tomaban la ofensiva. Decíamos se expresa la tendencia a la emergencia autónoma de la clase trabajadora (…) Tabular al Cordobazo como “rebelión contra la dictadura” tiene el objetivo de segmentar el proceso social que se abre. Allí la clase obrera profundiza su insubordinación”.
Lógicamente, el desarrollo de esta etapa revolucionaria abría la perspectiva de enfrentamientos abiertos con la burguesía y sus fuerzas represivas (tanto estatales como para-estatales). En Córdoba, la fortaleza de un movimiento obrero combativo, implicaba que el accionar represivo debía tomar un mayor nivel. El Cordobazo había permitido la emergencia de una mayor insubordinación obrera expresada, por ejemplo, en el desarrollo de una fuerte tendencia clasista, centralmente alrededor de SiTraC-SiTraM. Este proceso permitía que, hacia 1973, los independientes y la izquierda dirigieran algunos de los gremios más fuertes de la ciudad.
Precisamente por eso, Córdoba era una preocupación central para el gobierno de Perón. La necesidad de imponer orden a escala nacional tenía que basarse en haberlo logrado en la provincia. En esa contradicción tiene su origen el Navarrazo. Golpe policial, que también pasó a la historia como el Contra-Cordobazo. En esta nota escribimos una reseña de ese golpe. Aquí pretendemos dejar sentados algunas conclusiones de los límites que tuvieron las corrientes que influenciaban a la vanguardia obrera y juvenil para preparar una respuesta ante el ataque sobre la provincia y la clase trabajadora.

El Contra Cordobazo

Pablo Bonavena afirma que “El caso cordobés es el más impactante de todos. Es evidente que en conjunto de las jurisdicciones políticas Córdoba tenía una significación especial. La política encarada por Perón encontraba en la provincia la principal resistencia en sectores de la clase obrera, que lograron incluso alinear en más de una oportunidad al vacilante gobierno de Obregón Cano y Atilio López contra el Pacto Social (…) La forma que asumió, evidentemente, se correspondió con el peso y grado de desarrollo de la clase obrera local. Es evidente, asimismo, que Perón buscó un efecto ejemplificante (…) con el golpe dado en Córdoba trató de demostrar que la subordinación era la única alternativa que tenían los diferentes mandatarios provinciales” (Bonavena, pág. 234. Resaltado propio).
El 28 de febrero del ‘74 se lleva adelante el golpe policial instigado por Perón y encabezado por el Teniente Coronel (RE) Antonio Domingo Navarro. El golpe se apoya en la burocracia sindical peronista y el aparato del PJ local. Su “legitimidad” la aporta la campaña que venía desarrollando el peronismo de derecha contra el gobierno provincial. A eso se sumaban las declaraciones de Perón que había definido a Córdoba como un “foco de infección”. Señalemos además que, mientras Obregón Cano y Atilio López eran derrocados, se reunía el Congreso “normalizador” de la CGT provincial, con la presencia del Ministro de trabajo de la Nación, Ricardo Otero. Pocos días después, un decreto con las firmas del mismo Perón y de Benito Llambí, ministro del Interior, legalizaba la intervención federal. Así, el poder político pasaba al sector más reaccionario del peronismo. Éste, tomando el control del aparato de gobierno provincial, lo convertirá en una herramienta para intentar derrotar a la vanguardia obrera.

