Mostrando entradas con la etiqueta Bonapartismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bonapartismo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 13 de agosto de 2014

Macartismo, represión y fin de ciclo (o sobre el nerviosismo kirchnerista)



Eduardo Castilla

El conflicto entre el gobierno y las patronales del campo dejó en la historia reciente –historia que se superará a sí misma- algunas frases célebres. Entre ellas estaba aquella pregunta que hacía referencia al “nerviosismo” de cierta corporación mediática.
A pesar del crecimiento el gobierno en los índices de popularidad, como resultado de la épica “anti-buitres”, podría hacerse la misma pregunta a algunos funcionarios que se desencajan antes las preguntas y debates que la izquierda trotskista presenta en el Congreso o ante los reclamos y las acciones de sectores combativos de la clase trabajadora, en defensa de sus puestos de trabajo. 

Un intento de “bonapartismo” senil

La batalla contra los holdouts que, finalizado diciembre, seguramente se convertirá en un nuevo acuerdo antinacional que profundizará el endeudamiento, sirvió a los fines de la recuperación de la imagen presidencial y dio bases a una revitalización parcial del gobierno.
Desde esa fortaleza el gobierno intenta recrear su política de confrontar con todos los sectores sociales, ubicándose en defensa de “todos los argentinos”. De allí se entienden las duras discusiones con la UIA, la continuidad de una política que denuncia a Griesa y al mismo EEUU -expresada en la denuncia en La Haya-, la dureza frente al reclamo del impuesto a las Ganancias que hace –o hacía para ser más precisos- la CGT Balcarce y, sobre todo, la dureza contra la vanguardia obrera y la izquierda trotskista, contra la que se ha lanzado una campaña macartista.
Pero esta fortaleza es relativa y está mediada por las limitaciones propias del agotamiento de un ciclo político. Agotamiento que responde al fin de las variables que lo hicieron posible durante poco más de una década. Que, en la coyuntura, el gobierno haya ocupado el centro de la escena política, no soluciona los problemas estructurales que son los límites al resurgir del “modelo”. 

El país buitre y sus consecuencias

A lo largo de la década que pasó, el peso del capital extranjero en la economía nacional lejos estuvo de revertirse. Argentina siguió siendo un país dominado por las patronales de EEUU y europeas.  Esta fracción del capital continuó así con un enorme peso en grandes decisiones políticas y económicas.
Esta es la explicación estructural a la forma en que han actuado la autopartista Lear y la gráfica Donnelley, ambas de origen norteamericano, dejando en la calle a cientos de trabajadores. Bien por despidos, en complot abierto con el SMATA, bien con un cierre absolutamente ilegal, ambas patronales han dejado en claro que sus intereses económicos se hallan por encima de la legislación nacional.  
Esto peso de las grandes multinacionales extranjeras constituye un talón de Aquiles de cualquier gobierno de un país semicolonial. Los intereses de esas multinacionales se rigen a escala global o por sus cotizaciones en la Bolsa de Nueva York. La soberanía  o la estabilidad política del gobierno local son un valor de undécimo orden para las mismas. Menos valor aún tiene entonces la vida de los trabajadores y sus familias.
El gobierno kirchnerista -como lo evidencia la represión constante a los trabajadores y trabajadoras de Lear- lejos está de recurrir a la misma épica de la que hace gala contra los buitres financieros. Frente a las patronales norteamericanas que despiden, el cipayismo menemista vuelve a emerger. 

Desempleo y “caos social”

El problema del crecimiento del desempleo es ya un factor político-social de primer orden. Desde los datos brindados por el mismo gobierno, pasando por analistas y consultores de todo tipo, hasta la misma Iglesia, todos confirman el crecimiento del desempleo.
Como bien se señaló aquí, la conflictividad social emerge a la luz del crecimiento de despidos y las suspensiones. La respuesta de sectores de la clase trabajadora es un cuestionamiento a la “libertad” que tienen las patronales de prescindir de la fuerza de trabajo obrera cuando las ganancias “no cierran”. Este mecanismo, presente en el corazón del capitalismo desde sus inicios, es lo que ponen en cuestión las acciones de resistencia de sectores de trabajadores como ocurre en Lear, Donnelley, Emfer y otras luchas.
El verdadero “caos social” no es el que Capitanich denuncia atacando a la izquierda, sino el que se produce como resultante del crecimiento de despidos, suspensiones, pobreza y crisis social. No hay “agitadores” sino condiciones sociales que implican resistencia obrera. En este sentido, se podía decir que el verdadero propugnador del “caos” ha sido el gobierno que, lejos de dar solución a las demandas obreras y populares, permite el accionar impune de las patronales.
Aquí, en el crecimiento de desempleo, radica uno de los principales topes ante los que se encuentra la recuperación política del gobierno. Si la desocupación sigue aumentando, el relato contra los buitres dejará de surtir efecto y abrirá paso a un nuevo y mayor cuestionamiento en su contra. 

