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miércoles, 7 de noviembre de 2012

Apuntes sobre el triunfo de Obama. Bases, contradicciones y algo sobre las perspectivas



Eduardo Castilla

Hace pocas horas terminó la incertidumbre que reinaba en la principal potencia del mundo. Muchos dicen respirar aliviados. Entre ellos se encuentran la mayoría de los países de la UE y China que consideran favorable la victoria del ala moderada dentro de la burguesía imperialista de EEUU, frente al ala más declaradamente “americanista”, aunque en el fondo, como bien se ilustra acá, haya pocas diferencias entre ambas.
En el interior del gran país del norte millones de latinos festejan que no ganó el multimillonario al cual el 47% de los estadounidenses no le importan. El huracán Sandy pasó hace apenas una semana y, según muchos analistas, ayudó al triunfo de Obama. Pero no todo es alegría. El 7,5% de desocupación actual puede volver a elevarse y golpear a millones. El problema de la vivienda sigue siendo una crisis social profunda.  A pesar del triunfo, la luz al final del túnel, más que la esperanza, es la locomotora de la crisis internacional que sigue avanzando sobre la tierra donde Obama acaba de ser reelegido. Acá algunos apuntes sobre la elección y las perspectivas abiertas.

Rommey, el enemigo de los latinos y los pobres

Un elemento central en el triunfo de Obama estuvo dado por el voto de latinos y jóvenes. Como dice este diario español “Romney venció anoche por 18 puntos entre los blancos y entre los jubilados. Pero perdió por goleada entre los jóvenes y entre las minorías, que se engancharon a la política con Obama hace cuatro años y que esta vez volvieron a votar por él. El resultado confirma que los republicanos se enfrentan a una trampa demográfica de la que tienen que liberarse cuanto antes si no quieren permanecer varios años apartados del poder. Ningún conservador logrará llegar a la Casa Blanca si no suaviza la retórica contra los hispanos”
El voto hispano se inclinó masivamente hacia el candidato demócrata. Según algunas encuestas, entre el 71 y el 75% de los votos de ese origen fueron a Obama y entre los jóvenes de entre 18 y 29 años, esa votación fue la mayor. Y este es un dato central porque Se calcula que 12,2 millones de hispanos podrían haber acudido a las urnas el martes, según datos de la Asociación Nacional de Funcionarios Latinos Electos y Designados con sede en Washington, lo que representa un aumento del 26% en comparación con los 9,7 millones que lo hicieron en las elecciones presidenciales de 2008” (ver acá). Ese voto latino tuvo importancia fundamental en estados como Ohio que estaban en el centro de la disputa. Avanzó recortando incluso las distancias en feudos tradicionalmente republicanos como en la comunidad cubana del sur de Florida”.
A esto hay que agregar, por lo menos, tres razones más. Por un lado El Huracán Sandy ayudó a Obama de otra manera. Le permitió mostrar su capacidad para liderar en crisis de una manera muy contundente y puso en evidencia su capacidad para trabajar con criterio bipartidista. Según una encuesta a boca de urnas, 15% dijo que ello fue un factor en su decisión de votar por Obama”. La actitud de “líder nacional” durante el huracán le permitió a Obama lograr la felicitación del gobernador del estado de New York, un republicano que había sido terriblemente crítico en los meses previos.
Por otro lado, Rommey era realmente un mal candidato. Tanto por su origen social como por las brutalidades que evidenció a lo largo de la campaña, le permitió a Obama mostrarlo como el candidato rico al que no le importa la población y sus problemas. El ejemplo paradigmático de esto se mostró cuando fue filmado en secreto y apareció despreciando al 47% que no pagaba impuestos a la renta.
El tercer elemento es el peso de la “herencia recibida”. La cronista de Clarín en EEUU apunta sobre Obama Durante su presidencia, tres millones de estadounidenses más quedaron sin trabajo. El déficit presupuestario aumentó 4.000 millones de dólares. El dólar como moneda de reserva en el mundo fue cuestionado. La pobreza y la desigualdad fueron en aumento” y al mismo tiempo señala que “Una encuesta de la agencia AP indicó ayer que el 60% de los norteamericanos culpa a George Bush por los problemas económicos que padecen”.
Millones se hicieron eco del pedido de “esperanza” de Obama y de continuidad para terminar lo que no había podido hacer. El enorme fracaso de la presidencia Bush, tanto a nivel nacional como mundial, tuvo un peso importante a la hora de darle otra oportunidad a Obama. Como sostiene el columnista de NYT, Thomas Friedman “La mayoría parecía estar diciendo a Obama: "No lo entendí muy bien la primera vez, pero vamos a darle una segunda oportunidad." Se trata entonces de un voto “Esperanza y cambio: Part 2” señala el periodista.

“Precipicio fiscal” y crisis políticas anunciadas

El triunfo presidencial no alteró el esquema de poder anterior, ya que los republicanos mantuvieron el control de la cámara baja. Esto quiere decir que el presidente demócrata está obligado a negociar en el futuro para llevar adelante su gestión, que no precisamente es un camino de rosas.
Según se señala acá y acá, lo que se asoma en el futuro inmediato es impedir el “precipicio fiscal”, es decir la negociación para evitar llevar adelante o moderar los duros recortes por 600.000 millones de dólares que implica el final de la prórroga de exenciones fiscales para la mayoría de estadounidenses. Ese programa fue el resultado de un compromiso inestable entre demócratas y republicanos, en un congreso controlado por los segundos.  
Precisamente, este sigue siendo uno de los talones de Aquiles de la administración Obama, lo que implica un límite enorme a las “esperanzas” reseñadas por Friedman. Si bien, desde las elecciones del 2008 Obama perdió sólo dos estados (Indiana y Carolina del Norte), como señala el NYTSu margen en el Colegio Electoral fue más fuerte, pero incluso si gana Florida, que se mantuvo muy reñida, será el primer presidente desde Franklin D. Roosevelt en ganar un segundo mandato con un menor número de votos electorales que su primera elección, lo que sugiere la estrechamiento de su coalición”. El mismo diario cita el jefe de la bancada republicana, quién afirmó que "El pueblo estadounidense reelegido el presidente y ha reelegido nuestra mayoría en la Cámara" (…) Si hay un mandato, es un mandato para las dos partes a encontrar un terreno común y tomar medidas en conjunto para ayudar a nuestra economía a crecer y crear empleo".
Este “empate” en el régimen político es que el plantea que están abiertas todas las tendencias a una mayor lucha entre ambos partidos a futuro, lo que implica crisis políticas como la que vimos en estos años. Obama, en su discurso post triunfo, ha querido mostrarse por sobre los partidos, llamando al trabajo en común para solucionar el problema fiscal y el conjunto de los problemas de las masas. Está obligado a hacerlo. Así lo afirma el Financial Times Obama hará un nuevo esfuerzo bipartidista para atraer a un Partido Republicano que le causó mucho daño en su primer mandato. En la parte superior de su lista figuran la reducción del déficit y la reforma fiscal- ambos temas diseñados para atraer a una inclinación más pragmática al Partido Republicano”.