La “parálisis” de las masas

En un artículo publicado en el libro Lucha de clases, guerra civil y genocidio en Argentina, Pablo Bonavena señala que, frente al Navarrazo “no se registraron acciones de masas importantes en defensa del gobierno” (Pág. 226). Podemos agregar que tampoco se registraron acciones de la vanguardia combativa del movimiento obrero, influenciada por sectores de izquierda. La ciudad donde dos veces las masas habían golpeado sobre el régimen, derrotando a la policía en las calles; donde las barricadas se habían mostrado como la hoguera que iluminaba a todo el país, se veía ahora completamente impotente para dar una respuesta al Golpe de Navarro.
Los independientes, con Luz y Fuerza a su cabeza, dirigida por Agustín Tosco, tenían peso en 11 gremios. Desde el año 1972, el SMATA, uno de los tres gremios más poderosos de la provincia (junto a UTA y Luz y fuerza) se hallaba dirigido por la lista Marrón, lista clasista de René Salamanca (PCR). A su vez, los sectores alineados dentro del peronismo legalista (Atilio López), tenían peso de conducción en más de 20 gremios. Esto, de conjunto, expresaba una fuerte combatividad en sectores del movimiento obrero, incluso a pesar de la derrota de SiTraC-SiTraM en Octubre de 1971.
Es evidente la contradicción entre el peso del movimiento obrero combativo y su incapacidad de reaccionar ante el golpe. ¿Cómo se llegó a esta situación? Las fuerzas de la izquierda entre la clase trabajadora no tuvieron la perspectiva de desarrollar una política independiente frente al peronismo que permitiera enfrentar el accionar contrarrevolucionario que éste desplegaba desde el 20 de junio de 1973, con la masacre de Ezeiza. Allí se mostró parte del “programa” de Perón para frenar el ascenso revolucionario en Argentina. Ante este escenario, las corrientes combativas y de izquierda (que incluso se definían como revolucionarias como el caso del PCR) evidenciaron notables limitaciones políticas.

La confianza en Perón desemboca en el pacifismo

Aquí hemos apuntado nuestras críticas sobre Tosco, incluyendo los límites con los que el Sindicalismo de liberación se enfrentó ante el Navarrazo. Señalamos allí lo que consideramos una visión etapista de la lucha revolucionaria, en la cual la clase obrera peleaba junto a los sectores de la burguesía nacional contra el imperialismo y la oligarquía aliada a ella. Esta perspectiva alejaba a la vanguardia obrera de la dinámica real de la lucha de clases en curso, impidiéndole ver el rol que jugaba Perón como actor determinante de la ofensiva contra la clase trabajadora.  
La concepción de Tosco lo llevaba a presionar sobre el peronismo, buscando aliarse a su ala izquierda para combatir a la derecha y ganar la dirección del movimiento.  Pero sólo podía llevar adelante esa política si se abstenía de denunciar a Perón, con el que Montoneros no quería romper. Esto se expresará de manera trágica alrededor del Navarrazo y el rol jugado por Perón. Si antes del golpe, el MSC (Movimiento Sindical Combativo) se negaba a denunciar abiertamente a Perón y sólo atacaba a la derecha del gobierno, días después del Golpe Policial seguirá repitiendo lo mismo. Tosco llegará a afirmar que lo que el gobierno central no entiende es que apoyando a Navarro está dando carta blanca a muchos “navarros” que en el día de mañana no van a alzarse ya contra un gobernador sino, precisamente, contra el mismo presidente” (resaltado propio). El 15 de marzo de ese año, en una entrevista en la Voz del Interior dirá "Perón es un especulador (…) sensible en grado máximo ante las presiones de la derecha. Y la derecha peronista tiene su convalidación en Perón”. La realidad es que Perón no tenía un problema de “comprensión” sobre la situación o un exceso de “sensibilidad” ante la derecha peronista. Era quién dirigía la política tendiente a derrotar, apelando a la fuerza, a las corrientes que izquierda que influenciaban en el movimiento obrero. Por eso había que denunciar activamente su papel y aportar a que las masas obreras avanzaran en su experiencia con el peronismo en el poder, algo que no llevaban adelante ni Tosco ni Salamanca como parte del MSC.
Esta ausencia de preparación política influye, en el terreno militar, en el momento del Navarrazo. En este post reflejamos una entrevista a Tosco, en el cual, éste señalaba “Se están haciendo actos relámpagos, algunas asambleas de fábrica, etc. (…), pero hay una relación de fuerzas básica que está dada por el teniente coronel Navarro y su policía con las armas en la mano. Centenares de fascistas armados y entrenados bajo la conducción de organismos policiales y parapoliciales”. Esta relación de fuerzas no era el resultado de grandes derrotas del movimiento obrero y de masas, sino de la ausencia de una preparación de las mismas para este tipo de ataques. La lucha de clases superaba las fronteras de la legalidad burguesa y las corrientes de izquierda seguían actuando dentro de las mismas.Estos lo desarrollaremos más extensamente en la segunda parte de este post. 