El mundo según Berni

Ayer Capitanich volvió a reiterar los ataques contra la izquierda. El peronismo facho emerge en la escena nacional como parte de las “soluciones” que el gobierno tiene para ofrecer ante los reclamos de la clase trabajadora.
En el universo político la figura del Secretario de Seguridad Berni viene siendo central. Es la cara visible de la verdadera política frente al “reclamo social”. Política que no es más el endurecimiento constante de la represión a las luchas obreras, como pudo verse la semana pasada en la Panamericana, cuando usando gas pimienta y destrozando la puerta de un auto, Gendarmería se llevo detenida, entre otros, a Victoria Moyano Artigas, nieta recuperada y militante del PTS. A menos de 48 horas de la aparición de Guido Carlotto, la verdadera cara del gobierno nacional volvía a asomar a través de la represión estatal.
Es en ese marco que tiene que entenderse la nueva avanzada del gobierno nacional con la Ley Antipiquetes, con la que se propondrá, a tono con la oposición patronal, ponerles límites a las acciones de la clase trabajadora y los sectores populares que se encuentran respondiendo frente a la crisis.

Donnelley, Lear y una perspectiva para la clase obrera

El escenario nacional está marcado así por la unidad creciente entre tres fuerzas: las grandes patronales, el gobierno nacional y la burocracia sindical peronista. Unidad no absoluta ni completa, pero que comparte el objetivo estratégico de liquidar la influencia que, al interior de la clase trabajadora, ha venido conquistando el Frente de Izquierda y, en particular, el PTS.
Los ataques de Capitanich, Berni y Pignanelli demuestran que la verdadera oposición política y sindical al gobierno y las patronales está protagonizada por la izquierda trotskista, referenciada en la independencia política de la clase trabajadora, una concepción opuesta por el vértice al peronismo y a las diversas lógicas políticas que, dentro de la misma izquierda, apostaron a la colaboración con el mismo en diversos momentos de la historia (maoístas y stalinistas).
Esa fusión entre los sectores combativos de la clase trabajadora y la izquierda trotskista es lo que se halla en la base de la actual resistencia a los ataques en curso. Es lo que permite además que las luchas sindicales se eleven a un plano político, en el que las mismas sirven como ejemplo para el conjunto de la clase trabajadora.
La conquista de la opinión pública mediante campañas para hacer conocido el conflicto, la utilización de diversos métodos de lucha, combinando las acciones en las calles con la utilización de recursos legales -como los fallos judiciales- permitieron a los trabajadores de Lear sortear no sólo un ataque feroz, resistir las constantes represiones de Gendarmería y la Bonaerense, sino además haber avanzando en imponerle la burocracia y el gobierno la reincorporación parcial de trabajadores y el retorno de los delegados a la planta.
Ayer martes, la puesta en producción de la gráfica Donnelley, a pesar de la ausencia de la patronal, es un ejemplo de cómo los trabajadores son los únicos verdaderamente interesados en la continuidad de las fuentes de trabajo. Esta acción, al mismo tiempo, permitió empezar a mostrar el carácter parasitario de la patronal. Los obreros hicieron producir la empresa sin necesidad de gerentes. Los verdaderos productores demostraron que la fábrica funciona gracias a ellos. Frente a los cierres patronales, que pueden ser un factor en la crisis por venir, la acción obrera muestra una salida opuesta a quedar en la calle desocupado.
A fines de la década del 90’ la crisis capitalista golpeó brutalmente sobre la clase trabajadora y el pueblo. La década menemista –en la que los Kirchner, Capitanich y muchos integrantes del actual gobierno fueron oficialistas- dejó un tendal de desocupación y pobreza.
La clase trabajadora venía de sufrir enormes golpes y, debido a ello, fue incapaz de una respuesta que le permitiera frenar esos ataques. Las conducciones sindicales burocráticas fueron parte de los engranajes que aplastaron la capacidad de resistencia obrera.
Hoy, en el fin de ciclo kirchnerista, y cuando la crisis avanza sobre el país, la fusión entre la izquierda trotskista y sectores combativos del movimiento obrero es una realidad. Una realidad que, al mismo tiempo  que permite evitar que suspensiones y despidos pasen sin ningún obstáculo, pone en cuestión abiertamente el carácter del gobierno y sus recursos discursivos de tinte progresista, así como el control totalitario de los gremios por parte de la burocracia sindical peronista.
Precisamente por eso, las luchas de Lear y Donnelley marcan una perspectiva para el conjunto de la clase trabajadora. Frente al país de las patronales, sus cómplices como Pignanelli o Caló y sus políticos serviles, la posibilidad de evitar nuevas catástrofes para el pueblo trabajador recae en la lucha, la organización y la extensión de la unidad de la clase trabajadora. 