Polarización social y fenómenos en los extremos

Pero la tendencia al esfuerzo bipartidista, que tiene su raíz en la división política y en la necesidad de avanzar en la crisis fiscal, tiene su límite en la profunda polarización política y social, que es la que se ha expresado en el voto. En la nota que reseñamos más arriba de Friedman se encuentra un elemento central de la misma. El analista señala que “El Partido Republicano ha perdido dos elecciones presidenciales consecutivas porque obligó a su candidato a correrse tan lejos a la derecha para pasar las primarias, dominado por su base ultraconservadora, que luego no pudo acercarse lo suficiente al centro para avanzar en la elección nacional (…) tienen que tener su propia reforma. La centro-derecha tiene que aclarar las cosas con la extrema-derecha, o va a ser un partido de minoría durante mucho tiempo”.
Otro ejemplo de estos problemas de Rommey, se señala aquí: su peor adversario no fue el presidente sino el fuego amigo de un partido republicano escorado en unas posiciones demasiado conservadoras en asuntos como los anticonceptivos, el aborto o la inmigración. Tampoco fueron una ayuda para el candidato las posiciones maximalistas del Tea Party en asuntos fiscales, que le obligaron a trazar un programa incoherente que proponía el imposible de reducir el déficit sin subir los impuestos ni rebajar el gasto militar”.
Aquí se ha señalado que En Estados Unidos, la polarización política y la crisis del bipartidismo se expresó primero por derecha en la emergencia del Tea Party y luego por izquierda en el surgimiento del movimiento Occupy Wall Street que (…) puso de relieve con su consigna del “99% contra el 1%” un cierto avance ideológico con respecto a su antecesor más inmediato, el movimiento “no global”, al ubicar en el centro del conflicto el enfrentamiento a los ricos, aunque sin que esto signifique haber adoptado una perspectiva claramente anticapitalista, y muchos terminen votando por Obama como mal menor”.
Seguramente una parte importante de esta subjetividad ha sido un componente del voto a Obama. Precisamente aquí radica otra contradicción. El voto al “mal menor” frente a Rommey, está cruzado por la necesidad del mismo estado norteamericano de poner límites a los problemas fiscales, ante la crisis capitalista en curso, lo que implica profundizar los recortes a las prestaciones sociales. Los ritmos y la profundidad de los mismos seguramente estarán determinados por el nivel de tensión y los choques entre ambos partidos. Esta parece ser la tarea central a enfrentar, con todas las contradicciones antes señaladas. En este marco, las “esperanzas” pueden tender a desvanecerse más o menos pronto, dando lugar a nuevos fenómenos políticos de todo tipo. 


domingo, 3 de junio de 2012

Apuntes sobre estrategia, soviets y el carácter de la época. A propósito del debate con Ariel Petruccelli



Eduardo Castilla

El interesante debate que se viene dando en el blog de Juan Dal Maso nos invitó a escribir sobre algunas de esas cuestiones. En este post queremos enfocarnos en los que son puntos centrales de la discusión a nuestro entender: la cuestión que hace de la democracia soviética como forma política del estado transicional hacia el socialismo y la actualidad de la época de crisis, guerras y revoluciones. 

Soviets y representación política

El compañero Petruccelli señala que “Los soviets fueron una excelente institución para la lucha revolucionaria, pero una base absolutamente inadecuada para gobernar un país” y que “Para administrar una economía y un país entero (no digamos ya el mundo) esto es engorroso”
Es evidente que un sistema basado en la democracia directa tiene que empezar siendo “engorroso” como forma de gobierno. Esto no es un resultado del orden “natural” de las cosas, sino el producto de siglos de “acostumbramiento” de las masas a ser “gobernadas” o “representadas” (en la democracia burguesa). Pero de qué otra forma es posible avanzar hacia una sociedad de plena libertad sino es construyendo una maquinaria estatal donde, como diría Lenin, “una cocinera pueda dirigir los asuntos del estado”, superando la división entre “el campo de lo estrictamente económico” y el “de lo político” (Aricó).
El que los soviets hayan sido una “excelente institución para la lucha revolucionaria” (y para la insurrección y la toma del poder agregamos) es el resultado de su profundo carácter democrático, de su capacidad para actuar como “gobierno proletario”, tomando las reivindicaciones de las masas en su conjunto y llevándolas a la práctica, superando la división entre legislación y ejecución. Precisamente sobre esa base fue posible edificar la “institucionalidad soviética”. Entre los soviets como “órganos de la lucha revolucionaria” y los soviets como “poder organizado” se estableció una continuidad que surge del mismo accionar de las masas que, como se dice acá, rompen las barreras que las separan de la palestra política, derriban a sus representantes tradicionales y, con su intervención, crean un punto de partida para el nuevo régimen”
Así, la forma soviética (con esa u otra denominación) expresa la realidad viva de las masas en acción revolucionaria, superando no sólo a sus organizaciones tradicionales, sino incluso pegando enormes saltos en su conciencia política. Esta perspectiva suena utópica tras tantas décadas de ausencia de revolución, que crearon el sentido común que sólo ve masas capaces de trabajar y “delegar”.
La historia del siglo XX está llena de ejemplos de estas tendencias a la autoorganización de las masas que son frenadas por sus direcciones o derrotadas directamente por la represión estatal. La forma política de democracia burguesa representativa ha sido el mecanismo con el cual han sido frenados muchos de esos procesos. 

