martes, 2 de abril de 2019
Les reines prochaines. Sonidos aterradoramente bellos
Sino lo escucharon, haganlo. Puede helar la sangre, al tiempo que acelera el pulso.
sábado, 10 de febrero de 2018
Chico Buarque y el Cordobazo
La primera vez que escuché Construcción tenía 19 años. Ha pasado más de 20 ya de aquel
entonces. Ya por eso entonces la canción era un himno.
Íbamos en un VW 1500. O en un Dodge 1500. Para el caso no
tiene importancia. Incluso no tengo idea de si esos modelos existen o solo los
inventa mi memoria atravesada por los recuerdos borrosos de hace dos décadas.
Tampoco importa por dónde íbamos. Aunque la zona era
Ferreyra. La memoria es demasiado frágil para recordar si andábamos por el
Camino Interfábricas o solo íbamos por lo que era la vieja ruta 9, que es lo
mismo que la avenida Sabattini. Pegábamos afiches. Creo. Sino haríamos
pintadas.
La canción me la hizo escuchar el Cabezón. El cabezón no
está más. Hace ya 20 años o más. Desde casi el mismo tiempo que pasó desde aquella
canción que escuché. Se fue. Estuvo mal en irse. Cometió un error. Pero se fue.
Posiblemente el cuerpo y el alma no le dieron. Había pasado por los llamados
años de plomo. Yo apenas lo conocí. Cuando yo llegaba, él se iba. Como una
suerte de caminos que se cruzan. Todavía lo recuerdo escapando de un viejo y
sucio local que teníamos en una esquina que, casi se podría decir, no existe
más.
Y sin embargo, el Cabezón, además de hacerme escuchar a
Chico Buarque, me enseñó que te podían matar. A pocas horas de haber llegado a
las ideas de la izquierda, desde una suerte de mundo paralelo que era la
bucólica ciudad de Alta Gracia, ya sabía que te podían apuntar con un revolver
en la cabeza, preguntarte por tus dirigentes y jugar con tu vida. Ya sabía que
morir o vivir podía ser una ruleta rusa. Buena enseñanza.
Esa conversación tuvo lugar en la zona de Ferreyra. Hace más
de 20 años. Y sin embargo es difícil olvidarse.
Para los que nacimos a la vida política en el final del
menemismo, el mundo era una derrota apilada sobre otra derrota. Sin embargo la
mística de los años 70 estaba ahí. Por lo menos, en Córdoba, estaba ahí. Para
decirnos que era vida. Que era realidad, que no había más que esperar y prepararse.
La historia no se repite. Pero sí se repite. Y el proletariado cordobés dará
sus Cordobazos. La impaciencia es mala consejera.
Hoy me acordé del Cabezón y de Ferreyra. Como siempre, meacordé del Goyo. Como siempre, me acordé de Arturo M. Bas y San Juan.
miércoles, 25 de octubre de 2017
14 Apuntes contra el escepticismo pos-electoral (o sobre los límites del triunfo de Cambiemos)
1) Después de la elección de este domingo, el escenario
político queda corrido hacia la derecha. Sin embargo, como se dice hace mucho
tiempo, el impresionismo suele ser mal consejero.
2) La relación de fuerzas social y política se
expresó tanto en la campaña como de manera inmediatamente posterior. En el
momento pos electoral se expresa como el llamado a un “acuerdo nacional” con el
objetivo de imponer un ajuste consensuado con el conjunto del poder político. A
partir de un triunfo determinado, se trata de alinear a todos los factores del
poder político (la representación en sus diversas formas) como garantes del
plan de ajuste del capital.
3) La lógica política (y ahí se evidencia en que
saben hacer política) en “anti-triunfalista”. Lejos de subirse al pony y avanzar
por los caminos del decisionismo se trata de una línea destinada a comprometer
a todos los sectores políticos en una agenda que, de fondo, es antipopular.
4) La ventaja del oficialismo radica en que la
lógica de la oposición reproduce una especie de movimiento de Cinta de Moebius,
donde la fortaleza del gobierno deviene de las concesiones de la oposición y
estas concesiones se explican por la fortaleza del gobierno. Un círculo vicioso
que el resultado electoral seguramente reforzará.