domingo, 17 de marzo de 2013

Iglesia, control social y lucha de clases. Apuntes sobre la asunción de Francisco I



 Eduardo Castilla


La elección de Bergoglio como Papa se ha transformado en un hecho político de alta magnitud, tanto en el terreno internacional como en la política local. No es para menos, Benedicto XVI rompió una tradición de más de 6 siglos, renunciando a su puesto en vida, desnudando una crisis profunda que recorre a la milenaria institución. Al mismo tiempo, la designación de un argentino marcó un quiebre con la tradicional elección de Papas de origen europeo. En el terreno de la política nacional, la elección de Bergoglio le da cierto aire a la recuperación de la Iglesia en tanto institución de control social y mediadora activa en la política del país. En este post, resultado de una discusión colectiva, trataremos de volcar algunas ideas sobre estas cuestiones. 


Crisis política y acción directa


Lo que emerge en el fondo de la elección del Papa del “fin del mundo” es la profunda crisis de legitimidad que atraviesa la Iglesia Católica. Crisis ligada a curas pedófilos, a negocios millonarios, a dinero de mafiosos en las arcas del Vaticano, entre otros lastres de una institución milenaria que supo “adaptarse” a los tiempos de la Restauración burguesa. Tiempos que empiezan a cambiar con la crisis capitalista en curso y los procesos de lucha social y política que van emergiendo. Es, desde ese punto de vista, de donde hay que partir para analizar las causas de esta elección. Desde allí además, habrá que ir evaluando si los movimientos de Francisco se convierten en movimientos “orgánicos o de coyuntura”, tomando los parámetros de Gramsci y, hasta dónde, puede cumplir con éxito su misión reformista-restauradora, como dice en este muy buen post el amigo Fernando Rosso.  

La elección de Bergoglio se da en el marco de la más profunda crisis que haya conocido el sistema capitalista mundial en los últimos setenta años. Crisis que, cada vez más homogéneamente, afecta al conjunto del planeta. Asistimos, además, a los efectos políticos de esta enorme “incursión catastrófica”: el desarrollo de un proceso extendido de crisis políticas o crisis orgánicas según esta afirmación de Gramsci, de ruptura o separación entre dirigentes y dirigidos. Lo vemos desarrollarse en el viejo continente con la emergencia de tendencias reaccionarias de derecha (Aurora Dorada, FN en Francia) y el fortalecimiento de una izquierda reformista (Syriza, Front de Gauche). Este proceso se expresa además en Italia, donde la crisis de los partidos tradicionales llevó para arriba al cómico Beppe Grillo. A su vez, en Francia y España, vemos el rápido desgaste de gobiernos de elección reciente. La raíz de estos fenómenos, que se complementan con los procesos de masas en el norte de África, es la brutal miseria a la que están sometidos millones en todo el mundo, producto de la crisis. La Iglesia como institución mediadora se prepara entonces para contener el conflicto que potencialmente se desarrolle a partir de estos procesos en curso.

Esta crisis de la Europa capitalista es, en cierta medida, una crisis de sus capas dirigentes a las que el Vaticano y la Iglesia difícilmente escapan. Es preciso recordar que Bergoglio es el primer Papa no europeo. Como se señala acá, El papado en un audaz movimiento geoestratégico cambia de continente, de Europa a América, a la América hispana, adelantándose a la sentida necesidad de un nuevo orden mundial”. En ese marco, como ya se ha resaltado, la imagen de “austeridad” y de una Iglesia “inclinada hacia los pobres” intentará cumplir ese papel de ruptura y superación de una institución “bañada en oro”. 