El pluripartidismo soviético

En su primer texto, el compañero Petruccelli señalaba que el multipartidismo soviético: ¿dónde existió? ¿por cuánto tiempo? Respuesta: luego de tomar el poder sólo en Rusia, y sólo por unos pocos meses (más o menos meses, según tomemos como criterio su existencia real o su existencia legal: prohibición de partidos y fracciones).”
El programa del pluripartidismo soviético partía de las enormes diferencias que existían al interior de la sociedad en cuanto a su composición social, cultural y política. León Trotsky señalaba en La Revolución Traicionada que “las clases son heterogéneas, desgarradas por antagonismos interiores, y sólo llegan a sus fines comunes por la lucha de las tendencias, de los grupos y de los partidos. Se puede conceder con algunas reservas que un partido es una “fracción de clase”. Pero como una clase está compuesta de numerosas fracciones -unas miran hacia delante y otras hacia atrás-, una misma clase puede formar varios partidos”
Es decir, la norma programática establecida en el programa del trotskismo (que fue también el programa de Lenin) apuntaba a garantizar la plena representatividad de la clase obrera y los explotados en su conjunto. La prohibición de fracciones y partidos de oposición fue una medida excepcional tomada en el medio de una crisis social y política enorme. Precisamente por ello no puede ser elevada a norma absoluta como han intentado mostrarla muchos detractores de la revolución rusa.
Lo que debería analizarse es si la toma del poder por la clase obrera, derrocando el poder de los capitalistas, necesariamente implica un régimen de este tipo como forma de expresar las diferencias sociales realmente existentes. Si la clase obrera rusa, sobre la que escribían Trotsky y Lenin, tenía divisiones en su seno, la actual masa asalariada no escapa a esa realidad. Por el contrario, los años de avance neoliberal han llevado a una enorme división al interior de las filas obreras en todo el mundo. Paralelamente a este retroceso se dieron avances culturales de amplias franjas de las masas que abren el abanico a multiplicidad de gustos, ideas y tendencias en todos los planos de la realidad. El gigantesco salto dado por los medios de comunicación permite además que esas diversas visiones del mundo encuentren expresión abiertamente. ¿Cómo pensar entonces una sociedad donde no haya agrupamientos de todo tipo que expresen esas tendencias sociales?
Tan sólo pensando en términos nacionales, las enormes divisiones objetivas de la clase obrera argentina entre tercerizados, precarizados, trabajadores en negro y en blanco, entre inmigrantes y nativos, entre trabajadores de las grandes ciudades y del interior, así como las divisiones entre la mujer trabajadora y los hombres, imponen bases materiales para el desarrollo de diversas tendencias políticas. De ahí que un gobierno de los trabajadores debería necesariamente tomar características pluripartidistas.

Una necesaria explicación histórica

El compañero Petruccelli, en estos posts, no se pregunta por las razones que llevaron a “La debacle ignominiosa del modelo soviético”. Por el contrario afirma que “a la luz de las evidencias, es inverosímil dar otra respuesta”. Pero es necesario explicarlo a riesgo de caer en un cierto empirismo.
El trotskismo parte de una serie de definiciones que fueron condensadas en La Revolución traicionada. ¿Son válidas las mismas o no? Aquí hemos realizado un análisis profundo de los procesos que surgieron luego de la burocratización de la URSS y los caminos por lo que avanzó la restauración capitalista. Lo hicimos polemizando con las concepciones que se sostuvieron durante décadas en la izquierda mundial. Se nos puede acusar de dogmatismo, ¿pero cuál es la explicación alternativa? ¿Y cómo se da cuenta sino del proceso que aconteció? Humildemente, aquí y aquí tomamos aspectos de ese método para tratar de “apuntar” sobre China en base a información completamente actual. Pueden ser errados los análisis, pero sino cómo explicar la dinámica de la realidad.
Precisamente porque hay que explicar el origen, el desarrollo y las contradicciones concretas del proceso histórico, es que la cuestión del régimen político y social no puede ser analizada en el aire. Para ilustrar el carácter concreto que pueden tomar las formas políticas de la transición al socialismo, nos permitimos una extensa pero excelente cita del año 1934, de un texto llamado Si Norteamérica se hiciera comunista, en la cual León Trotsky señalaba “Norteamérica soviética no tendrá que imitar nues­tros métodos burocráticos. Entre nosotros la falta de lo más elemental produjo una intensa lucha por conse­guir un pedazo extra de pan, un poco más de tela. En esta lucha la burocracia se impone como conciliador, como árbitro todopoderoso. Pero vosotros sois mucho más ricos y tendréis muy pocas dificultades para satisfacer las necesidades de todo el pueblo. Más aun; vuestras necesidades, gustos y hábitos nunca permi­tirían que sea la burocracia la que reparta la riqueza nacional. Cuando organicéis vuestra sociedad para producir en función de las necesidades humanas y no de las ganancias individuales, toda la población se nucleará en nuevas tendencias y grupos que se pelea­rán unos con otros y evitarán que una burocracia todopoderosa se imponga sobre ellos (…) La organización soviética no puede hacer milagros; simplemente debe reflejar la voluntad del pueblo. Entre nosotros los soviets se burocratizaron como resultado del monopolio político de un solo partido, transformado él mismo en una burocracia. Esta situa­ción fue la consecuencia de las excepcionales dificul­tades que tuvo que enfrentar el comienzo de la cons­trucción socialista en un país pobre y atrasado”.
Trotsky partía aquí de la premisa del desarrollo de la revolución social internacional. En la medida en que ésta se extendiera y triunfara en el conjunto de las naciones avanzadas, donde la riqueza social es mayor, sería cada vez menos tortuoso el desarrollo de la lucha de clases y las formas políticas que adquiría esta transición irían variando. El mayor o menor grado de riqueza social y cultura de las masas, son elementos centrales para evaluar los caminos que puede tomar ese desarrollo. Pero el mismo está ligado al avance de la lucha de clases mundial, proceso que fue interrumpido por la traición de los dirigentes del movimiento de masas y la derrota de los débiles partidos revolucionarios en los primeros años post Octubre.  