5) Los factores de poder sufren de una debilidad estructural
que es resabio de las décadas pasadas: el enorme peso del poder central a la
hora de otorgar recursos. Provincias, municipios y burocracias sindicales tiene
una relación estrecha con los fondos que llegan desde la Nación. De ahí deviene
su intensa “vocación” negociadora.
6) El poder político logrado por Cambiemos no
debe ser confundido con la hegemonía en el sentido propio del término. No se trata
de una discusión conceptual o abstracta. La campaña de Cambiemos combinó la apelación
genérica al “futuro” con el rechazo recurrente al “pasado” -expresado en figuras
altamente cuestionadas a escala social. Sería bueno preguntarse por la “repentina”
reapertura de la (infundada) causa creada a partir de la denuncia de Nisman.
Sería bueno analizar el rol de la casta judicial operando en un furibundo
accionar de citaciones a declarar a ex funcionarios nacionales.
Es imposible entender la “hegemonía” de Cambiemos
sin esa evidente unidad de propósito entre el accionar del Partido Judicial, la
gran corporación mediática y el discurso vacío del gobierno. Un reparto de
tareas entre los que hacen el trabajo sucio y los que hablan bonito. En ese
marco, las apelaciones al “progreso individual” son los suficientemente
abstractas y genéricas como para dialogar trasversalmente con diversas capas y
clases sociales.
Que esto puede tener una base más firme en un nivel
de clase media alta es innegable. Pero en los sectores populares la votación de
Cambiemos no puede separarse de dos cosas: la parcial estabilización en la situación
económica (que no logra frenar la inflación sin embargo) y el uso generalizado
de lo que el neoliberalismo clásico llamó “gasto público” en pos de sostener la
agenda social. A eso hay que agregarle un regadero de obras públicas que tienen
por base el endeudamiento creciente.
7) El “kirchnerismo ordenado” de Cambiemos le
saca fuerza al “kirchnerismo real” de Cristina. Por dos razones. La primera es
que evidencia que el programa de la gestión “nac&pop” en relación la
pobreza resultó tan moderado que hasta la actual CEOcracia gobernante puede
ejecutarlo sin grandes tensiones. Al mismo tiempo, se evidencia el “aprendizaje”
por parte de la nueva gestión estatal sobre la necesidad de esa contención
sobre los sectores más humildes en aras de sostener la estabilidad política. En
ese marco, las buenas votaciones “cambiemitas” en sectores empobrecidos no
deberían sorprender.
8) Las ventajas del oficialismo radican, como se
ha abundado, en la crisis del peronismo. Una crisis que debe verse en el plano
de un período que abarca los últimos años, pero también en términos más históricos.
El “techo bajo” de CFK, la candidata más votada, evidencia que su construcción discursiva
de “todo tiempo pasado fue mejor” no es compartida por amplias franjas de la
población. La polarización política del macrismo encuentra ahí parte de su
éxito.
Pero ese techo también expresa los límites históricos
del kirchnerismo en cuanto avatar del
peronismo. Su impotencia objetivo/subjetiva de revertir la degradación de las condiciones
de vida de la clase trabajadora y el pueblo pobre legada por el neoliberalismo.
Su imposibilidad de establecer un nuevo “piso” de ciudadanía social para la
clase trabajadora. Todo ello es una muestra de la degradación histórica de ese
movimiento. El debate sobre la “muerte del peronismo”, que parece hacer gozar
orgásmicamente al pseudo-periodismo gorila, al elenco oficial y cierta
intelectualidad afín, no puede analizarse separadamente de esas limitaciones estructurales.
9) Si el kirchnerismo en el poder, con los
resortes del Estado a su favor por más de una décadas, en un contexto altamente
favorable a escala internacional, fue incapaz de transformar profundamente la
estructura nacional enfrentado seriamente a los grandes poderes ¿Por qué ahora,
desde el llano, podría oponer una resistencia seria al ajuste por venir? No
debe olvidarse, además, que muchos de los “traidores” que dieron gobernabilidad
a Cambiemos fueron parte de ese oficialismo hasta diciembre de 2015. En ese
sentido, la “verdadera herencia kirchnerista” es la troupe de garantes de la
gobernabilidad macrista.