martes, 10 de diciembre de 2013

La extensión de los motines y la crisis política. Apuntes de coyuntura



Eduardo Castilla 

Giros. La realidad argentina da permanentemente que hablar. Su dinámica, por momentos, no deja de sorprender. A la hora que empezamos a escribir estas líneas se registraban seis muertos por los saqueos, que vienen a sumarse a los dos que dejó la situación vivida en Córdoba hace menos de una semana. Chaco, Tucumán, Santa Fe, Mar del Plata, Luján, Concordia y La Plata son algunos de los nombres propios de una crisis que no para de crecer, mostrando de paso, los límites de la “década ganada” en lo que se refiere a convulsiones sociales. Estamos cerrando este texto y los medios informan de un nuevo muerto en Tucumán. Se trata sin duda de una crisis social y política de magnitud que pone de manifiesto los elementos profundos de lo que ha dado en llamarse fin de ciclo.
Aquí se han señalado los fundamentos básicos de la “cuestión policial” que, tomando la forma de una protesta salarial, “hace honor” a la relación de fuerzas resultante de estos años de crecimiento. Años donde la clase obrera recuperó su poder social. Allí también se da cuenta de los límites de los presupuestos provinciales para contener a los perros guardianes del orden burgués, en el marco del bonapartismo de caja del que hizo uso el kirchnerismo como “modelo de gestión”. 

Lecturas. Las acusaciones del gobierno nacional sobre Massa y la oposición deben tener su grano de verdad (más de uno posiblemente) pero no soslayan el hecho de que existe un aparato mafioso que se ha constituido en un poder dentro del poder, utilizando para tal fin su carácter de  fuerza especial separada de la población. Que esa fuerza tenga imbricaciones con sectores del poder político no niega su función de corporación que actúa en la escena (política) en función de demandas que le son propias. La lectura conspirativa (destituyente) recrea la tradición propia del kirchnerismo que no puede acusar recibo de los problemas fiscales de las provincias a las que mantuvo “ahogadas” en estos años. El reclamo de coparticipación (la agenda “federal”) expresó estos límites a lo largo de todo este tiempo.   
Sin oponerse pero complementando, la lectura que centra su atención en el “vandalismo” (TN) empuja la opinión pública a la derecha, hacia la necesidad de una represión más cruda. Los comerciantes desfilan por la pantalla “explicando” que los policías no pueden cobrar “tan poco”.
Una y otra lectura tienen un objetivo común: negar la profundidad de la brecha social que existe en la Argentina. Es evidente que en los saqueos actúan bandas organizadas, todas ellas amparadas por las fuerzas policiales. Pero este discurso niega la profundidad de la crisis social, la exclusión de sectores de las masas del “festín K”, máxime si se analizan las provincias del norte argentino que están entre las más pobres y dependen, en un porcentaje alto, de la coparticipación federal.