Época y etapa: la lucha de clases y la historia

La segunda cuestión central en el debate, nos lleva directamente a analizar el carácter de la época. En este caso, nuevamente creemos que se dejan de lado las explicaciones políticas e históricas.
Un aspecto es el que ha criticado Juan acá, cuando señala que se diluye el carácter de la época actual en el devenir de la historia de los últimos siglos. Pero además en el plano de la coyuntura, Ariel Petruccelli señala que “a principios del siglo XX la crisis no era sólo económica, sino total. Por ejemplo, la crisis iniciada en 1929 provocó en menos de un año un verdadero dominó de golpes de estado, cambios de gobiernos por medios no-constitucionales, intentos revolucionarios, ascenso del fascismo, etc. A principio de los años treinta las democracias liberales se habían convertido en casi una anomalía: el grueso de los estados eran o bien colonias, o bien estados independientes con regímenes fascistas o dictaduras militares (más la enorme URSS con su régimen de partido único). Hoy el panorama es el inverso. La crisis iniciada en 2008 sólo condujo a crisis políticas equiparables a las de los años 30 en Medio Oriente”.
¿Pero cómo se explica esto? ¿Por qué la crisis actual no condujo a una debacle abierta e inmediata como en los años ‘30? Porque la burguesía imperialista lo evitó, generando nuevos escenarios de crisis como el que sacude actualmente a Europa por la crisis fiscal de los estados, nacida al calor de los salvatajes de los bancos. Estos mecanismos impidieron que la crisis se transforme en un crack o en depresión de la economía mundial, pero no han impedido que se convierta en una recesión abierta. De allí que los fenómenos políticos tengan ritmos menos acelerados. Aquí y aquí hemos señalado algunos aspectos de esa dinámica europea. Pero lo que debe ser explicado es la diferencia de ritmos como resultante de determinadas acciones de las clases sociales y sus representantes políticos.
Eso altera la forma de manifestación de los rasgos centrales de la época imperialista, pero no su carácter. Ésta, definida por Lenin como “época de crisis, guerras y revoluciones” no puede ser entendida en un sentido abstracto. Nosotros hemos señalado claramente que la época tiene un elemento de carácter algebraico. Es decir, una definición que requiere ser concretizada a cada etapa histórica.
En este sentido (y aquí radica un punto central) es preciso preguntarse si esta etapa es el resultado de un proceso de desarrollo interno del capitalismo o es el resultado de la derrota del movimiento de masas. Los avances de la burguesía y el neoliberalismo durante las últimas décadas tienen una explicación fuertemente ligada a la lucha de clases. En América Latina fueron necesarias directamente dictaduras militares que impusieron los dictados del capital imperialista con campos de concentración y miles de desaparecidos. En Europa el período neoliberal se asentó en la derrota de durísimas luchas de la clase obrera como la huelga de los mineros ingleses o de los controladores aéreos norteamericanos.
Pero mirando el período aún más hacia atrás, la clase obrera y las masas pobres tuvieron en sus manos la posibilidad de conquistar el poder político, pero a su cabeza estaban direcciones fuertemente integradas al régimen capitalista. Esas direcciones fueron responsables de las derrotas o desvíos de esos procesos. Salvo que se quiere caer en el fatalismo histórico y decir que esa era la única salida posible a esos procesos, entonces es necesario sacar las conclusiones de la acción misma de las direcciones.

Una época convulsiva

León Trotsky señala aquí que “El carácter de la época no consiste en que permite realizar la revolución, es decir, apoderarse del poder a cada momento, sino en sus profundas y bruscas oscilaciones en sus transiciones frecuentes y brutales”
Esas oscilaciones son el resultado de las contradicciones estructurales de la época que se vuelven a poner de manifiesto, de manera exacerbada, luego de haberse evitado su estallido a fines de los años 70 mediante un avance sobre las condiciones de vida de las masas, un elevación de la tasa de ganancia global basada en la conquista de una parte del mundo, hasta el momento vedada abiertamente al capital imperialista, y la consecuente incorporación de un enorme ejército de trabajadores (más de 1000 millones de personas) que deprimieron el salario mundial y permitieron aún más avances del capital sobre la fuerza de trabajo.
Precisamente, como se señala acá, estamos viendo los límites de ese período, lo cual puede hacer que los valores algebraicos de la época de crisis, guerras y revoluciones, empiecen a concretarse bajo otros parámetros. De allí que la preparación consciente para giros bruscos de la situación, saltos a izquierda o derecha, donde como señala Trotsky en la obra citada anteriormente. Esa preparación, como señala Juan Dal Maso, implica una "actividad (que) se orienta a una práctica constante en el movimiento obrero, la juventud y la intelectualidad para aportar a la recomposición de una subjetividad revolucionaria".




viernes, 23 de marzo de 2012

Apuntes sobre “Nueve lecciones sobre economía y política en el marxismo” (libro de Aricó recientemente publicado)


Este post surgió de un mail que el amigo Fernando Rosso nos mandó a los cordobeses a propósito de la nota que se publica acá. Allí Diego Tatián, actual decano de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC hace una reseña del libro “Nueve lecciones sobre economía y política en el marxismo”, de José María Aricó, editado hace pocos meses por FCE.
En la reseña Tatián escribe sobre Aricó que éste “recupera el concepto leniniano de “formación económico-social” (particularmente agudas las páginas de la lección sexta en las que contrapone esta noción de Lenin a la de “revolución permanente” que Trotsky había acuñado inspirado en Parvus), y promueve un marxismo como estudio de singularidades sociales, a contrapelo del dogmatismo con el que se confronta”.
Tenemos que decir que Tatián se quedó corto en su reseña, porque debería haber agregado que Aricó “recupera” no sólo este concepto, sino que incluso repite, con pequeñas modificaciones, muchos de los viejos argumentos estalinistas dirigidos contra Trotsky y la Teoría de la revolución permanente. En este aspecto el hijo dilecto de los “gramscianos argentinos”, por lo menos en esta Lección, no aporta nada distinto a sus ex camaradas del PC.  En esta misma sección no dejamos de hallar definiciones verdaderamente sorprendentes que bien, hacen gala de un enorme desconocimiento histórico o, por el contrario, se tratan de una falsificación consciente de las cosas. 

