Un ejército de recuerdos se atropella. Camina desordenadamente al costado el camino. Se empujan, se gritan, se insultan. Cada uno se siente obligado a ganar su lugar. A imponerse. A decir acá estoy y convertirse en un punto de atracción del pensamiento.
Desandamos los años: 20, 30. No más que eso. Cruzamos medio país. Un destino: atrás del viejo barrio Córdoba, en una ciudad llamada Alta Gracia.
Son los márgenes. Es, aun, territorio en colonización. Un nuevo plan de viviendas. Un nuevo plan de edificaciones precarias a la que les sobran agujeros en donde debería haber ventanas. En la puerta un viejo Fiat 1500. Raído, despintado. Blanco y gris en simultáneo. Tan descolorido como ese barrio en formación donde el verde árbol se divisa a medio kilómetro. Ahí donde efectivamente inicia Alta Gracia.
El Negro Gustavo siempre sonríe. Optimismo de la voluntad. Optimismo de los fines. Un pibe que mira el mundo tal cuál es. Que cada mañana desayuna ante su destino. Décadas más tarde, cuando yo esté a mil kilómetros, ocupará el lugar de su padre en La Florida, la tradicional panadería de Avenida Libertador.
Gustavo es gallina. Juega bien. Es rápido. Ahora, a la distancia del tiempo y el espacio, ignoró si probó destreza alguna. Deportivo Norte estaba -sigue estando- a unas 15 cuadras. Un semillero, como dicen que se decía.
El Negro se da maña con las cosas. Arregla su Zanella 50. Verde. Un verde vivo que contrasta con el gris del barrio. La moto, en cierto punto, también es mía. Mi cómplice. Mi transporte. Mi vuelta a casa y, cada tanto, mi ida al río. Es el primer vehículo que pruebo. Creo, décadas más tarde en el Once, que el único.
Hay una excepción, que casi nos entierra.
La acelero por mi calle. No en mi cuadra. Cuatrocientos metros más adelante. Entre la subida que se eleva frente a la casa de Eva y la casa de la Pujol. No recuerdo el apellido de Eva. Sí su casa, su hermana Caro. Caro salió con el nieto de la Pujol. Extraña asociación que me viene a la cabeza ahora. Tampoco recuerdo el nombre de la Pujol. Sí, que era la garantía de entrar un colegio privado. Cara, exigente, demandante. Garantía al fin.
La Zanella acelera. Llego a una esquina. Freno. Es la esquina de Anatole France. Septiembre de 2026. Consulto Google Maps: sigue teniendo el mismo nombre. Doy vuelta en círculo. Vuelvo.
En la casa del Fiat 1500 vive Pablo. También vive Pablo. Él se hará policía. Lo cruzaré en el futuro varias veces. Lo evitaré otras. Incómodo saludar a aquel amigo que se hizo botón.
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