Golpes. El gobierno nacional salió duramente golpeado de las elecciones de octubre. Sobre esa base se edificó su giro hacia posiciones de “diálogo” al decir de franjas de la oposición patronal, que sonrieron al ver a “Coqui” sentado a la derecha de CFK. A lo largo de varias semanas la realidad mostró la imagen de un espejo invertido: el gobierno, derrotado en octubre, estaba a la ofensiva, imponiendo límites a los reclamos obreros, negociando con los gobernadores, estableciendo una agenda de gestión.
Pero los espejos se rompen. La figura de Capitanich (el “Bonaparte” suplente) está sufriendo su primera -y muy dura crisis- con la extensión de las rebeliones policiales. Si la crisis general (que no pudieron prever ni evitar que se extendiera) resulta un golpe fuerte, los muertos en el Chaco, son un lastre difícil de remontar. A pocas semanas de haber tomado el timón del gobierno, ya “Coqui” sufre las desventuras del fin de ciclo que parece avanzar horadando la tierra bajo los pies de la política burguesa.    
El gobierno nacional, por estas horas, define que las negociaciones con los aparatos policiales deben encuadrarse en los recursos con los que cuenta cada provincia. La “estrategia” del gobierno  podría consistir en la refinanciación de las deudas provinciales hacia el 2014, como acaba de anunciar luego de la reunión con De la Sota. Pero eso está lejos de aplacar inmediatamente las demandas policiales y patea la crisis fiscal hacia el 2014. Con ese plan o sin el mismo, el gobierno nacional demuestra completa prescindencia de la crisis en curso.  

30 años. No deja de resultar paradójico que la conmemoración de los 30 años de la asunción de Alfonsín se recuerde en el medio de motines policiales en varias provincias, decenas de saqueos y varios muertos. Escenario que configura la perspectiva de un diciembre caliente. Aunque no hay continuidad directa entre aquel que derribó a De la Rúa y la actualidad, en la memoria colectiva el 2001 sigue siendo un factor actuante.
La “astucia de la historia” (o su cinismo) hacen coincidir los festejos por 30 años de elecciones ininterrumpidas con las expresiones más brutales de la continuidad de un aparato mafioso y de la miseria de amplias capas sociales. El legado de la “década ganada” no logró revertir tamaña herencia.

Sindicato. La crisis abierta por los motines policiales disparó nuevamente el debate por la sindicalización de la policía. El gobierno nacional se opone radicalmente, mientras sectores de la burocracia sindical lo propician. Para la clase dominante el peligro es institucionalizar las medidas de fuerza y permitir que la policía pueda paralizar sus tareas cuando lo desee. Aunque algunas fracciones lo ven como política para dialogar responsablemente. Para la burocracia sindical podría tratarse de un nuevo sindicato con verdadero “poder de fuego”. De conjunto, con esta idea se intenta “normalizar” la institución e impedir este tipo de crisis.
Considerarlo un avance, como lo hace cierta izquierda, implica un sindicalismo liso y llano. Como se señala acá las concesiones que otorgan los gobiernos provinciales en aras de hacer retornar a los represores a sus tareas, deben ser vistas como lo que verdaderamente son, una consolidación de la impunidad policial y un mejoramiento de su poder de fuego. Que esto dispare movilización de sectores de la clase trabajadora, como está ocurriendo en Córdoba, es otro cantar.

Córdoba. Fue la avanzada de esta crisis, haciendo honor a cierta “tradición” de adelantar, muchas veces, los fenómenos políticos nacionales. Posiblemente por eso, una lectura de los días posteriores en Córdoba, colabore a pensar la dinámica en otras provincias. Señalemos tres elementos principales.
1) El temor del empresariado  y su (duro) reclamo de que los saqueos no vuelvan a repetirse. La propiedad privada (en versión de grandes superficies o en pequeños negocios) fue el centro de los ataques. Pero precisamente, la defensa de la misma, es la tarea suprema del aparato represivo. Propiedad (privada) y orden son sinónimos en este lenguaje. De ahí que el des-control de la fuerza policial asuste y ponga en guardia a la clase capitalista.
2) La emergencia de la lucha de los trabajadores estatales, que ya suma un paro de 48hs e inicia uno de 72hs, con movilización este miércoles y el viernes. La misma burocracia del SEP (del delasotista Pihen) que no mueve un dedo por defender los intereses de los trabajadores y persigue a los sectores de oposición, hace alarde una combatividad extrema en las palabras y, en parte, en los hechos. Esto muestra el enorme descontento que existe entre los trabajadores que impulsaron la toma de varios hospitales. El temor a que esto se contagie a los docentes fue lo que motivó el adelanto del fin del ciclo escolar en una semana.
3) La crisis política del gobierno que no para de acentuarse. De la Sota  volverá de la Casa Rosada con un pequeño triunfo bajo el brazo. Pequeño en relación al objetivo que se había propuesto hace unas semanas, cuando dijo iba por la “deuda de la Caja de Jubilaciones”. Pero la crisis política se evidencia por todos los poros. No sólo ha tenido que hocicar frente a Capitanich (“un amigo de muchos años”) sino también avanzar en cambiar parte importante de su gabinete, dejando de lado a una de sus principales espadas (González), desplazando a los funcionarios y policía que, hace menos de 90 días, entraron en funciones por el narco-escándalo, y dándole poder a los intendentes peronistas. Así, el motín policial vino a dar un golpe más a la gobernabilidad.