Rusia y Europa

Según Aricó “el análisis de Trotsky presuponía una sobrevaloración de la capacidad revolucionaria del proletariado europeo. Subordinar la posibilidad del triunfo del movimiento socialista a la capacidad de extensión del movimiento revolucionario ruso a la socialdemocracia europea (…) era no comprender el nivel, el grado de conciencia, de organización, de consistencia de este proletariado” (pág. 200)
Agrega que esto “establecer sin discusión la dependencia de la revolución con respecto a la situación internacional, estableció un límite fundamental en la medida en que el resultado de la revolución e convertía en un interrogante” (pág. 201)
Aricó quiere mostrar un contrapunto entre Trotsky y a Lenin. A tal extremo llega que acerca de Lenin escribe “nunca confió en que una revolución externa pudiera determinar la suerte de la revolución interna. Este pensamiento siempre estuvo ausente del horizonte mental de Lenin” (pág. 203). Esta afirmación se choca contra la tradición histórica del marxismo revolucionario ruso. Repite el viejo argumento, un tanto modificado, de que Trotsky no confiaba en las fuerzas internas del proletariado ruso para edificar el socialismo. Argumento que el estalinismo va a reiterar constantemente a partir de 1924, cuando surge la teoría del socialismo en un solo país, aunque tenemos dudas sobre si los “teóricos” del estalinismo llegaron tan lejos en su negación del pensamiento de Lenin como lo hizo Aricó.
En Lenin, hay una continuidad entre la revolución rusa y la revolución europea. En el Informe sobre la revolución de 1905, Lenin escribía “la revolución rusa sigue siendo un prólogo de la futura revolución europea. Es indudable que esta futura revolución solo puede ser una revolución proletaria (…) no nos debe engañar el silencio sepulcral que ahora reina en Europa. Europa está preñada de revolución” (A propósito de las consignas. Ed. Anteo, Pág. 36). El resaltado del propio Lenin, intenta mostrar la continuidad entre ambos procesos.
Pero al mismo tiempo, establecía una dependencia entre la revolución rusa triunfante y sus posibilidades de sostenerse frente a la presión del imperialismo mundial. A principios de 1918, decía “El hecho de que estemos atrasados nos ha empujado hacia adelante, y pereceremos sino sabemos resistir hasta el momento en que encontremos el poderoso apoyo de los obreros insurrectos de los otros países” (Lenin, Obras Escogidas. Ed. Cartago)
Como relata, E.H. Carr, durante las negociaciones de Brest-Litovsk, ante el aval de Zinoviev y Stalin a su posición, “Lenin rechazó el apoyo que le viniese basado en cualquiera de esos dos argumentos. Existía “un movimiento de masas en “Occidente”, aunque la revolución no había comenzado aún y si los bolcheviques cambiaban su táctica contando con ella “traicionarían al socialismo internacional”. Por otro lado, si Zinoviev tenía razón y si “el movimiento germánico es capaz de desarrollarse inmediatamente en el caso de una ruptura de las negociaciones de paz, habremos de sacrificarnos, puesto que la revolución alemana será mucho más poderosa que la nuestra” (citado en Cómo se armó la revolución, pág. 30-31, resaltado propio).
Contraponer a Lenin y Trotsky en este aspecto es la falsificación más lisa y llana de la historia. El profundo realismo político de Lenin que lo lleva a insistir en la firma inmediata de la paz, no se puede confundir con un pensamiento socialista nacional, que considerara que la revolución rusa era pasible de triunfar y desarrollarse en los marcos del retroceso de la revolución mundial.

Campesinado y proletariado

Como si no hubiera pasado la historia, Aricó repetirá los argumentos estalinianos cuando escribe “Otra cosa que preocupaba a Lenin, y que no percibía Trotsky, era la falsedad del argumento según el cual el campesinado no podía conformar su partido político, pues existía en Rusia un partido que expresaba las pasiones del campesinado: el partido socialista revolucionario” (pág. 204).
La "falsedad" de la afirmación de Aricó reside en que Trotsky planteaba “que los partidos pequeño burgueses con una base campesina pueden acaso asumir una apariencia de política independiente en los días pacíficos de la historia (…) cuando la crisis revolucionaria de la sociedad pone a la orden del día los problemas fundamentales de la propiedad, el partido pequeño burgués campesino se convierte en un instrumento de la burguesía contra el proletariado” (La Revolución Permanente)
Pero además, la historia enseña que, en la cuestión relativa al problema campesino, Trotsky “tuvo razón” contra Lenin. En el pensamiento de éste, hay un giro importante tras la revolución de Febrero. Todo aquel que haya leído la historia de la revolución rusa, conoce este cambio que se expresará en las Tesis de Abril y que implicará una dura pelea política contra los “viejos bolcheviques” que defendían la fórmula de “dictadura democrática de obreros y campesinos”.
Que Lenin revisó su propia visión no es un secreto. Si Aricó no lo sabía (algo realmente dudoso) Tatián debería saberlo. En las Tesis de Abril se señala “La peculiaridad del momento actual en Rusia consiste en el paso de la primera etapa de la revolución, que ha dado el poder a la burguesía por carecer el proletariado del grado necesario de conciencia y de organización, a su segunda etapa, que debe poner el poder en manos del proletariado y de las capas pobres del campesinado (…) Reconocer que, en la mayor parte de los Soviets de diputados obreros, nuestro partido está en minoría y, por el momento, en una minoría reducida, frente al bloque de todos los elementos pequeñoburgueses y oportunistas -sometidos a la influencia de la burguesía y que llevan dicha influencia al seno del proletariado-, desde los socialistas populares y los socialistas revolucionarios hasta el Comité de Organización”(resaltado propio). La formulación de Lenin es “permanentista” y señala claramente que los partidos que expresan “las pasiones” del movimiento campesino están subordinados a los que expresan los intereses de la burguesía en plena revolución.

De Lenin a Mao

La contraposición entre Lenin y Trotsky sobre el problema campesino (que por otro lado Trotsky contesta en La Revolución Permanente, libro que Tatián y Aricó deberían haber leído) sirve al fundador de Pasado y Presente para justificar su apoyo al maoísmo. Afirma “Lenin reconsidera el problema del movimiento campesino y se ubica ante las puertas de un tema cuyo reconocimiento habrá que esperar hasta la Revolución china. Sólo entonces se verá con claridad que no es verdad que el movimiento campesino no tenga potencialidades propias, que necesite imprescindiblemente de la presencia física del proletariado” (pág. 206)
Sobre la estrategia del maoísmo hemos escrito recientemente acá y acá marcando los límites de la conquista del poder por parte de una guerrilla con base campesina, tanto en el plano de la revolución socialista como tal como en el plano del internacionalismo proletario. Sobre el marxismo de Aricó (y el de la corriente Pasado y Presente) se pueden consultar estos dos muy buenos artículos de Juan Dal Maso y Ariane Díaz.
En otro post discutiremos el “uso político” que Tatián hace de esta falsa contraposición entre Trotsky que Aricó establece entre Trotsky y el análisis más concreto de Lenin de la formación social rusa. En este post volcamos las primeras impresiones surgidas al leer el capítulo. 


jueves, 2 de febrero de 2012

Apuntes sobre China, el trotskismo y la revolución política (2º Parte)


Decíamos ayer que el programa de la revolución política desarrollado por Trotsky era la única alternativa posible para frenar la burocratización del estado obrero ruso e impedir que eso se transformara en la base del proceso de restauración capitalista. En los orígenes del estado obrero chino, éste surge directamente como una forma social deformada y degenerada, en la cual el control político es ejercido por una burocracia independiente del movimiento de masas, la misma que inicia el camino de la restauración capitalista.
Sin embargo, la misma contradicción que se hallaba presente en la URSS entre las bases sociales del estado (donde no existía la clase capitalista) y la burocracia estatal que defendía sus privilegios, también se podía detectar en China.