10)El límite estratégico del kirchnerismo, como
ya lo señalamos, radicó en su carácter de clase burgués. Su administración del Estado,
más allá de los roces con sectores del gran empresariado, fue garantía de una gestión
relativamente exitosa de las ganancias del capital. De allí que, contra todo el
relato construido, nunca hubo acciones “destituyentes” serias sino batallas
parciales destinadas a negociar tajadas de la riqueza nacional. Nadie debería
olvidar que pocos meses antes de la elección de 2015, en el Council de las
América, el candidato más aplaudido por el gran capital imperialista era Daniel
Scioli. Nadie en ese lugar parecía ver en el ex motonauta a un potencial
expropiador de sus riquezas.
11)Ese fracaso implica volver a plantear la cuestión
estratégica de como enfrentar a la derecha que, recordemos para evitar los
lugares comunes, es el gran capital concentrado, los grandes medios de comunicación,
la casta judicial, los servicios de Inteligencia del Estado y, como no podía
ser de otra manera, sus fuerzas represivas. Entre éstas, la Gendarmería que
desapareció de manera forzada a Santiago
Maldonado.
12)El único poder social capaz se oponerse
realmente se encuentra en la clase trabajadora. Esos cerca de 13 millones de asalariados
y asalariadas, junto a sus familias, son la inmensa mayoría de la nación. Agreguemos,
para los desmemoriados, que son la palanca que hace funcionar el conjunto de la
sociedad y, por ende, tiene la capacidad de paralizarla. Se trata entonces de
construir una fuerza política que exprese ese poder social, hoy enormemente
limitado por el accionar de la dirigencia sindical burocrática.
13)La izquierda trotskista realizó una gran
elección a nivel nacional. En lugares como Jujuy o Mendoza evidenció una fuerte
y permanente presencia en amplias capas de los trabajadores y la juventud. Se trata,
como dijo ayer Christian Castillo, de usar ese capital político conquistado
para avanzar en el camino de construir una organización que verdaderamente
sirva a los explotados para enfrentar y derrotar a la derecha.
14)Volvamos al principio. El impresionismo puede
ser mal consejero. Ver la “ola amarilla” más grande y potente de lo que es,
puede despertar un escepticismo innecesariamente infundado. En el mundo
académico de las ciencias sociales las “novedades” que se sostienen suelen
pegar duro. No está de más recordar que allí se repitió por años la absurda
idea del “fin del proletariado” y “el triunfo completo del capitalismo”. En
esas dos le erraron bastante.
sábado, 16 de septiembre de 2017
"Si lo haces te romperé las piernas" (pequeña historia de la gran huelga minera británica)
Como muchos mineros en huelga, Gilfoyle dependía del apoyo
de su mujer. «Ella estaba en el Grupo de Acción de Mujeres y demás. Fue a
marchas de protesta por toda la zona, y cuando mataron a aquel chaval [el
minero de 33 años de Yorkshire David Jones, que murió en un piquete en circunstancias
sospechosas], fue a Ollerton a su funeral. Tengo una foto de ella de pie junto
a su tumba». Un día él le dijo: «Mañana vuelvo al trabajo, cariño», y ella le
contestó: «Si lo
haces te romperé las piernas».
Citado en Chavs, la demonización de la clase obrera. Owen Jones
jueves, 3 de agosto de 2017
Hay muchas maneras de equivocarse...
Hay muchas maneras de equivocarse. Una es, simplemente, ser
hombre. No hombre en el sentido genérico (cuestionable) de “humanidad”. Sino
hombre en el sentido de “macho”. Se puede decir que no es una “equivocación” en
el sentido estricto del término y no se faltará a la verdad.
Se puede decir que es una determinación social y tampoco se
faltará a la verdad. Pero la verdad es más que pura sociología. Muchas veces.