Estrategia.  La idea de que “cuanto peor mejor” es una idea propia del populismo (que alguna izquierda suele adoptar). Las rebeliones policiales y los saqueos no permiten avanzar en la construcción de la alianza obrera y popular, como ya señalamos aquí. Por el contrario, es la acción consciente de la vanguardia obrera y la izquierda obrera y socialista, la que puede permitir dar pasos claros en ese camino. La política revolucionaria, exige claridad. La ambigüedad no clarifica posiciones de clase.


 

sábado, 25 de mayo de 2013

Diez años de kirchnerismo. El triste devenir del intelectual K (o como justificar lo injustificable)



Eduardo Castilla

Las imprentas no han dejado de funcionar para imprimir las miles páginas que dan cuenta de estos diez años. El kirchnerismo posiblemente pasará a la posteridad como uno de los más duraderos movimientos políticos de la historia argentina. De allí que en su momento no hayan faltado quienes llegaron a elucubrar la (bastante) exagerada idea de un “Tercer movimiento histórico”. Pero el declive actual, con los escándalos de corrupción de capitalistas amigos y los límites para emparchar el llamado “modelo”, ponen de manifiesto que no será ese el devenir del movimiento nacido hace una década.
Los balances versan necesariamente sobre todo. Como dice mi amigo Fernando Rosso, se han publicado infinidad de números en los cuáles es difícil no extraviarse. Aquí se escribe un balance desde la izquierda, poniendo sobre el tapete los profundos límites en aquellos tópicos donde el gobierno quiso construir su relato. En este post, humildemente pretendemos trazar algunas líneas sobre la deriva (y la actual crisis) de los intelectuales K, que han sido (y lo siguen siendo) parte fundamental del intento de construcción del relato (o de los múltiples relatos) que contuviera, dentro de los marcos de la coalición gubernamental, a parte importante del progresismo local.

La “tragedia” del intelectual K

Si Milcíades Peña, en su más que recomendable Historia del Pueblo Argentino, apuntó a Sarmiento y Alberdi como figuras trágicas del pensamiento nacional, podríamos tal vez usar la misma figura para los intelectuales K. Peña escribió que “nada hay más iluminador sobre la naturaleza de las clases dominantes argentinas (…) que el desencuentro cada vez más acusado entre ellas y los dos hombres que dedicaron su vida a elaborar un programa de desarrollo nacional”.
Salvando las obvias distancias entre Sarmiento, Alberdi y la actual generación de intelectuales afines al gobierno nacional, podríamos decir que nada ilumina más los límites del kirchnerismo (como fracción política de la clase dominante) que la permanente “traición” a las falsas ilusiones de la intelectualidad K. Pero si Sarmiento y Alberdi murieron alejados de la oligarquía que crecía oliendo a bosta, la actual generación que encuentra una de sus expresiones en Carta Abierta, prefiere aceptar los aromas fétidos con tal de seguir respaldado el “proyecto”. Exploremos algunos tópicos que constituyen nudos del “relato”. Nudos que podríamos calificar de “gordianos”, que no han sido desatados ni lo serán bajo el kirchnerismo.