Dirección, estrategia y restauración

Dado que “el socialismo no se construye mecánicamente, sino conscientemente”, la estrategia que tenga la dirección de una revolución es fundamental para determinar los pasos en la “construcción socialista”. En el caso chino, fueron los mismos dirigentes de la revolución de 1949, los que impulsaron, luego del fracaso del Gran Salto Adelante y la crisis de la Revolución Cultural, las reformas pro-mercado y la política de convivencia con el imperialismo como parte del proceso de modernización.
Perry Anderson señala que “a la puerta de las reformas, quizá la más decisiva de todas las diferencias entre Rusia y China se encontraba en el carácter de su dirección política. Al mando de la RPCh no estaba un funcionariado aislado e inexperto, rodeado de asesores y publicistas infundidos de un ingenuo Schwärmerei (entusiasmo) por todo lo que fuera occidental, sino unos curtidos veteranos de la Revolución original, dirigentes que habían sido colegas de Mao y que habían sufrido con él, pero que no habían perdido ninguna de sus habilidades estratégicas”.
En esto hay una diferencia abismal con la revolución rusa. En el caso de la gran gesta del ‘17, la dirección que había tomado el poder fue perseguida y aniquilada por la burocracia estalinista. En agosto de 1937, contra aquellos que querían ver en el estalinismo la continuidad del bolchevismo, León Trotsky escribía “La exterminación de toda la vieja generación bolchevique, de una gran parte de la generación intermedia que había participado en la guerra civil, y también de una parte de la juventud que había tomado más en serio las tradiciones bolcheviques, demuestra la incompatibilidad no solamente política, sino directamente física, entre el bolchevismo y el estalinismo” (Bolchevismo y stalinismo, Pág. 19. Ed. El Yunque)
Como puede verse, la estrategia de la dirección no es un problema secundario (como opinaba Sartelli en nuestro debate) sino central en la perspectiva de la construcción del sistema socialista a escala internacional.

“El estado soy yo”

En La Revolución Traicionada, Trotsky también señaló que La burocracia, considerada en su conjunto, se preocupa menos de la función que del tributo que ésta le proporciona. La casta gobernante trata de perpetuar y de fortalecer los órganos de coerción; no respeta nada ni a nadie para mantenerse en el poder y conservar sus ingresos”.
La burocracia defiende las raíces sociales del estado obrero “con sus propios métodos”. Es decir que la defiende en cuanto sostiene la fuente de sus privilegios. Pero empujada por la necesidad de asegurar estos, avanza en el intento de hacer sus formas de dominio más estables y duraderas. Intenta convertir su control sobre los resortes del estado en control efectivo y legitimado sobre los medios de producción. De esta contradicción surgen las tendencias a la restauración capitalista.
Bajo este régimen “Los medios de producción pertenecen al Estado. El Estado "pertenece", en cierto modo, a la burocracia. Si estas relaciones completamente nuevas se estabilizaran, se legalizaran, se hicieran normales, sin resistencia o contra la resistencia de los trabajadores, concluirían por liquidar completamente las conquistas de la revolución proletaria” (Trotsky)
Estas tendencias estuvieron presentes desde el principio en el estado obrero chino. Hoy, a pesar de los años transcurridos desde el inicio de las reformas pro-mercado, la burocracia estatal no termina de reciclarse en nueva clase dominante. Al lado de la burguesía imperialista y de los nuevos millonarios chinos, todavía subsisten millones de funcionarios que tienen en el control del estado su razón de ser.
El libro La actualidad de China tiene la virtud de evidenciar de manera constante ese interés de casta. Por ejemplo, el autor español recuerda que a principios de los noventa “la industria farmacéutica necesitaba sangre, y la campaña llegó a ser muy popular entre los campesinos pobres, que encontraron una inesperada fuente suplementaria de ingresos. También fue popular entre los funcionarios, que enseguida vieron sabrosos negocios, y se llevaron la parte del león. Errores garrafales en la higiene y los procedimientos, como la mezcla de la sangre y la inoculación a los donantes de los glóbulos desde contenedores no esterilizados, produjeron una masiva difusión de enfermedades como el SIDA y la Hepatitis B y C” (Pág. 174)
Aparte de un elemento de anarquización de la economía como decíamos ayer, los privilegios de la burocracia y su desprecio por la vida de las masas, son un elemento latente que anuncia nuevas convulsiones de la lucha de clases.

La revolución política

Frente a la combinación de creciente caotización de la economía planificada y las tensiones que generaban los privilegios de los que gozaba la burocracia del estado, Trotsky planteó en 1936, el programa de la Revolución política: La revolución que la burocracia prepara en contra de sí misma no será social como la de octubre de 1917, pues no tratará de cambiar las bases económicas de la sociedad ni de reemplazar una forma de propiedad por otra. La historia ha conocido, además de las revoluciones sociales que sustituyeron al régimen feudal por el burgués, revoluciones políticas que, sin tocar los fundamentos económicos de la sociedad, derriban las viejas formaciones dirigentes (1830 y 1848 en Francia; febrero de 1917, en Rusia). La subversión de la casta bonapartista tendrá, naturalmente, profundas consecuencias sociales; pero no saldrá del marco de una revolución política.”. La Revolución Traicionada.
Del derrocamiento político revolucionario de esa casta que preparaba las condiciones de la restauración capitalista, dependía la posibilidad de regenerar el estado obrero ruso. Asimismo, si en los años posteriores a la revolución china, hubiera podido forjarse un partido revolucionario con la estrategia del trotskismo, podría haber sido un factor actuante frente a las diversas crisis que sacudieron el país hasta el inicio de las reformas en 1978. Contra esto, conspiró el papel jugado por algunas de las principales corrientes del centrismo trotskista internacional que se hicieron apologistas de la figura de Mao Tse-tung.  