Otra es simple determinación. La noche que la botella de cerveza se estrelló
contra las vías de ese tren abandonado, no hubo determinación sino decisión.
La noche en que los vidrios estallaron violentamente contra los
pedazos de metal que hacía años no servían más que para acumular herrumbre no
había nada que pudiera justificar ese accionar, salvo el simple hecho (no tan
simple) de ser macho. Simplemente había que demostrar que uno podía hacer que
ese vidrio compacto estallara. Ahí estaba el poder, perdonando y apropiándose
de Foucault.
Esa noche, como ocurre cuando uno es hombre, hubo una
equivocación.
Esta noche, llegando a Mitre y Boulogne Sur Mer, me acordé
de cuando fui un boludo y de cuando fui un imbécil.
martes, 25 de julio de 2017
Carrió, los ataques contra la izquierda y la batalla de PepsiCo (más Apuntes)
A modo de apuntes rápidos, hay
que caer en la cuenta de lo que significó el brutal ataque del régimen contra
la izquierda en los últimos días por la negativa a avalar la truchísima
maniobra de intentar excluir a De Vido de la Cámara de Diputados. Quien
requiera argumentos sobre el tema los puede buscar en La Izquierda Diario.
Los ataques incluyen desde las
notas de Clarín y La Nación (domingo y lunes), pasando por Intratables y pseudo-periodistas
como Levinas y Guillermo Lobo. Hoy fueron los ataques de una Carrió cínica que
se quedó callada una semana cuando se conoció el acuerdo del Correo Argentino.
Si le sumamos las redes sociales, todo es una especie de combo anti-zurdo muy
fuerte.
Me da la impresión de que no se
puede separar este ataque de lo que significó PepsiCo como hecho en la lucha de
clases y en la política nacional. Es decir, como hecho que marcó un relativo
hito en la lucha de clases de los últimos meses (años) y generó una sacudida
política nacional. Ahí se mostró que realmente se puede hacer “resistencia con
aguante” ante el ataque de patronales y gobiernos.
Ese peso de la izquierda en la
escena nacional es un problema no solo en términos electorales.
Aunque también
lo es. Bajar su peso, golpearla, bien puede ser parte de las necesidades del
régimen en su conjunto. Máxime cuando actúa en el marco de un kirchnerismo muy
derechizado (haciendo Unidad Ciudadana) y de la traición de la burocracia
sindical.
Pegar a la izquierda con De Vido puede
no ser sólo parte de una maniobra para cambiar la agenda de la crisis social y económica
en curso a discutir la corrupción kirchnerista. También puede ser parte de una
política destinada a intentar debilitar y hacer retroceder el peso de esa
izquierda, en el marco de una economía en estancamiento, con una situación social
que empeora y con una burocracia sindical atada al poder político por su
pasividad.
La afirmación tiene un grado
no menor de especulación. Pero es una pregunta que uno debería poder hacerse.
domingo, 23 de julio de 2017
El porteño y el cordobés, esa relación imposible que parió a Macri presidente (apuntes de domingo gris)
Cuando éramos chicos, con mis
hermanos habíamos improvisado una modesta cancha de futbol en la puerta de la
casa. Era la casa de mis abuelos para ser precisos. La geografía y la vida nos habían
llevado a vivir justo en la calle paralela a la ruta que va desde Alta Gracia a
Carlos Paz, destino turístico por excelencia.
Ese mismo designio del destino -o
elección de mis abuelos, o decisión del gobierno peronista de construir un
barrio obrero en esa zona- imponía una suerte de maldición cada verano.
Estábamos condenados a tener que
cortar jugadas, partidos, maniobras y demás, por el incesante flujo de turistas
que pasaban buscando “la ruta a Carlos Paz”. Los porteños y porteñas (la
familia porteña podríamos decir con más precisiones) eran de los que más interrumpían.
Los odiábamos. Muchas veces elegimos mandarlos a cualquier lado. Era nuestra
venganza anta tanta interrupción odiosa.
En Córdoba, se odia a los
porteños. El cordobés (los cordobeses y las cordobesas) crecen odiando a los
porteños. En ellos ven al pedante por antonomasia. El porteño es el arquetipo
del cagador. Es casi un enemigo por naturaleza.