De la “pelea por la renta” a la (no) “democratización”

Allá por fines del año 2008 Ricardo Forster escribía que “en la Argentina se volvió a discutir la olvidada cuestión de la renta y de su distribución (…) se llegó a revisar el concepto mismo de riqueza”. A pesar de la derrota de la Resolución 125, la épica kirchnerista rebosaba de fuerza. Se venía de la batalla contra la oligarquía golpista. Esa misma que tantas veces había irrumpido en la historia nacional que imponer sus intereses. El kirchnerismo desafiaba a los poderes existentes.
Pero esas batallas por la “igualdad” que debían constituir el núcleo del programa democrático del kirchnerismo pronto empezaron a ser la sombra de sí mismas. Si 2008 fue un año memorable donde se discutió “la renta” extraordinaria de las patronales del campo, 2009 dejó de serlo y ya nunca más volvió al debate. Desde ese año, la renta de la “oligarquía golpista” siguió indemne.
De la batalla por la “renta” se pasó a la pelea contra la Corpo mediática. Esa expresión de “la nueva derecha” en la era de la Sociedad del Espectáculo (al decir de Forster) que anida en los grandes medios de comunicación. Fue la “épica” de la Ley de Medios contra Clarín que tuvo su Waterloo en el 7D. Allí las fuerzas mancomunadas del “modelo”, la juventud militante de La Cámpora y los movimientos sociales se estrellaron contra…una medida cautelar. Como dijimos en su momento nada pasó el 7D y no podía pasar porque la política de “luchar contra la Corpo” se reducía, simplemente, a crear una corporación mediática propia mientras se presionaba a una reestructuración administrativa a Clarín. Clarín no se “puso nervioso”. No era necesario.
Detrás de Clarín estaba la “corporación judicial”. Esa se convirtió en la nueva “batalla ideológica” en defensa de la democracia y contra las corporaciones. Pero esta batalla truncó antes de empezar. Apenas si vimos alguna que otra bala perdida. Como una derrota  auto-infligida, el gobierno pactó con la Corporación judicial garantizando que los fondos millonarios que maneja la Corte Suprema siguieran bajo su control, entre otros pequeños detalles.  
De conjunto, la “batalla por la igualdad” cedió su terreno progresivamente a una mejor negociación con las corporaciones, síntoma del “fin de ciclo K”. Martín Rodríguez en el último número de Le Monde Diplomatique, haciendo un balance del kirchnerismo, afirma que “si el campo es la oligarquía pero lo cuentan como si fueran Los Ingalls, entonces hay que ir por quienes lo cuentan: ¿Qué te pasa Clarín? Y si Clarín es el monopolio de sentido, entonces habrá que serruchar la rama que lo sostiene: el Poder Judicial en el cielo de las cautelares”. Pero “olvida” decir cuál fue el resultado de estas múltiples incursiones del gobierno. El gobierno fue y no fue por todos. Fue por todos y no fue por ninguno. Las “batallas” terminaron en nada. Hoy, la lucha contra la oligarquía sojera es un recuerdo tan del pasado como los aviones Pulqui; el 7D, la fecha de una farsa montada para salir del atolladero de fines del 2012; la “democratización de la justicia”, una ley acordada con la Corpo Judicial para no tocar nada de lo esencial.