Paz interior y comercio exterior: la fórmula ganadora

La estrategia del “socialismo con características chinas” se expresó además en la ausencia de una perspectiva revolucionaria internacionalista.
En la polémica con Sartelli citábamos a Ted Grant “China –al igual que con el acuerdo diplomático con Pakistán y la gira del Primer Ministro Chou en Lai por África– imita el comportamiento de la burocracia rusa para intentar encontrar amigos. En Zanzíbar llegaron a un acuerdo con el sultán antes de que éste fuera derrocado; no hicieron ninguna crítica a los gobiernos de Tanganica, Uganda y Kenia cuando éstos recurrieron a las tropas británicas contra sus propias tropas amotinadas”.
Esto coincide con lo que escribe Anderson “Una cautelosa amistad, en vez de un antagonismo calculado, había creado las condiciones para que los cuarteles generales del capital mundial, y su variado surtido de afiliados regionales, ya estuvieran preparados para ampliar el apoyo  financiero al menor signo de un movimiento en China hacia el mercado”.
Los avances del capitalismo, la política de convertir a China en la gran ensambladora del mundo, se sostuvieron sobre el exceso de mano de obra barata, compuesto por un gigantesco ejército de reserva de millones de campesino. De ahí el “milagro chino”.
Pero en esta transición se mantienen infinidad de contradicciones, hoy reforzadas por la crisis internacional en curso que afecta a China, limitando su crecimiento. Señalemos algunas que se desprenden de la lectura del libro de Poch-de-Feliu.
Contra lo que parece sostener Perry Anderson, el problema campesino se reformula bajo la presión del avance capitalista. Hay varios factores que “actualizan” el problema campesino: la presión de los gobiernos locales y las empresas por la tierra para instalar nuevas empresas y hacer autopistas, la contaminación surgida de las mismas que afecta la salud de millones, las relocalizaciones que implican pérdidas de tierra y vivienda, además de estafas por parte de funcionarios, la miseria en la que viven que obliga a emigrar a los jóvenes y a sus familias a depender de las remesas que envían aquellos desde las ciudades. A raíz de esto, el proletariado chino emigrante (entre 150 y 200 millones de trabajadores y trabajadoras) mantiene profundos vínculos con ese enorme campesinado. Esta relación puede expresarse en la lucha de clases en el futuro como un factor progresivo.
La burocracia que aún mantiene un peso central en el poder del estado, hace sus propios negocios, mientras avanza en su reconversión como clase dominante. Pero la crisis internacional en curso impone límites a este “florecimiento” de los negocios chinos y por ende al surgimiento de nuevos sectores burgueses, en el marco de un peso central de los monopolios imperialistas. Parece ser que precisamente por ello, el saqueo y el pillaje de las burocracias locales se exacerban. En esto se expresa la contradicción entre el aparato del estado, aún dominado por la burocracia y las formas capitalistas extendidas por todo el tejido social.
Los avances de la restauración, como se explica acá y acá, aceleran esas contradicciones. Han generado un enorme desarrollo desigual y combinado, con muchos elementos potencialmente explosivos, como el mayor proletariado del mundo, trabajando en condiciones de extrema explotación, un enorme campesino viviendo en condiciones de pobreza y siendo atacado por los avances capitalistas y el saqueo de los funcionarios estatales.
A causa de ello, hoy la burocracia es la más interesada en sostener la estabilidad política del país. En una entrevista al Director de desarrollo urbano de Pekín, éste respondía “cualquier acción que perjudique la estabilidad social, ya sea de parte de funcionarios o de parte de los ciudadanos, será tratada con firmeza (…) China es un país muy grande y atravesamos un período crítico, así que la prioridad del gobierno es el desarrollo. La estabilidad es la premisa (…) o resolvemos bien todos esos problemas de calentamiento económico, urbanización, contaminación y desigualdad social, de tal forma que el desarrollo económico y social sea parejo, o bien nos mantenemos en una época de crisis y latinoamericanización” (entrevista en Pág. 215)

La crisis internacional en curso puede acelerar el conjunto de estas tendencias y llevar a mayores choques entre la burocracia del estado, las patronales imperialistas y el nuevo y poderoso proletariado. Esas nuevas convulsiones seguramente serán un factor actuante de la lucha de clases internacional.


miércoles, 1 de febrero de 2012

Apuntes sobre China, el trotskismo y la revolución política (1º Parte)


Hace unos años junto al amigo Jonatan Ros, escribíamos acá y acá, en polémica con Eduardo Sartelli, de Razón y Revolución, sobre la “eficiencia” revolucionaria que este autor le otorgaba a los bolcheviques. Decíamos concluir que lo que distingue a un revolucionario es la eficiencia hay un paso grande que lleva a Sartelli a igualar a Lenin y Trotsky con Mao, Castro y Ho Chi Min, ya que todos tomaron el poder (…) borra de un plumazo la enorme lucha de tendencias que existió a lo largo del siglo XX, que dividió y enfrentó a las distintas corrientes que se reivindicaban revolucionarias.”
En estos días, leyendo este libro del periodista español Rafael Poch-de-Feliu, que no se reivindica marxista ni de izquierda,  me vino a la mente aquel debate. El libro contiene una riqueza descriptiva enorme que permita sondear en la China actual y, al mismo tiempo, pensar algunos aspectos de la "herencia maoísta". 
Aquella discusión con Sartelli tuvo como un eje explicar los problemas que se derivaban de la estrategia revolucionaria (o de la ausencia de ella) en los dirigentes de la revolución china y cubana. Frente al eclecticismo de Sartelli, señalábamos que, en condiciones de dominación mundial del capital imperialista, la lucha por la revolución socialista no puede escindirse en esferas separadas. Precisamente la Teoría de la revolución permanente, daba una unidad dialéctica al proceso de la revolución socialista en su conjunto. Esta perspectiva era que la que estaba negada en las estrategias de Mao y de los dirigentes del M-26.
En ambos casos, esto se expresaba en la búsqueda de una alianza con sectores de la burguesía nacional, liquidar las tendencias a la autoorganización en el movimiento obrero y limitar la revolución al plano estrictamente nacional, buscando les mejores condiciones de negociación con alas de la burguesía imperialista.
Como ya señalamos en esa nota, esta estrategia se vio “desbordada” por la misma dinámica de la lucha de clases, donde la acción revolucionaria de las masas y la presión contrarrevolucionaria del imperialismo y las burguesías locales, empujó a estas direcciones más allá de sus objetivos iniciales.