Cuando uno es chico no hay explicación.
Solo hay bronca porque sí. Cuando uno crece le encuentra alguna racionalidad a
ese odio. Entre muchas otras cosas, “los porteños se quedan con todo”. “Todo”
son los recursos del país. La pedantería del porteño se complementa con que,
encima, te chorea.
Los chistes en Córdoba se hacen
contra el todo el mundo. Eso es algo difícil de entender para muchos/as que no
pasaron por ahí o pasaron y conocieron poco. Si no hacen un chiste sobre vos es
que no te registran. El chiste o la cargada son la confirmación de que no estás
condenado al ostracismo, de tu existencia.
Los chistes contra los porteños
tienen un sabor especial. Si el humor en general puede ser hiriente, al porteño
hay que hacerlo sangrar, hay que lastimarlo.
El porteño es tonto, no vivo como
el cordobés. Es el que pide que le vuelvan a llenar el marlo de choclo cuando
terminar de comerlo, el que dice “que lindo loignorito” cuando nadie sabe cómo
se llama un ave. La creatividad cordobesa trabaja tiempo completo para hacer
chistes contra los porteños.
Cuando De la Sota, hace un par de
años, habló del “cordobesismo”, no inventó nada. Simplemente utilizó a escala un
sentido común instalado en la conciencia de cientos de miles de personas.
Si ese odio puede resultar
reaccionario, tiene también sus contornos progresivos.
Los cordobeses y las cordobesas hicieron
el Cordobazo. No uno, hicieron dos, uno en 1969 y otro en 1971. Si lo hacemos,
lo hacemos bien.
Parte de esa posibilidad se debió
a esa autonomía política, social y cultural que permite un desarrollo
parcialmente propio. Córdoba fue la urbe que rivalizó con la capital desde el interior.
José Aricó la definiría como una “ciudad de frontera”, que unía lo cosmopolita
de una gran urbe con los rasgos atrasados del interior.
El porteño, hasta donde lo
entiendo, no odia al cordobés. Simplemente lo desprecia. Como desprecia a todo
el interior. Para el porteño es “natural” encontrarse en Rivadavia y Acoyte. En
Córdoba, la calle Acoyte, hasta donde recuerdo, no existe. Mirar “más allá de
la General Paz” es un buen recurso metafórico para decir que el mundo no se
agota en esa ancha avenida que circunda la ciudad.
Como una suerte de paradoja
social, porteños y cordobeses se unieron en 2015 para consagrar a Macri como
presidente de la Nación. La CEOcracia que ajusta, despide e intenta imponer su
agenda neoliberal es hija de una relación imposible.
Cordobeses y porteños, porteñas y
cordobesas, todos encumbrando a un hijo dilecto del gran capital nacional, ese
que vive a costa de los recursos del Estado.
¿Explicación? Muchas. Tomemos
solo dos aspectos. El primero es esa marejada de clase media que habita las dos
ciudades. El “ciudadano”, tan de moda por estos tiempos, es el vocablo que
define a esas amplias capas de la sociedad que prefiere (o eligen definirse
como) no ser pobres ni ricos. Ese estrato medio que vive de su esfuerzo, según
su propia visión. Si hay algo que sobra en Córdoba y la CABA es clase media.
Como escribió hace poco Pablo Semán, Macri es un buen “jefe espiritual” para
esas clases medias.
Pero, ¿Cómo pudo afanar en votos
un porteño en Córdoba? ¿Dónde quedó el odio y el desprecio? La explicación es
política. El kirchnerismo fue, en el poder, una suerte de “porteñismo recargado”
hacia Córdoba. Los aprietes fiscales y las limitaciones en el envío de
recursos, fueron la excusa perfecta para que los gestores del Estado cordobés,
peronistas no K, radicalizarán el sentido común contra el Gobierno nacional. Si
“los porteños se quedan con todo”, en este caso CFK era el emblema, la figura
icónica del porteño.