La Igualdad en el reino de las abstracciones

Martín Rodríguez dice, en el mismo artículo, que el kirchnerismo inaugura la lógica de la “transición permanente”. Más bien podríamos afirma que, en los últimos años, en las peleas duras, hemos asistido a la “capitulación permanente”. Si, a pesar de eso, los intelectuales K siguen brindando su apoyo, esto conlleva una progresiva fuga de la materialidad. Así, las mismas nociones de igualdad y libertad que pregonan como sustento del accionar del kirchnerismo se encuentran en el reino de las abstracciones.
Diego Tatián, en el último número del Ojo Mocho, afirma que “Lo que ocupa el centro del actual litigio político e intelectual en Latinoamérica es la cuestión de la igualdad”. Pero renglón seguido nos aclara (repitiendo textualmente lo escrito en el libro Lo Impropio) que “Igualdad no es en primer lugar una más justa redistribución de bienes sino un reconocimiento más intenso y más extenso de las personas como fuerzas productivas del pensamiento (palabra en la que incluyo aquí las acciones políticas) acerca de lo justo”. De afirmaciones de esta índole es posible concluir porqué la intelectualidad que se afirma ligada al “modelo” es incapaz de plantear la perspectiva de verdaderas transformaciones que conlleven modificaciones sustanciales de la desigualdad.
Las tres millones de familias que carecen de vivienda propia en el país no estarán felices de entrar en el terreno de la “igualdad” concebida como “reconocimiento de las fuerzas productivas del pensamiento”, mientras CFK goza de la propiedad de 12 departamentos y 6 casas entre otros bienes inmuebles. Tampoco quiénes fueron brutalmente reprimidos en Ledesma y en el Parque Indoamericano sólo por ese reclamo.
El tercio de la clase trabajadora que se encuentra en situación de informalidad, después de diez años de kirchnerismo, no podrá objetar nada mientras se le brinde la oportunidad de “pensar acerca de lo justo” y tenga la “gentileza” de no quejarse ni luchar por sacarse de encima a connotados burócratas sindicales kirchneristas como Gerardo Martínez o Antonio Caló.
Los pobladores QOM del Chaco y Formosa que sufren las brutales represiones de los gobernadores kirchneristas, no dejaran de sentir los terribles límites de esta igualdad pregonada por los intelectuales afines al gobierno, mientras pelean por defender sus territorios ante el avance irrefrenable de los empresarios sojeros, verdaderos “ganadores” del modelo K.
La Igualdad (que se transformó en una fuerza política motriz en la revolución burguesa a fines del siglo XVIII) se vacía así de todo contenido para convertirse en valor etéreo. Esto no tiene nada de sorprendente si se analiza el recorrido del kirchnerismo. A pesar de un crecimiento a “tasas chinas” durante los años 2003-2008 y una recuperación importante durante 2010-2011, los elementos más profundos de atraso no lograron ser revertidos.
Luego de la crisis del 2009-2010, las “tendencias a la igualdad” que tendía a construir ideológicamente el kirchnerismo, dejaron paso al “Nunca menos”, eslogan (o “nombre” como les gusta decir a los intelectuales que aquí criticamos) que puso en evidencia un techo ya construido para el bienestar del pueblo trabajador. El Nunca menos fue el punto final de la batalla por la igualdad. Abusemos una vez más del trabajo del amigo Rosso que en este post da algunos números de la década K que evidencian la falsía del discurso intelectual kirchnerista.  

La Libertad bajo recorte

La intelectualidad kirchnerista construyó su relato de la “Libertad” en estos años bajo un doble postulado: el juzgamiento a los genocidas y la no represión de la protesta social. Estos fueron los componentes de una democracia que, como escribió Forster, recupera el conflicto y la lucha por la igualdad. Contra el “republicanismo” de la derecha opositora y sus intelectuales afines, se trata de una democracia donde “el movimiento, la subversión, la conmoción y los inesperado” son una “fuerza vital” de la misma.
Pero al igual que ocurre en el terreno de la tan mentada pelea por la Igualdad, la Libertad también se fue desdibujando y la “irrupción de lo inesperado” se transformó en un  problema de agenda permanente para el gobierno nacional. El kirchnerismo, volviendo sobre su propio discurso inicial, convirtió a la protesta social y a la acción directa de los trabajadores y demás sectores, en uno de sus blancos favoritos. Basta repasar los discursos de CFK en los últimos  años para encontrar una mención casi permanente condenando los cortes de ruta o los paros del movimiento obrero. Basta recordar aquel discurso de apertura de sesiones del Congreso donde fustigó abiertamente contra los “privilegios docentes” que no son tales. Si en su etapa de gobierno “de desvío” construyó una discursividad que hizo creer, a propios y ajenos, en la posibilidad de un gobierno que no reprimiera la protesta social, ese montaje pasa, cada día más, al baúl de los recuerdos.
Lo evidencia la creciente bonapartización del gobierno nacional, expresada a través del aumento de los mecanismos represivos. La sanción de la Ley Antiterrorista, el creciente procesamiento de luchadores populares, el espionaje de Proyecto X y los policías infiltrados en organizaciones sociales y políticas populares y de izquierda son parte del paisaje en la era K, verdaderos síntomas de la “reversión” de la “democracia con apertura”.
Pero además, y como se ha explicado aquí, el kirchnerismo siguió jugando un sutil juego de equilibrista, apoyado en los viejos poderes consagrados bajo la “democracia menemista”. Allí está la brutal evidencia del asesinato de Mariano Ferreyra, llevada a cabo por las bandas de la burocracia pedracista, no muy distinta a la burocracia que campea en la mayoría de los gremios. Ese asesinato constituyó un crimen en defensa del statu quo de las relaciones laborales impuesto bajo el neoliberalismo e inalterado bajo los casi ocho años (en ese entonces) de gobierno K. Asimismo, la persecución y la represión en las Comunidades QOM por gobernadores que son parte del “proyecto” (y las cuáles nunca fueron claramente condenadas por CFK) expresan ese entramado de relaciones políticas donde anida el poder real bajo el kirchnerismo.
Así, dentro de los enormes límites que impone, de por sí, la misma democracia capitalista, el gobierno que vino a permitir recuperar el papel “del conflicto” se corrió abiertamente hacia el control y el freno del conflicto social, hacia la persecución abierta, hacia la alianza con las burocracias sindicales que todos estos años contuvieron al movimiento obrero y sus luchas.