Democracia soviética y construcción socialista

Pero como señalamos en ese entonces, la democracia soviética, ausente en la estrategia maoísta, implicaba el freno del desarrollo de los elementos socialistas al interior del estado obrero.
En La Actualidad de China, el autor señala que “la alianza de los poderes locales con empresas para exprimir a los campesinos, monopolizando los mercados o expropiando tierras de cultivo en aras del beneficio privado es un clásico en China. El 20 de febrero de 2004, doscientos vecinos de la aldea de Dazhu (…) estaban eligiendo a las autoridades cuando la policía irrumpió en el local, rompió las urnas y dispersó a los congregados (…) en un distrito de la provincia de Hubei, se rebeló que las autoridades de nivel superior habían destituido a 187 jefes de aldea legítimamente electos, y se estimaba que sólo en una quincena de los 354 pueblos, las elecciones locales podían considerarse democráticas.” (págs. 135-136)
La cuestión democrática está ligada indisolublemente a las necesidades del desarrollo socialista. León Trotsky en La Revolución Traicionada, escribíaEl papel progresista de la burocracia soviética coincide con el periodo dedicado a introducir en la Unión Soviética los elementos más importantes de la técnica capitalista (…) cuanto más lejos se vaya, más se tropezará con el problema de la calidad, que escapa a la burocracia como una sombra (…) En la economía nacionalizada, la calidad supone la democracia de los productores y de los consumidores, la libertad de crítica y de iniciativa, cosas incompatibles con el régimen totalitario del miedo, de la mentira y de la adulación (…) La democracia soviética no es una reivindicación política abstracta o moral. Ha llegado a ser un asunto de vida o muerte para el país”.
La ausencia de esta democracia de los productores fue uno de los elementos centrales en los límites a la planificación ejercida por la dirección maoísta. La burocracia, lejos de aportar al desarrollo armónico del conjunto de las fuerzas productivas, impulsó una modernización “desde arriba”, que tuvo consecuencias terribles para el nivel de vida de las masas y preparó las condiciones para la restauración capitalista.
Poch-de-Feliu escribe que “Kueh sugiere respecto al Gran Salto Adelante  que sin la estúpida política maoísta de reducir la superficie de cultivo para dedicar las energías a producir más acero que Gran Bretaña, sin las incautaciones de grano de 1959-1960 y sin el mantenimiento durante tres años de esa mala política, que incluía mantener en secreto sus consecuencias, el desastre no habría sido tan grave” (Pág. 167)
El mismo autor señala antes que “En 1955 se realiza la colectivización forzada; dos años después, la represión de los intelectuales con el movimiento de las “cien flores”. A partir de otoño de 1957 se lanza el desastre del Gran Salto Adelante con entre veinte y treinta millones de muertos entre 1959 1961, por una mezcla de errores políticos y catástrofes naturales”
Otro ejemplo, bajo los avances de la restauración capitalista, es el siguiente: “Casi todas las 699 grandes ciudades chinas tienen proyectos de grandes “parques industriales” y “zonas de desarrollo y negocios” cuyo único sentido es glorificar a las ciudades y a sus funcionarios” dice el viceministro de construcción (…) de los seis mil parques industriales construidos en los últimos siete años, la mitad eran “innecesarios” dice Qiu. La mitad de estos innecesarios parques han sido cerrados y los que no habían sido concluidos se han detenido hasta un examen de su viabilidad” (Págs. 154-155)  
La planificación burocrática realizada desde arriba, lejos de permitir un desarrollo lo más armonioso posible, implicó profundas crisis. Se produce un proceso de “anarquización” dentro de la planificación, donde las tendencias de los distintos sectores de la burocracia tienden a intentar hacer primar sus propios intereses.
Precisamente, contra esta tendencia a la “modernización” por fuera de las necesidades y las decisiones de las masas, en La revolución permanente, Trotsky advertía que “El ritmo máximo, es decir, el mejor, el más ventajoso, es no sólo el que imprime un rápido desarrollo a la industria y a la colectivización en un momento dado, sino el que garantiza asimismo la consistencia necesaria del régimen social de la dictadura proletaria, lo cual quiere decir, ante todo, el robustecimiento de la alianza de los obreros y campesinos, preparando de este modo la posibilidad de triunfos ulteriores”.


Choque de intereses burocráticos

Las tensiones entre la burocracia central y las burocracias locales son un elemento constante, presente desde hace décadas y reforzado en los últimos años. Perry Anderson señala que la planificación china siempre había sido mucho más relajada que su modelo soviético. Mao había reconocido pronto la imposibilidad de imponer las omnipresentes directivas del Gosplan en una economía china mucho menos articulada, con tradiciones regionales mucho más profundas e infraestructuras más pobres. Desde el principio, las autoridades provinciales y municipales habían disfrutado de una autonomía mayor que la del sistema soviético en cualquier momento de su historia. Deliberadamente, la Revolución Cultural había debilitado aún más los poderes del centro, dejando a los gobiernos locales más espacio para iniciativas”
En el libro de Poch-de-Feliu puede verse como estas tensiones regionales, se sostienen en los marcos de los avances de la restauración capitalista: “En mayo de 2005, una directiva de Pekín instó a las provincias a solucionar in situ las quejas de la población para evitar la avalancha de pleitos que se acumulan en la capital (…) En respuesta, 17 provincias replicaron con una carta colectiva de sus respectivos departamentos de propaganda pidiendo al gobierno central que pusiera en cintura las denuncias de la prensa, responsable, decían, de echar leña al fuego con sus esporádicos informes sobre injusticias” (pág. 323)

En la segunda parte de este post abordaremos la relación entre la dirección política del proceso de la revolución china y sus consecuencias en la consolidación de una burocracia que preparó el camino a una “restauración lenta del capitalismo” y como muchas de las contradicciones de ese proceso se mantienen abiertas. 
Precisamente la Teoría de la revolución permanente, formulada por Trotsky, así como  la estrategia de la revolución política como expresión de esa teoría ofrecía el único camino alternativo para evitar esta degeneración y la caída de los estados obreros.