La sombra del Papa sobre América Latina


Raúl Zibechi, a tono con una franja importante de la intelectualidad latinoamericanista, señala que “La elección de Bergoglio tiene un tufillo de intervención en los asuntos mundanos de los sudamericanos, a favor de que el patio trasero continúe en la esfera de influencia de Washington y apostando contra la integración regional. Por su parte, el bloguero K, Gerardo Fernández afirmaba, a pocas horas de la elección, que “Si Juan Pablo II vino a operar el derrumbe del bloque socialista del este europeo, no es desatinado pensar que ahora la Iglesia necesita jugar fuerte en un continente llamado a jugar un rol destacado en los próximos años y para ello empodera a un tipo sumamente hábil como el arzobispo de la ciudad de Buenos Aires”.

En el post de Fernando Rosso que citamos antes es confrontada esta hipótesis. La misma subvalora el conjunto de problemas que debe afrontar la Iglesia como institución de control social en todo el planeta. Los casos de pedofilia que atravesaron Europa y EEUU son un lastre enorme para el Vaticano, junto a la crisis de las finanzas del Vaticano y el escándalo del Vatileaks. Todos estos elementos no tocan directamente al rol de los gobiernos latinoamericanos.  

Por otra parte, en América Latina, a pesar de concentrar el mayor porcentaje de creyentes dentro de los casi 1200 millones en todo el mundo, el catolicismo viene perdiendo adhesión. Así lo expresa esta nota que afirma que “En Brasil, el país con más católicos en el mundo, la cantidad de practicantes que se consideran católicos cayó del 74 por ciento en 2000 al 65 por ciento en 2010, según datos del Gobierno”. Los datos del resto del continente no son mejores. La preocupación hacia América Latina pareciera estar más ligada a esta cuestión que a la radicalidad de procesos políticos que, hasta ahora, han tenido cortocircuitos menores con la Iglesia. Esto no niega que, en tanto institución al servicio de las clases dominantes, actúe a futuro, si vemos desarrollarse nuevos ascensos de masas en la región. 


La Iglesia y el control social


Marx definió a la religión como “el opio de los pueblos”. Pero el opio no actúa en el aire, sino que requirió su propio aparato de funcionamiento para garantizase estructura, continuidad y relación con las clases dominantes. En el marco de una sociedad dividida en clases antagónicas, la religión (al igual que la moral) es un factor actuante de la lucha de clases. La Iglesia como institución oficial de la religión católica puede actuar más efectivamente para atenuar las contradicciones de clase en la medida en que recupere prestigio y extensión.  

Gramsci, enfatizando el rol de los intelectuales tradicionales, es decir aquellas categorías intelectuales preexistentes y que además aparecían como representantes de una continuidad histórica no interrumpida aun por los más complicados y radicales cambios de las formas políticas y sociales”, señalaba a los eclesiásticos como ejemplo paradigmático de esa función. La casta clerical efectivamente pervivió más allá de cambios radicales como las revoluciones burguesas de los siglos XVII, XVIII y XIX. Como señala Fernando Rosso, tanto en Cuba como en otros países del Este europeo, las burocracias que emergieron en esos estados obreros deformados permitieron la continuidad de la Iglesia que, como quedó en evidencia en Polonia, jugaron un rol en los avances de la restauración capitalista.

Allí donde subsiste la desigualdad social, la Iglesia como institución amortiguadora de esas tensiones, está obligada a cumplir un papel. 


Iglesia y lucha de clases. De la Teología de la Liberación al Golpe del 76


Las décadas del 60’ y 70’ fueron prolíficas en lucha de clases, con ascensos revolucionarios en todo el mundo. Esto no podía menos que incidir al interior de la Iglesia, una de las instituciones de la “sociedad civil” más ampliamente extendidas por el tejido social. En América Latina, junto a la Teología de la Liberación y el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo, emergieron tendencias internas que cuestionaron el alejamiento de la Iglesia de los pobres así como su alineamiento con los sectores dominantes.