Con esto no se pretende exculpar
a la casta política cordobesa que, con Angeloz, Mestre (padre e hijo), De la
Sota y Schiaretti ha demostrado gestionar el Estado provincial siempre en
función del gran empresariado.
La ventaja de un blog radica en
la posibilidad de escribir más libremente, sin tanta norma ni precepto. Eso no
elimina el siempre problemático problema de cerrar un artículo, una nota o un
post.
Una amiga muy querida escribe
siempre primero el inicio y el final de cada artículo. Luego rellena. Parece un
buen método para la próxima vez.
lunes, 17 de julio de 2017
Apuntes sobre la batalla de PepsiCo, la lucha de clases y el trotskismo en Argentina
La batalla de PepsiCo abrió, hasta
cierto punto, un escenario novedoso en la política nacional. Mostró la
disposición de una fracción de la clase trabajadora al combate, estrechamente
ligada a la izquierda trotskista. Lo hizo influenciando abiertamente sobre
amplias franjas del progresismo y el kirchnerismo, que tienen la contradicción
de estar representadas por una dirección política pequeño-burguesa que
rehúye el combate de manera constante.
En la reunión del plenario de
solidaridad de PepsiCo, Eduardo Jozami, que fue o es parte del espacio Carta
Abierta, dijo que ahí se forjaba parte de la posibilidad de empezar a desandar
el camino del ajuste que venía impulsando el Gobierno. El legislador presente
de Nuevo Encuentro planteó algo que iba en el mismo sentido. Pareciera como si
PepsiCo pudiera ser una suerte de bisagra para estos sectores.
Esa mirada implica que, hasta cierto
punto, es una fracción de la clase trabajadora y el trotskismo, la que
“encabeza” la resistencia al ajuste macrista. En cierto sentido, muestra la
potencialidad que éste tiene para volverse una corriente de peso en esa
resistencia.
La lucha de clases en los próximos años
es casi una cuestión objetiva. Lo evidencia el mismo programa del macrismo como
expresión concentrada de la política del conjunto del capital, que es avanzar
sobre las condiciones de vida de la clase trabajadora.
Desde el peronismo en adelante, la
izquierda trotskista argentina fue incapaz de hacer una corriente con fuerza
propia, capaz de sostenerse con una posición independiente. Alternó entre ser
una secta con un “programa correcto” (que muchas veces tampoco era tan
correcto) y una corriente que se adaptaba a todas las modas políticas e
ideológicas.
En ese marco, el trotskismo no puedo
emerger en los años 70 como fuerza de peso en la vanguardia porqué le cedió a
las dos oleadas de corrientes con estrategias opuestas por el vértice a los
métodos de organización independiente de la clase trabajadora. Al populismo
guerrillerista, cuyo método era ser de ultraizquierda para imponer una política
de conciliación de clases, y al peronismo de izquierda como corriente política
con influencia de masas que militaba el terreno de la lucha sindical, al tiempo
que imponía un férreo límite en el terreno político, al sostener la
conciliación con las fracciones mercado-internistas del capital y, más
precisamente, tener una política de “presionar” sobre Perón.
El morenismo, la corriente de mayor
peso en ese período, cedió a ambos parcialmente, en condiciones más que
difíciles como para hacer un polo propio. Se puede leer un balance ampliamente
desarrollado en Insurgencia Obrera.
Toda época tiene sus condiciones
profundamente contradictorias. Si los años 70 fueron los años de una
radicalidad enorme desde el punto de vista de las acciones y, en gran parte, de
la conciencia, al mismo tiempo fueron los de una subjetividad moldeada por
poderosos aparatos políticos como el peronismo y el stalinismo.
La nuestra es una época con aparatos
“desgastados” y en gran parte corrompidos. Eso no quiere decir que no pueden
actuar por la coacción y la represión, pero su capacidad de conseguir consenso
y “convencer” es infinitamente menor a la de aquellos años.
Si la burocracia sindical de los años
70 era brutalmente totalitaria, al mismo tiempo estaba apañada en el “espíritu”
de ser parte del movimiento que Perón continuaba reciclando. No ocurre lo mismo
en la actualidad, donde es una casta desprestigiada, completamente ajena y
separada de la única figura de masas con alguna raigambre popular, que es CFK.