El “momento de cierre” y la obsecuencia hasta el final

A principios de este año, luego de los afanosos meses que siguieron a los cacerolazos y al enorme paro nacional del 20N, algunos intelectuales K afirmaban “percibimos un inquietante y riesgoso “momento de cierre”, desde el que, por ejemplo, se blanden y exigen posiciones subjetivas de “apoyo incondicional” (…) Exigencia de cierre de la cadena de articulación subjetiva que suele  ampararse en la objetividad de lo hasta aquí conseguido”.
Si en ese momento los intelectuales afines al modelo, rechazaban la exigencia del “apoyo incondicional” los meses que han transcurrido parecen haberlos convencido de lo contrario. Empezamos este post horas antes de que saliera a la luz la Carta Abierta nº13 bautizada, con toda solemnidad, como “Los Justos”. Allí, una vez más ratifican su total compromiso con el gobierno nacional, a pesar de las enormes acusaciones que se tejen en este momento sobre la figura de Néstor Kirchner. Lo que está en juego, por decirlo de alguna forma, es la figura política sobre la cual construyeron un manto mítico de abnegación y de sacrificio.
“El nombre de Kirchner vino a romper una continuidad malsana, vino a desequilibrar la marcha regular hacia la barbarie de un modelo económico-político que, desde mucho tiempo atrás, no sólo venía ejerciendo su poderío sobre la vida material de los desposeídos, sino también había logrado capturar los núcleos más profundos y decisivos de la vida cultural” escribe Forster en la página 20 de Litigio por la democracia. Su nombre “habilitó el regreso (…) de lenguajes emancipatorios extraviados entre las derrotas y los errores”.
Los golpes al nombre de Kirchner son los golpes al relato construido (y reconstruido constantemente) desde aquel 27 de octubre del 2010. El relato que garantizó que la épica, cada vez más degradada como señalamos antes, siguiera moviendo las ruedas del kirchnerismo. La Carta Abierta nº13, sin ambages, señala que ¿Vivimos en sociedades sin corrupción? Esto no es posible afirmarlo. Pero es posible decir que la corrupción más importante (…) es la que ocurre en las grandes transacciones capitalistas en materia de estructuras financieras ilegales, circulaciones clandestinas”. La afirmación es una verdadera acta de acusación contra el kirchnerismo. ¿El gobierno es corrupto? No tiene importancia, hay una corrupción mayor, la de los empresarios. Y los empresarios, que según afirmó repetidas veces CFK, “se la llevan en pala”, ¿al abrigo de qué gobierno pueden actuar de manera corrupta?  
Son preguntas que no serán respondidas. Como tampoco serán respondidas las preguntas por la igualdad material real, las preguntas por la criminalización de la protesta social, sobre la alianza con los Martínez y los Caló, sobre la coalición con los Gioja, los Insfrán y los Capitanich. La intelectualidad kirchnerista ha optado por los conceptos fuertes (Igualdad, Libertad, Justo) a costa de vaciarlos de contenido social. Ha optado por las abstracciones en su objetivo de justificar lo “realmente existente”. Ha optado por la “prudencia y la cautela como cualidades políticas” a costa de no criticar la herencia neoliberal que aún persiste, tras un década “ganada”.
El fin de ciclo kirchnerista trae nuevos actores y nuevas tareas. Si hace una década el kirchnerismo pudo imponerse y constituir una cuerda para salvar al endeble capitalismo argentino, su crisis actual abre la posibilidad de retomar ese camino que iluminaban las barricadas que ardían en Plaza de Mayo en aquellas Jornadas Revolucionarias de Diciembre del 2001. Que esas fogatas vuelvan a arder, con más fuerza y atizadas por los trabajadores y el pueblo, es una tarea impostergable.