Los golpes militares que cerraron ese proceso en América Latina pusieron de manifiesto un corte horizontal al interior de la Iglesia. En Argentina, se dio una división tajante. Por un lado la capa superior, completamente ligada a las FFAA y a las clases dominantes. Por el otro, sectores de la misma Iglesia que, junto con miles de luchadores obreros, estudiantiles y populares, fueron masacrados por el golpe genocida. 
Como señala Horacio Verbitsky en su libro La mano izquierda de Dios, “Hacia afuera, la Iglesia Católica constituía una de las fuentes de legitimidad del gobierno militar. Hacia el interior de las propias filas castrenses, santificaba la represión y acallaba escrúpulos por el método escogido, de adormecer con una droga a los prisioneros y arrojarlos al mar desde aviones militares” (Pág. 40). Es decir, la Iglesia argentina fue central en el genocidio cometido a partir de 1976.

La profundidad de esa actuación está marcando la asunción de Bergoglio. A pesar de los intentos de presentarlo como desligado del golpe de 1976, el papel central de la Iglesia argentina en el genocidio es más que evidente y el rol de Bergoglio al frente de la congregación de los Jesuitas muestra como imposible su “inocencia”. Ante esta discusión, que implica una debilidad “de origen” en la imagen del nuevo Papa, han salido a defenderlo el vocero del Vaticano Lombardi y, aquí, en nuestras tierras, los medios que fueron parte central del aparato ideológico del Golpe militar, es decir Clarín y La Nación. 



De las batallas ideológicas a las batallas políticas


Pero el combate contra la institución Iglesia y su rol político-ideológico debe articularse con la necesaria batalla que, de manera paciente, los revolucionarios deben llevar adelante para ayudar a los sectores explotados y oprimidos de la masas a superar la creencia en una salida en “el más allá” que implica la absoluta resignación en el presente. Algo que, por ejemplo, las Bienaventuranzas expresan al celebrar el sufrimiento y la pobreza.

Lenin, citando a Engels señalaba que sólo una práctica social consciente y revolucionaria, será capaz de librar de verdad a las masas oprimidas del yugo de la religión”. Es decir, la superación de la conciencia religiosa no puede ser impuesta sino que es el resultado, en primer lugar, de la actividad consciente de las masas mismas. Pero la verdadera posibilidad de superarlo sólo puede ser abierta por la liquidación del orden capitalista, única base real para la superación de las contradicciones brutales de las contradicciones económicas que fortalecen la “fe en el más allá”. Al decir de Marx “la miseria religiosa (que) es, al mismo tiempo, la expresión de la miseria real y la protesta contra la miseria real” y “la critica a la religión es, en germen, la crítica a este valle de lágrimas, rodeada de una aureola de religiosidad”.
Pero, como señalamos al principio, la misma designación implica consecuencias sobre la política nacional. Un efecto que seguramente veremos será el fortalecimiento de la Iglesia como mediación política de peso en la escena nacional. Un argentino en el Vaticano es un espaldarazo para una institución que tiene un alto desprestigio en sectores de masas, producto de su rol en la Dictadura y de haberse opuesto a cambios democráticos, como la Ley del Matrimonio Igualitario, recientemente.

De allí que todo paso que pueda ser dado que vaya en el camino de debilitar su poder e influencia, tiene un carácter progresivo. La experiencia de los años 70’ en Argentina mostró que, a pesar de las tendencias críticas que emergieron en su seno, la Iglesia no pudo ser reformada. Por el contrario, terminó actuando como parte del armado golpista que garantizó el aniquilamiento de una generación entera de luchadores y luchadoras revolucionarias. Fue la que, ideológicamente, fundamentó la “justeza o no” del accionar genocida contra los enemigos “de la Patria y de Dios”, llegando a plantear que “Satanás es el padre de todos los subversivos” (Verbitsky, pág. 35).
La lucha contra esta institución reaccionaria, cómplice de la masacre de una generación de luchadores obreros y populares, que hoy se opone a los derechos de las mujeres y las personas LGTTB, es una bandera más para marchar este 24 de marzo.