Pero si uno mira al kirchnerismo, también
tiene enormes limitaciones. Si la izquierda peronista podía ser un factor de
fuerza capaz de construir un espacio de “contrapoder” al interior de ese
movimiento y proponerse buscar disputar su dirección, eso se debía en
parte las condiciones de radicalidad y en parte a ser los voceros
más combativos del propio Perón, que supo utilizarlos con destreza política.
Nada de eso ocurre con el kirchnerismo
y con Cristina que tiene sus propias limitaciones estructurales como para
imponer su hegemonía. No es la creadora de un nuevo status o ciudadanía para
el movimiento obrero o para sectores populares. Los enormes límites de su
arraigo en sectores de masas tienen que ver con que continuó el trabajo en
negro, precario, impuestos al salario y un largo etcétera. No fue ni por asomo
algo parecido a las conquistas obtenidas por el primer peronismo. Ahí radica el
primer aspecto. No hay nadie que “dé la vida” por Cristina.
En segundo lugar, en términos de
política más coyuntural, la misma Cristina se ofrece de manera permanente como
una figura moderada y moderadora. Lo último fue el pedido de levantar la marcha
por San Cayetano.
La “elección populista” que ahora
critican todos de ir por fuera del peronismo es repetir el 2011 solo hasta
cierto punto. Ese giro implicaba radicalizar el discurso para construir un
movimiento propio, fortaleciendo su propia camarilla, aun a riesgo de
“desafiar” hasta cierto punto al sector más poderoso del capital. El momento
actual es de una subordinación completa al capital hasta en la forma. El “movimiento
ciudadano” busca atenuar cualquier contradicción y antagonismo. Hasta el
mecanismo de la “política agonística” (conflicto sin antagonismo irreductible)
queda fuera de escena.
En ese marco, el trotskismo puede
cobrar una fuerza importante como factor actuante en la escena política
nacional. No hablamos solo en términos de espacios políticos,
sino en términos de lucha de clases.
En términos políticos lo es, pero no al
punto de poder ser un factor actuante más que en determinadas cuestiones. En el
Congreso Nacional el dietazo fue una, sobre la base de un fenómeno profundo con
arraigo de masas, que es el desprestigio de la casta política. Pero aun es,
esencialmente, una organización política de denuncia, todavía débil para
impugnar la política burguesa.
En términos de lucha de clases puede
ser la corriente que empiece a ganar peso sobre la vanguardia obrera y popular
en la medida en que se desarrollen tensiones más abiertas en la lucha de
clases. Que el Gobierno y la patronal avancen dando golpes para cambiar la
relación de fuerzas no quiere decir que esta puede ceder hacia la derecha sin
grandes tensiones y crisis políticas en el medio.
¿Puede ser el trotskismo la corriente que tenga un peso central en la
vanguardia obrera, popular y juvenil de los próximos años? Una pregunta a
hacerse.
viernes, 19 de mayo de 2017
Un libro perdido en el mar de los libros futuros
“Una de las aspiraciones de Macedonio era convertirse en
inédito. Borrar sus huellas, ser leído como se lee a un desconocido, sin previo
aviso. Varias veces insinuó que estaba escribiendo un libro del que nadie iba a
conocer nunca una página. En su testamento decidió que el libro se publicara en
secreto, hacia 1980. Nadie debía saber que ese libro era suyo. En principio
había pensado que se publicara como un libro anónimo. Después pensó que debía
publicarse con el nombre de un escritor conocido. Atribuir su libro a otro: el
plagio al revés. Ser leído como si uno fuera ese escritor. Por fin decidió usar un pseudónimo que nadie pudiera
identificar. El libro debía publicarse en secreto. Le gustaba la idea de
trabajar en un libro pensado para pasar inadvertido. Un libro perdido en el mar
de los libros futuros. La obra maestra voluntariamente desconocida. Cifrada y
escondida en el porvenir, como una adivinanza lanzada a la historia. La verdadera
legibilidad siempre es póstuma”. (Ricardo Piglia, Prisión perpetua).
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